Crítica:
La noticia es un catálogo de quejas sindicales sin una sola respuesta oficial del Ministerio que justifique la 'necesidad operativa'. Es un relato de víctimas y verdugos donde el silencio institucional es la única respuesta clara.
La noticia es un catálogo de quejas sindicales sin una sola respuesta oficial del Ministerio que justifique la 'necesidad operativa'. Es un relato de víctimas y verdugos donde el silencio institucional es la única respuesta clara.
La FIFA tiene la agilidad de un atleta olímpico cuando conviene y la lentitud de un trámite burocrático en lunes cuando el asunto huele mal. Mientras el Mundial en Estados Unidos, México y Canadá se convierte en un festival de decisiones arbitrales creativas —como ese pase de Argentina frente a Egipto donde el VAR decidió hacer un retiro anticipado—, en Bruselas empiezan a soplar vientos incómodos. El Parlamento Europeo ha decidido que ya basta de mirar para otro lado y pide cuentas sobre el caso Balogun. Resulta que el futbolista norteamericano fue expulsado, pero la sanción se esfumó más rápido que el sueldo el día uno después de que Donald Trump le susurrara al oído a Gianni Infantino. La UEFA, por supuesto, el 6 de julio se alineó con el guion y aplaudió la jugada. Pero aquí llega la parte donde la hipocresía se vuelve deporte de élite. Cuando se trata de limpiar la imagen, la FIFA es un rayo: fulminaron a Blatter y Platini en 2015 y borraron a Rubiales del mapa por el caso Jenni Hermoso sin esperar al juez. Sin embargo, ante el caso Negreira, el organismo se ha quedado en modo avión. A pesar de que la Agencia Tributaria ha certificado un agujero contable de 8,4 millones de euros y que el propio Infantino lo llamó 'uno de los mayores escándalos del fútbol mundial', la acción disciplinaria es inexistente. Florentino Pérez ya ha enviado un informe de 500 páginas a la UEFA, básicamente un recordatorio de que la ley no debería ser un buffet libre. Entre el Convenio Macolin, firmado el 18 de septiembre de 2014 para evitar que el deporte sea una puesta en escena, y la Confad española, que parece haber olvidado informar sobre Negreira, el fútbol internacional opera con una doble vara. El informe 'Pelícano 2.0' lo deja claro: la limpieza en la FIFA depende de quién firme la carta o de cuántos millones se hayan movido bajo la mesa.
Imaginen que organizan una cena privada en casa y, para que el vecino cotilla no escuche los secretos de familia, deciden apagar el Wi-Fi y cerrar las persianas con candado. Pues eso, pero a escala geopolítica y con el presupuesto de un país pequeño. Durante la cumbre de la OTAN en Madrid, los días 29 y 30 de junio de 2022, la Moncloa decidió que el aire de IFEMA estaba demasiado 'contaminado' de tecnología china. La orden fue clara: apagar las antenas de Huawei. No fue un apagón general, sino un sablazo quirúrgico a la marca de Shenzhen para que los jefes de Estado pudieran hablar de secretos militares sin que Pekín anotara los apuntes en una libreta invisible. Mientras nosotros peleamos con el operador para que el 5G llegue al salón, Telefónica, Orange y Vodafone tuvieron que jugar al juego del escondite tecnológico. La OTAN, que no se fía ni de su sombra, desplegó su propio sistema de conectividad cifrado y satelital, dejando la red comercial en el cajón. Todo esto mientras el Ejecutivo español evaluaba, siguiendo el manual de la Comisión Europea, meter a Huawei en la lista de 'proveedores de alto riesgo'. Es la clásica danza de la hipocresía: usamos sus equipos para que el móvil no se corte en el ascensor, pero cuando llegan los americanos y llaman a China 'desafío sistémico', la tecnología asiática pasa de ser un avance prodigioso a ser un micrófono oculto en el jarrón. El veto, que empezó con Donald Trump y Joe Biden mantuvo, terminó por aterrizar en Madrid con la sutileza de un mazo, dejando claro que en la alta política, la seguridad no se negocia, se apaga con un interruptor.
Hacer caridad con el dinero ajeno es un deporte nacional en Madrid. Mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz o estira el presupuesto para que el jamón llegue a fin de mes, el Estado español ha decidido jugar a ser el 'hermano mayor' generoso con el régimen de Miguel Díaz-Canel. Hablamos de una ingeniería financiera digna de un casino: desde 2016, España ha soltado un soporte económico que ronda los 4.994 millones de euros. Para que nos entendamos, no es que Cuba haya pagado con descuento, es que le hemos hecho una limpieza de deuda que dejaría envidioso a cualquier startup en quiebra. La jugada es maestra. Si La Habana hubiera pagado como Dios manda, en 2026 nos debería 5.280 millones de euros. Pero claro, entre quitas y perdones fiscales, la deuda real se ha reducido a unos ridículos 286 millones. Un sablazo invisible de casi 5.000 millones de euros que oxigena a una dictadura que presume de 20.000 presos políticos y 141.000 muertes estatales. En 2016 ya empezamos fuerte condonando 1.492 millones, y el ritmo no ha bajado: Carlos Cuerpo, en julio de 2025, perdonó otros 375 millones, y el Consejo de Ministros añadió una quita de 291 millones del FIEM en octubre. Lo más surrealista es el contraste. Mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores, con José Manuel Albares al mando, justifica el envío de 2 millones de euros en alimentos en 2026 con un derrotista «¿Qué más podemos hacer?», el régimen le cierra el grifo a 150 empresas españolas, dejándolas con un agujero de 318 millones de euros en dividendos impagados. Y para rematar la función, Pedro Sánchez exportó 51.000 euros en munición policial entre 2019 y 2020, sumando 2,3 millones para la 'transformación digital' y 18 millones vía FIIAPP para energía. Incluso la Generalitat de Cataluña se sumó al festín en mayo de 2026 con 440.000 euros. Básicamente, estamos pagando la fiesta de quien nos cierra la puerta en la cara.
En el Congreso de los Diputados, las reglas del juego se cambian con la misma agilidad con la que uno cambia la contraseña del Wi-Fi cuando llega una visita molesta. El PSOE ha decidido que la Comisión de Reglamento debe aprobar este viernes una reforma impulsada por ERC, Junts y el Grupo Mixto. ¿El objetivo? Bajar el listón para formar grupo parlamentario. Es el clásico 'estirón de brazo' político: mientras el ciudadano medio pelea con la administración por un subsidio que tarda meses, aquí la vía de urgencia ha hecho que en menos de un mes la norma esté lista para el pleno del 14 o el 23 de julio. La ingeniería es fina. Quieren retocar el artículo 23 para que baste con 15 diputados o un 3% de los votos nacionales para tener grupo. Básicamente, están bajando el precio de la entrada al club VIP para que los nacionalistas no se queden fuera en la próxima legislatura si las urnas les pasan factura. Es como si el dueño de una discoteca bajara la exigencia del código vestimentario justo cuando sabe que sus clientes habituales ya no tienen dinero para la entrada. El PP, con José Antonio Bermúdez de Castro a la cabeza, ha gritado que esto es un 'chantaje' y una reforma de conveniencia. Y tienen razón en que huele a negocio. El Gobierno intenta comprar la voluntad de Junts para que firmen los Presupuestos, pero en el bando de Puigdemont no son tontos. Saben que aceptar el regalito es gratis, pero que abrazar al PSOE es, cito textualmente, 'un suicidio'. Al final, el PSOE ha movido ficha el 15 de junio rechazando enmiendas y acelerando plazos, pero se ha encontrado con que el cliente no quiere comprar el producto aunque el descuento sea agresivo.
Mientras en España seguimos discutiendo si el presupuesto para el transporte público alcanza para llegar al estadio, en Rabat han montado una maquinaria de relojería que deja a nuestra Federación como un equipo de barrio jugando en césped artificial. El rey Mohamed VI no ha ido a pedir permiso, ha ido a comprar la partida. Con una estrategia que haría palidecer a cualquier lobo de Wall Street, Marruecos ha tejido una red de influencias donde el balón es lo de menos y el tablero de ajedrez lo es todo. La operación tiene nombre y apellidos: Youssef Amrani, el embajador en EEUU, y Fouzi Lekjaa, el cerebro que se mueve en los pasillos de la FIFA con la soltura de quien es dueño del edificio. Mientras nosotros confiamos en la 'diplomacia del buen rollo', Lekjaa ha blindado los siete votos de la CAF y ha puesto el ojo en la AFC, moviendo los hilos con el jeque Hamad Al Thani de Catar y Yasser Al Misehal de Arabia Saudí. Es un juego de espejos donde el príncipe Mohamed bin Salman y la Administración de Donald Trump actúan como los grandes padrinos, asegurando que la Concacaf —con su sede en Miami— se incline hacia el lado marroquí. ¿El precio de la traición? El pragmatismo más crudo. Gianni Infantino, el jefe de la FIFA, no es tonto: que le prometan 150 millones extra de recaudación gracias al estadio de Casablanca es como si te ofrecieran un bono de descuento en la compra del mes mientras tú solo hablas de 'tradición deportiva'. Con 20 votos prácticamente atados y la sospecha de que algunos países de la Conmebol podrían vendernos por debajo de la mesa, el Santiago Bernabéu y el Camp Nou empiezan a parecerse a un sueño lejano. España esperaba el apoyo de la UEFA, pero en el mercado de influencias actual, la lealtad tiene la caducidad de un yogur barato.
En el tablero judicial madrileño, el juez Juan Carlos Peinado ha intentado jugar una partida de ajedrez con piezas que no encajan. La Fiscalía acaba de soltarle un jarro de agua fría al magistrado, calificando sus sospechas de 'carentes de lógica y racionalidad'. El nudo del asunto es casi cómico: Peinado decidió quitarle el pasaporte a Begoña Gómez y a su asesora, Cristina Álvarez, basándose en un riesgo de fuga que parece sacado de una película de espías de serie B. Lo más surrealista es la teoría del juez sobre la policía. Sugerir que las fuerzas de seguridad podrían ayudar a una fuga es, según el Ministerio Público, lanzar una 'sombra de sospecha infundada' sobre las instituciones. Es como si el juez creyera que la Policía Nacional tiene un plan secreto de extracción para la mujer del presidente. Mientras tanto, la Fiscalía pide la absolución total de Gómez, Álvarez y el empresario Juan Carlos Barrabés. ¿El motivo? No hay delito. No hay rastro de dinero. De hecho, el fiscal recuerda que Gómez estuvo en la Universidad Complutense codirigiendo una cátedra por la que percibió exactamente 0 euros. Cero. Nada. Ni un café pagado. La Fiscalía desmonta el drama del pasaporte subrayando el arraigo nacional de las implicadas y se ríe, con elegancia procesal, de los bulos sobre una nacionalidad de República Dominicana que algunos medios propagaron como si fuera el Santo Grial. Pedir que Gómez se presente cada 15 días en el juzgado es, para el fiscal, un trámite absurdo cuando las pesquisas patrimoniales no han encontrado ni un céntimo sospechoso. Al final, el castillo de naipes de Peinado se tambalea ante la realidad de que no hubo retribución, ni presiones, ni agujeros contables en la UCM.
Vender la 'joya de la corona' de Hacienda no es como vender un piso en el barrio de Usera; aquí hablamos de María de Molina, 50, un trozo de la milla de oro de Madrid que cualquier empresario miraría con los ojos que pone un niño al ver el escaparate de chuches. El 29 de septiembre de 2023, la subasta se convirtió en un auténtico carnaval de hipocresía administrativa. Seis empresas se peleaban por el inmueble, pero el aire olía a chamusco desde el principio. El pliego era claro: el pago total debía completarse en diez años. Yolanda Contreras Hernanz, la presidenta de la mesa, hasta se tomó la molestia de explicar que el esquema era '1+9'. Un 25% al principio y el resto en nueve años. Matemáticas de primaria, ¿verdad? Pues apareció Barnaby Investments SL (Grupo Lar) con una oferta de 204,7 millones de euros, pero con un detalle: querían pagar en 11 años. Un año más de vacaciones financieras que, en cualquier oficina normal, supondría el descarte inmediato. Sin embargo, en el mundo de los elegidos, las reglas son elásticas. Mientras los otros licitadores, como el Grupo Whiteni, gritaban que eso era un amaño, la secretaria de la mesa se puso nerviosa y decidió que el error estaba 'subsanado' mediante una interpretación verbal que, curiosamente, no quedó escrita en el acta. Magia pura. Pero el plato fuerte es el aroma a nepotismo. Según testigos, para llevarse este caramelo de 37.106,70 metros cuadrados de oficina y 370 plazas de garaje, se ventiló la petición de una comisión del 3% para un supuesto 'primo' de la ministra María Jesús Montero. Al final, la decisión recayó en la propia Montero, quien firmó el visto bueno a una operación donde el rigor contable fue sustituido por la ingeniería del amiguismo.
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