La precisión quirúrgica no es lo fuerte de los manifestantes en Ceuta. El domingo, exactamente a las 20:15 horas, un grupo de vecinos decidió que la mejor forma de protestar contra la llegada de la ONG pamplonesa Negu Gorriak/Derecho a Techo era jugar al 'tiro al blanco' con un coche.
El problema es que, en su afán por combatir el radicalismo, terminaron haciendo un desastre con el vehículo de Julia Ferreras, diputada de Ceuta Ya!, el activista Rafael Borrego y la abogada Sofía Cánovas.
Imaginen la escena: huevos, patadas y pedradas que convierten un parabrisas en un puzzle de cristal, todo porque confundieron el coche con el de unos activistas navarros que venían a 'poner el cuerpo como escudo'.
Es la ironía máxima: linchar a alguien para defender la convivencia. Julia Ferreras, en una charla con la Cadena SER, confesó que llegó a temer por su vida mientras veía cómo sus propios vecinos —en una ciudad donde todo el mundo sabe quién es quién— intentaban sacarlos del coche a la fuerza.
El despliegue de violencia fue tal que la Policía Nacional tuvo que intervenir para evitar que la 'confusión' terminara en tragedia, con un agente metiéndose al volante para rescatar a los ocupantes. Mientras algunos gritaban que 'aquí no queremos radicales', el resultado fue un coche destrozado y un patrón de agresividad que, según Ferreras, es fruto de un discurso instrumentalizado por la derecha durante más de 50 días.
Al final, el mensaje es claro: en la calle, el odio no pide el DNI antes de lanzar la piedra. Es como intentar apagar un fuego echándole gasolina y luego sorprenderse de que la casa se queme.
Crítica:
La noticia es un relato lineal que deja demasiada libertad a las declaraciones sentimentales sin contrastar el origen real de la movilización vecinal. El título original es demasiado descriptivo y carece de la tensión dramática que el hecho amerita.
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