Hay quienes se jubilan plantando tomates y otros que convierten la agenda de contactos en una mina de oro. José Bono, el eterno camaleón de la política española, ha perfeccionado el arte de la 'consultoría', que en el idioma de la calle se traduce como cobrar por abrir puertas que otros no saben dónde están.
A través de Joasa 2012, Bono ha movido 6,53 millones de euros entre 2015 y 2025. No es que haya montado una multinacional; la empresa tiene una plantilla de apenas 2,09 trabajadores. Básicamente, es él mismo con una calculadora y un teléfono muy caro.
Lo fascinante es el ritmo de sus convicciones.
En 2022, mientras el ciudadano medio veía cómo la inflación le daba un sablazo en la factura de la luz, los ingresos de Joasa se dispararon a 1,51 millones de euros. Curiosamente, ese pico coincidió con un giro acrobático en su discurso sobre Marruecos: pasó de denunciar la 'dictadura' a llamarla 'socio estratégico'.
El amor al reino alauí tiene premio: cinco inmuebles en Tánger comprados por 259.900 euros entre 2023 y 2024, justo al lado del lujo de Mohamed VI. Una 'oportunidad hotelera', dicen. Claro, porque no hay nada más oportuno que comprar casas donde el viento sopla a favor del poder.
Pero el negocio no termina en África.
Bono ha servido de puente para constructoras y empresas de defensa que querían susurrarle al oído al Gobierno de Pedro Sánchez. En 2024, la facturación volvió a subir hasta los 810.400 euros, y en 2025 se mantuvo en 727.000 euros. Incluso hay espacio para la familia: su hijo, José Bono Rodríguez, se lleva 12.000 euros por 'dirección y gerencia'.
Todo muy profesional, todo muy limpio, mientras su nombre aparecía en la agenda de Koldo García gestionando 'clientes' con intereses en República Dominicana. Así es la ingeniería financiera del poder: transformar el cargo público en una renta vitalicia.
Crítica:
El texto original es una mina de datos, pero le falta valentía para conectar los puntos del cambio de discurso político con la compra de inmuebles. Es un ejercicio de 'contar sin decir', dejando que el lector haga la suma que el periodista no se atreve a escribir.
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