Los separatistas de Més exigen que el Ayuntamiento de Palma les ponga piso a los okupas antes de echarlos a la calle

Més pide pisos gratis para okupas

politica Una ilustración satírica de estilo editorial. Un político con traje elegante sosteniendo un cartel que dice 'Vivienda para todos' mientras está parado sobre un montón de planos arquitectónicos vacíos y en blanco. Al fondo, una llave gigante y oxidada que no abre ninguna puerta, con el skyline de Palma de Mallorca simplificado y colores contrastados.

Hay una magia muy particular en la política: la capacidad de olvidar lo que hiciste ayer para exigir hoy que otros paguen la fiesta. Los independentistas de Més, ahora cómodamente instalados en la oposición, han decidido que el Ayuntamiento de Palma, bajo el mando de Jaime Martínez, debe jugar al Monopoly con dinero real.

Su última ocurrencia es exigir que el consistorio les encuentre un piso a los okupas antes de que el juez les dé la patada. Una generosidad conmovedora, especialmente si recordamos que durante la legislatura pasada, cuando Neus Truyol llevaba la concejalía de Urbanismo y Vivienda, el balance de construcción de pisos sociales fue un redondo y brillante cero.

Nada. Ni un ladrillo. Es el clásico movimiento de quien pide que no se cierre el grifo mientras él mismo se encargó de que no hubiera tuberías. Mientras el ciudadano medio ve cómo el alquiler en Palma se convierte en un deporte de riesgo para la cuenta corriente, Més propone un modelo donde no se cuestione si alguien 'merece' la ayuda.

Básicamente, quieren que el derecho a ocupar sea el derecho a mudarse a un piso público pagado por todos. El contraste es delicioso: en 2023 hubo casi mil desalojos mientras ellos gobernaban y el silencio fue sepulcral; ahora que el Ayuntamiento quiere derribar los edificios ruinosos junto a la antigua prisión, la vulnerabilidad se ha vuelto una bandera sagrada. La moción, que se debatirá el próximo 29 de octubre, es un ejercicio de gimnasia mental.

Piden incrementar 'masivamente' el parque público, ignorando que ellos tuvieron la llave del presupuesto y prefirieron el modo ahorro. Quieren proteger al okupa frente a la especulación, pero olvidan que el propietario del piso, ese que paga el IBI y ve cómo su casa se convierte en un hotel gratuito, también es parte del paisaje urbano.

Una gestión basada en la utopía para los demás y el olvido para los propios.

Crítica:

El texto original es un panfleto de indignación que omite cualquier argumento técnico de Més. Se limita a señalar la contradicción temporal sin profundizar en la normativa legal de los desahucios.

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