Crítica:
El texto original es una mina de oro de hipocresía, aunque se pierde en tecnicismos fiscales que podrían aburrir al lector. El contraste entre el sueldo de la ministra y el coste real de su vivienda es el único dato que importa.
El texto original es una mina de oro de hipocresía, aunque se pierde en tecnicismos fiscales que podrían aburrir al lector. El contraste entre el sueldo de la ministra y el coste real de su vivienda es el único dato que importa.
Hay una ironía perversa en el calendario administrativo del Estado. Mientras el ciudadano medio se juega la vida cada vez que el cielo se pone gris, el Gobierno ha decidido que la cartografía del riesgo en el barranco del Poyo puede esperar a una 'segunda fase'. Es como si, después de que se te inunde la cocina y se lleven el frigorífico, el seguro te dijera que la revisión de las tuberías está pendiente de un trámite técnico que 'podría' estar listo este año. La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), bajo el ala de la ministra Sara Aagesen, ha jugado al juego de las prioridades invertidas. En diciembre de 2025, admitieron que 15 subtramos ARPSI estaban en el limbo porque la DANA del 29 de octubre de 2024 había redibujado el terreno. Lógico, ¿no? El agua borró el mapa, así que hay que hacer uno nuevo. Pero aquí viene el sarcasmo: dividieron el trabajo. Primero actualizaron las zonas donde no pasó gran cosa y dejaron para el final, para la mítica 'segunda fase', las cuencas del Poyo y del Magro, precisamente donde el agua fue más cruel. El resultado es un absurdo burocrático. El 16 de septiembre, mientras los técnicos seguían peleándose con los vuelos LiDAR y los hidrogramas, la Generalitat tuvo que lanzar un ES-Alert para que la gente subiera a los pisos superiores y no acabara flotando en el barranco Poyo-Saleta. Lluvias de 85 litros en l'Eliana, 76,2 en Torrent y 73,6 en Chiva fueron el recordatorio húmedo de que la naturaleza no entiende de fases administrativas ni de plazos de 2026. El riesgo es real, el agua no lee los boletines oficiales y el mapa sigue siendo un dibujo incompleto mientras el ciudadano sigue siendo el único escudo contra la inundación.
Hay quienes se jubilan plantando tomates y otros que convierten la agenda de contactos en una mina de oro. José Bono, el eterno camaleón de la política española, ha perfeccionado el arte de la 'consultoría', que en el idioma de la calle se traduce como cobrar por abrir puertas que otros no saben dónde están. A través de Joasa 2012, Bono ha movido 6,53 millones de euros entre 2015 y 2025. No es que haya montado una multinacional; la empresa tiene una plantilla de apenas 2,09 trabajadores. Básicamente, es él mismo con una calculadora y un teléfono muy caro. Lo fascinante es el ritmo de sus convicciones. En 2022, mientras el ciudadano medio veía cómo la inflación le daba un sablazo en la factura de la luz, los ingresos de Joasa se dispararon a 1,51 millones de euros. Curiosamente, ese pico coincidió con un giro acrobático en su discurso sobre Marruecos: pasó de denunciar la 'dictadura' a llamarla 'socio estratégico'. El amor al reino alauí tiene premio: cinco inmuebles en Tánger comprados por 259.900 euros entre 2023 y 2024, justo al lado del lujo de Mohamed VI. Una 'oportunidad hotelera', dicen. Claro, porque no hay nada más oportuno que comprar casas donde el viento sopla a favor del poder. Pero el negocio no termina en África. Bono ha servido de puente para constructoras y empresas de defensa que querían susurrarle al oído al Gobierno de Pedro Sánchez. En 2024, la facturación volvió a subir hasta los 810.400 euros, y en 2025 se mantuvo en 727.000 euros. Incluso hay espacio para la familia: su hijo, José Bono Rodríguez, se lleva 12.000 euros por 'dirección y gerencia'. Todo muy profesional, todo muy limpio, mientras su nombre aparecía en la agenda de Koldo García gestionando 'clientes' con intereses en República Dominicana. Así es la ingeniería financiera del poder: transformar el cargo público en una renta vitalicia.
Mientras el ciudadano medio hace malabares para que el recibo de la luz no le deje en números rojos, el Gobierno ha decidido que lo más urgente para la seguridad nacional es comprarse un 'ojo mágico' digital. Bajo la excusa de combatir la desinformación tras el caos de Ceuta del 30 de julio, el Ministerio de Defensa ha desembolsado 85.570,25 euros en INTELION, un software que no se limita a leer noticias, sino que analiza el 'sentimiento' de la opinión pública. Básicamente, han pagado por un termómetro emocional que les dice quién les quiere y quién les está haciendo la vida imposible en Twitter o la radio. La narrativa es sencilla: estamos en una 'guerra cognitiva'. Así lo vendió José Manuel Albares el 28 de agosto en el Congreso, señalando con el dedo a las 'terminales mediáticas' y soltando el dato de que Elon Musk alcanzó 724 millones de visualizaciones en once días. Claro, frente a un titán así, la solución de Pedro Sánchez y Margarita Robles es armar a Defensa con algoritmos. Pero no se quedaron solo en INTELION; para que el despliegue sea completo, también se han gastado 250.000 euros en STORYZY, una plataforma francesa que hace lo mismo: diseccionar el relato ajeno para imponer el propio. Lo fascinante es la gimnasia mental: llaman 'protección de la democracia' a una herramienta capaz de monitorizar 24 horas al día quién dice qué, dónde lo dice y qué impacto tiene. Es como instalar cámaras en el salón de casa para asegurarse de que nadie está hablando mal del anfitrión. Entre el software francés y el nuevo sistema de análisis cognitivo, el Estado se ha montado un centro de escucha que convierte la prensa y las redes en un tablero de ajedrez donde el Gobierno quiere mover todas las piezas, mientras nosotros seguimos intentando entender por qué la factura del gas sube aunque no encendamos la calefacción.
Hay una lógica perversa en la administración pública: cuando el problema es demasiado grande para resolverlo, lo convierten en un mercadillo. Baleares ha decidido que la mejor forma de limpiar sus puertos del colapso migratorio es jugar al 'al mejor postor'. PortsIB, la entidad que gestiona los muelles bajo el ala de la Conselleria del Mar y del Ciclo del Agua, ha puesto en marcha un plan para subastar los cayucos y motores que las mafias dejan tirados como quien olvida un paraguas en el autobús. El inventario es modesty: 26 pateras y 12 motores que ahora mismo ocupan un espacio que, en términos náuticos, vale oro. Mientras el Gobierno de Sánchez mantiene un silencio que Prohens ha calificado de «desesperante», la administración autonómica ha optado por la ingeniería administrativa. Para que el martillo de la subasta caiga, primero deben hacer el truco de magia legal de la 'declaración de abandono', ya que estas barcas no tienen matrícula ni dueño que quiera dar la cara. Es el equivalente a encontrar una bicicleta vieja en el portal y decidir que, tras un par de papeles, se puede vender en Wallapop para pagar la luz. El plan es sencillo: lo que sirva para navegar sin hundirse se vende; lo que sea un peligro público, se chatarra. Mientras tanto, el lote prioritario ha sido trasladado a Son Tous, como quien manda los trastos viejos al trastero antes de la mudanza. Al final, la ruta argelina no solo deja dramas humanos, sino un excedente de material flotante que la administración quiere monetizar para liberar espacio. Una solución brillante: combatir la crisis migratoria transformando los restos del naufragio en una fuente de ingresos para el erario público.
Mientras el ciudadano medio hace malabares para que el alquiler no se coma la mitad de su sueldo, el Estado marroquí despliega una logística de precisión quirúrgica para que su fe no pierda terreno en suelo español. La Fundación Hassan II para los Marroquíes Residentes en el Extranjero, presidida por la princesa Lalla Meryem, ha decidido que 38 imanes en 2025 eran pocos para el menú del Ramadán. Para 2026, han subido la apuesta un 34%, aterrizando a 51 religiosos en España. Es una operación de 'marketing espiritual' donde Rabat no escatima: de una delegación global de 320 personas, nosotros somos el segundo destino favorito, solo superados por Francia. Lo fascinante es la arquitectura del tinglado. Hablamos de una institución pública cuyos presupuestos son un secreto a voces, esquivando el control parlamentario como quien esquiva un radar en la autopista. No es solo 'acompañamiento espiritual'; es diplomacia religiosa pura y dura. El objetivo es claro: que los jóvenes nacidos aquí, que ya tienen el DNI español, no olviden que el cordón umbilical religioso sigue anclado en el Reino de Mohamed VI. Para ello, cuentan con el Instituto Mohammed VI, una auténtica fábrica de imanes y predicadoras diseñada para exportar el modelo oficial. Pero el tablero se calienta. Mientras la Comisión Islámica tramitaba 230 invitaciones en 2025 —donde el Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos puso 55 y la Fundación Hassan II otras 46—, en Aragón han decidido cerrar el grifo. La consejería de Educación ha fulminado el Programa de Enseñanza de la Lengua Árabe y Cultura Marroquí (PLACM), ese convenio que desde 1992 permite que funcionarios seleccionados por Rabat den clase en institutos españoles. Vox ha movido la ficha y el Gobierno regional ha respondido que el 'sentido común' dicta priorizar la cultura occidental, poniendo fin a una relación donde el profesorado venía con sello de calidad marroquí.
Hay una coreografía muy curiosa en el Puerto de Ceuta que merece un Oscar al mejor guion surrealista. El domingo 20 de septiembre de 2026, la Policía Nacional, bajo el mando del Ministerio de Fernando Grande-Marlaska, decidió que la mejor forma de gestionar la paz era a base de golpes y pelotas de goma. ¿El objetivo? Abrirle paso, con la delicadeza de un servicio de escolta VIP y nueve furgonetas de apoyo, a los miembros de la ONG Negu Gorriak. Sí, esos 'filantropos' proetarras que aterrizaron sobre las 20:00 horas para apoyar a los invasores. Mientras los locales, que se habían plantado allí bajo el lema «basta ya contra los radicales», recibían el tratamiento de choque, la Guardia Civil se encargaba de que los invitados de honor salieran por una puerta trasera, evitando así el contacto con la realidad. La confusión fue tal que el hambre de justicia terminó en un error de puntería: un Mercedes gris acabó siendo el blanco de los manifestantes. El detalle irónico es que el coche no llevaba a ningún radical, sino a Julia Ferreras, diputada de Ceuta Ya!, quien ya ha pasado por comisaría a poner la denuncia correspondiente, según confirmó Mohamed Mustafa. La escena terminó como suelen terminar estas gestiones: con disparos al aire de los antidisturbios y ciudadanos gritando «¡Id al Trampolín!» a los agentes. Entre cánticos de «¿dónde están los etarras?» y el sentimiento de ser tratados como ciudadanos de segunda clase —autodenominándose «caballas» para subrayar la paradoja—, la jornada dejó claro que, para el Ministerio, hay quienes merecen el alfombrado rojo y quienes merecen la pelota de goma. Una gestión del orden público que, en lugar de apagar el fuego, ha echado gasolina al motor del resentimiento local.
Hay una gimnasia mental en Ferraz que ya quisiera para sí cualquier atleta olímpico. El PSOE, que ahora se pone la medalla de defensor del sufragio universal porque el Tribunal Supremo ha frenado los efectos electorales de la Ley de Nietos, parece haber olvidado que tiene un agujero de memoria del tamaño del País Vasco. Resulta que, mientras Montse Mínguez se llena la boca diciendo que 'el voto es sagrado', el partido de Pedro Sánchez ya tuvo la oportunidad de hacer ese voto sagrado para quienes realmente lo necesitaban y decidió que no era el momento. Retrocedamos a 2021. Ciudadanos, bajo el mando de Inés Arrimadas, llevó al Congreso una propuesta de ley sobre «Memoria, Dignidad y Reparación de todas las Víctimas del Terrorismo». No pedían la luna, sino algo tan básico como que los exiliados por la amenaza de ETA pudieran recuperar su derecho a voto y su nacionalidad, sin el baile burocrático del empadronamiento. Querían que quien huyó para no acabar en una fosa pudiera votar en su municipio como si el terror nunca hubiera pasado por allí. ¿La respuesta del PSOE? Pulsar el botón del rechazo con la misma naturalidad con la que uno tacha un producto caro de la lista de la compra. No estuvieron solos en el banquete del 'no'; Podemos, ERC, PNV, Bildu y Más País se sumaron a la fiesta del desprecio. Ahora, el Supremo advierte de un «peligro serio, fundado y real» sobre la objetividad de las próximas elecciones debido a la Ley de Nietos, y el PSOE se indigna. Es la clásica maniobra de quien critica que cierren el grifo hoy, habiendo sido ellos quienes cortaron la tubería hace tres años. Defender el voto solo cuando conviene al calendario electoral no es democracia, es marketing político de saldo.
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