El Gobierno nacionaliza a mexicanos con padres nacidos en México antes de 1920

Pasaportes gratis: el coladero de la Ley Nietos

politica Una ilustración satírica estilo caricatura editorial de prensa. Se ve un sello oficial de pasaportes español que tiene un agujero enorme en el centro por donde caen miles de papeles. Al lado, una maleta antigua de cuero abierta que contiene un calendario donde las fechas de 1936 y 1890 están mezcladas confusamente. Colores sobrios con un toque de rojo y amarillo, fondo de oficina burocrática polvorienta.

Parece que en el Ministerio de Justicia han confundido la Ley de Memoria Democrática con un buffet libre de pasaportes europeos. La jugada es maestra: mientras el ciudadano medio pelea con la administración por una ayuda al alquiler, Sofía Puente —hermana del ministro Óscar Puente— diseñó una instrucción que convirtió la ley en un coladero.

La idea era sencilla: relajar los requisitos de exilio político para que entrar en el censo electoral fuera más fácil que pedir una pizza. Los datos son para flipar. El Gobierno admite ante el Tribunal Supremo que ya han soltado más de 163.000 nacionalidades bajo esta directriz, en medio de un tsunami de 2,4 millones de solicitudes.

Pero ojo, que en México la cosa es deporte nacional: fuentes consulares aseguran que más del 90% de los casos allí pasaron por este 'atajo' de Sofía Puente, saltándose la obligación de demostrar que el antepasado huyó por razones políticas. El caso de Juan G. es la joya de la corona de la hipocresía administrativa.

Un señor de 82 años, nacido el 7 de octubre de 1944 en el DF, que consiguió el pasaporte europeo el 9 de junio de 2023 (justo antes del 23-J) sin presentar ni una fe de bautismo. Sus padres nacieron en México en 1913 y 1918. Para que nos entendamos: sus progenitores eran mexicanos de pura cepa décadas antes de que Franco siquiera supiera lo que era un golpe de Estado.

El abuelo, que supuestamente era español y emigró a finales del siglo XIX, no pudo ser exiliado político de la Guerra Civil porque, técnicamente, la guerra ocurrió medio siglo después de su marcha. Lo más cínico es que Juan no era un cualquiera, sino un 'alto cargo' amigo del cónsul.

Ahora, con el Tribunal Supremo frenando el chiringuito, el Gobierno intenta que Ángel Gabilondo salve los muebles vía Tribunal Constitucional. Una ingeniería financiera de votos donde el precio es la legalidad.

Crítica:

El texto original es una bomba de tiempo jurídica, pero peca de ser demasiado descriptivo en lo legal y poco agresivo con el conflicto de intereses familiar. La noticia es sólida, aunque el enfoque en un solo caso (Juan G.) podría parecer anecdótico si no se subrayara la cifra del 90% en México.

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