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Hay milagros que no ocurren en la catedral, sino en los tribunales de las oposiciones. El caso es fascinante por su sencillez: Inmaculada Fernández-Figueroa, sobrina del secretario general de la Diputación de Sevilla, Fernando Fernández-Figueroa, ha pasado de ser una aspirante invisible en Morón de la Frontera a convertirse en la estrella brillante de la Diputación. En Morón, la historia fue la de cualquier mortal que se queda a medio gas; un 5,63 en el test (donde dejó 25 preguntas en blanco, básicamente el cuarto de examen ignorando la existencia del papel) y un 7 en el práctico. Pero llegó el examen final, la prueba oral, y Inmaculada decidió que no comparecer era la mejor estrategia. Resultado: un cero rotundo y una media de 4,21. Patético, casi humano. Pero el guion cambia cuando el escenario es la Diputación de Sevilla. De repente, la memoria falla menos y la elocuencia florece. Inmaculada se marca un 9,08 en la prueba oral, la nota más alta de todo el proceso para Técnico de Administración General (TAG). Es un salto cualitativo que haría palidecer a cualquier atleta olímpico. Pasar de no presentarse a un examen a ser la mejor de la clase en la casa donde tu tío es el jefe se siente como comprar un billete de lotería y que te toque el premio gordo sin haber llenado el boleto. Claro, los papeles están en regla y no hay irregularidades acreditadas. Todo es legal, según el manual. Pero en la calle, donde las cosas se cuentan sin adornos, este 9,08 huele a una ingeniería de parentescos tan fina que parece soplada por el viento de la Diputación. Un ascenso meteórico que deja el mérito como un concepto muy elástico.
Hay silencios que gritan más que un megáfono en plena calle Mayor. Lluís Apesteguia, el timonel de Més per Mallorca, ha ejecutado una maniobra de esquiva digna de un piloto de Fórmula 1. Tres veces. Tres oportunidades tuvo el portavoz para decir que un manual de 'kale borroka' —ese manual de instrucciones para el caos que incita a cometer delitos contra el turismo— no es la forma de hacer política. Pero Apesteguia prefiere el arte de la elisión. Mientras el resto de los partidos, el empresariado y las instituciones se pusieron el traje de la indignación, él decidió que el manual era un 'ruido' que 'desenfocaba el debate'. Traducido al lenguaje de la calle: cuando te pillan con el manual de instrucciones para romper escaparates sobre la mesa, dices que lo importante es el 'modelo económico'. Es la vieja técnica de cambiar de canal cuando la película se pone incómoda. El manual, difundido por el grupo 'Menys turisme, més vida', es la chispa que la Policía Nacional ya tiene vigilada para la manifestación del 26 de julio en Palma. El contraste es delicioso. Por un lado, PP y Vox disparan adjetivos como 'inaceptable' e 'infame'. Por otro, el PSIB-PSOE juega al equilibrio, rechazando la violencia pero sin mojarse demasiado, probablemente porque comparten el mismo calendario electoral que Més. Todos saben que cualquier piedra lanzada contra el gobierno de Marga Prohens es un punto a favor en la encuesta de cara a las próximas autonómicas. Al final, el 'cambio de modelo' de Apesteguia parece consistir en que, si el manual sugiere Deloitte o dinamitar la paz turística, lo mejor es mirar hacia otro lado y decir que estamos hablando de economía.
En el tablero del poder, hay piezas que se mueven con una precisión quirúrgica y un presupuesto que no sale de su propio bolsillo. Entremos en el juego de Zaida Isabel Fernández Toro, la abogada del Estado que parece ser la navaja suiza jurídica de Moncloa. La trama es deliciosa: la misma profesional que redactó la querella de Pedro Sánchez contra el juez Juan Carlos Peinado —esa histórica maniobra de 35 páginas donde el presidente se negó a declarar y prefirió atacar al juez por querer interrogarlo en La Moncloa— es ahora quien defiende a Hacienda en el caso de José Luis Rodríguez Zapatero. Sí, la misma que intentó blindar al jefe del Gobierno ahora se mete en el sumario de blanqueo y tráfico de influencias del exmandatario tras la autorización del juez José Luis Calama a principios de julio. Lo fascinante no es solo el currículum, sino el ahorro doméstico. Mientras el ciudadano medio tiene que apretarse el cinturón para pagar un abogado si tiene un problema con la comunidad, Sánchez decidió que gastar un euro de su cuenta corriente era un pecado; prefirió usar la Abogacía del Estado, pagada con nuestros impuestos, para pelearse con Peinado. Pero Zaida no se detiene ahí. Ha sido la arquitecta legal para salvar a Carles Puigdemont y los del 'caso Tsunami' invocando la amnistía, y también fue la escudo de Álvaro García Ortiz en su duelo contra el novio de Ayuso, intentando anular registros de despacho sin éxito. Para rematar el cuadro, asesora a Enisa, la entidad que patrocinó los eventos de Begoña Gómez en 2019. Es un ecosistema cerrado donde la defensa pública se convierte en un servicio de conserjería VIP para los amigos del régimen, todo bajo el sello de la legalidad administrativa.
Hay una forma muy elegante de decir 'estáis solos' sin usar esas palabras: se llama 'las relaciones las llevan Bruselas'. Mientras Donald Trump lanza dardos desde Ankara, calificando a España de 'causa perdida' y exigiendo cortar todo comercio porque no le gusta el ritmo de Pedro Sánchez en la OTAN ni su tibieza con Irán, en Moncloa se han puesto el traje de espectador. Es la clásica jugada del que te dice que el incendio es responsabilidad del seguro mientras tú ves cómo se quema el salón. No hablamos de cuatro tiendas de artesanía. Estamos hablando de 26.000 empresas que han jugado la partida en EEUU en lo que va de año. En solo cinco meses, estas compañías han colocado más de 5.500 millones de euros en productos; una cifra que hace que cualquier presupuesto doméstico parezca una propina. Cataluña lidera la fila con 7.400 empresas y más de 1.700 millones exportados, seguida por Madrid con 6.200 y Andalucía. Desde electrodomésticos hasta el aceite de oliva y el vino, el catálogo español está en la cuerda floja porque el 'jefe' de Washington ha decidido que no quiere saber nada de nosotros. Lo más delirante es el contraste. Mientras el Gobierno pide tranquilidad y Carlos Cuerpo recuerda que somos 'iguales que los franceses', la realidad es que dependemos de EEUU como un adolescente de la paga de sus padres. Importamos gas y petróleo en cantidades industriales: el 32% de nuestro gas natural licuado y el 12,6% del petróleo vienen de allí. En 2025, la brecha fue brutal: exportamos 16.700 millones pero importamos 30.000 millones. Básicamente, estamos comprando el combustible para que el coche ruede, mientras el dueño del parking nos amenaza con prohibirnos la entrada y el Gobierno nos dice que el contrato lo firmó el coche, no el conductor.
Hay quien dice que el trabajo remoto es el futuro, pero Juan Carlos Monedero llevó el concepto a otro nivel: cobrar 425.150 euros por un informe que, según la justicia, simplemente no existió. Mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz o hace malabares con la lista de la compra, el fundador de Podemos disfrutaba de una 'ingeniería financiera' digna de Casino. El Banco del Alba, ese organismo fundado en Caracas en 2008, decidió que el análisis de una hipotética moneda latinoamericana valía casi medio millón de euros. Un sablazo generoso para un documento invisible. La Audiencia Nacional, con los magistrados Alfonso Guevara, Carolina Ruiz y Ana María Rubio al mando, no ha comprado la versión del 'mero apoderado'. Monedero niega ser dueño de las 93 cuentas corrientes que le atribuyen, alegando que solo tiene dos. Una modestia sospechosa. La UDEF ha rastreado una trama donde aparecen nombres como Ernesto Heleodoro Velasco Sánchez y Ramón Gordils Montes, moviendo fondos que huelen a petróleo chavista vendido en el mercado negro. El esquema es un clásico: efectivo, testaferros, cuentas en Curazao y un aterrizaje final en Suiza. Para rematar el cuadro, su empresa, Caja de Resistencia SL, ha dejado de publicar cuentas desde 2021, ignorando la ley como quien ignora un mensaje de WhatsApp de su ex. Ahora, el caso flota en el limbo de la diplomacia judicial. La Audiencia Nacional espera que Estados Unidos y Venezuela respondan a las comisiones rogatorias. Básicamente, el futuro de Monedero depende de que dos gobiernos que se odian decidan enviar un correo electrónico. Mientras tanto, el ex dirigente se dedica a esquivar el juzgado con la misma agilidad con la que esquivó redactar aquel informe de 425.000 euros.
Hacer una ley es como comprar un mueble de IKEA: el manual dice una cosa, pero si tienes un primo que sabe de herramientas, acabas montando un castillo donde solo cabía una silla. La Ley de Memoria Democrática nació el 5 de octubre con un propósito noble y quirúrgico: reparar el daño a los exiliados del franquismo. Pero claro, la nobleza no da votos, y la ingeniería política prefiere los chalecos abiertos. Aquí entra en juego la 'magia' de la instrucción firmada el 25 de octubre por Sofía Puente, directora general de Seguridad Jurídica y Fe Pública. Con un trazo de pluma, Puente convirtió un filtro selectivo en un coladero industrial. De repente, ya no hacía falta haber sufrido el exilio por razones políticas o ideológicas; bastaba con que un antepasado hubiera sido español. Es el equivalente administrativo a decir que solo entrarán al club los que tengan invitación, pero luego dejar la puerta abierta y poner un cartel de 'bienvenidos todos'. Lorena Suárez, secretaria general del PSOE en Argentina, lo ha confesado en Radio Nacional argentina con una naturalidad pasmosa: no tenían la fuerza en las Cámaras para aprobar una ley de nacionalidad integral, así que usaron la Ley de Nietos como caballo de Troya. El resultado es un festín genealógico donde tataranietos de emigrantes que se fueron a buscar fortuna hace un siglo ahora reclaman el pasaporte rojizo. Mientras el ciudadano medio pelea con la burocracia para renovar un DNI, 2,6 millones de personas han solicitado la nacionalidad y 557.709 ya tienen el visto bueno. No es memoria histórica; es una expansión de cartera electoral disfrazada de justicia, donde el árbol genealógico se ha convertido en el mejor activo financiero para ganar elecciones.
El Gobierno ha montado un sistema de acogida que parece más un buffet libre de ingeniería financiera que un plan de ayuda humanitaria. En el polígono Villa de Vallecas, el Hostal Welcome se ha convertido en la mina de oro de turno, facturando 3,3 millones de euros anuales mientras el Estado paga la fiesta. La paradoja es tan gorda que no cabe en la habitación: mientras el Ministerio del Interior, bajo la batuta de Fernando Grande-Marlaska, nos vende que aquí se refugia a personas huyendo de bombas y persecuciones, los propios huéspedes —hombres adultos de Senegal, Gambia o Guinea Bissau— confiesan con una naturalidad pasmosa que en sus países no hay guerra. Básicamente, el Estado está pagando el alquiler de un hotel a gente que no cumple los requisitos, mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación para que la lista de la compra no parezca una hipoteca. La Cruz Roja gestiona el tinglado, pero hay sociedades mercantiles que se están haciendo el agosto con el dinero público, convirtiendo la miseria ajena en un balance empresarial envidiable. El trato es sencillo: alojamiento, comida en restaurantes cercanos y una asignación de 50 euros al mes, que es lo que uno se gasta hoy en día en un par de cafés y un bocadillo si tiene suerte. Lo más cínico es el ciclo de vida del 'refugiado': pasan unos meses en el hotel, reciben el móvil cortesía de la casa y, cuando el presupuesto se agota o el plazo expira, el Gobierno los suelta en la calle, ya sea en Carabanchel o donde caigan, sin un duro y sin rumbo. Un despliegue de generosidad pública que empieza con millones en facturas hoteleras y termina con la misma desidia de siempre.
Imaginen que el despacho del Presidente es, en realidad, un grupo de WhatsApp donde se gestiona el país como quien organiza una cena de empresa con rencores acumulados. Los chats filtrados entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos —este último ahora coleccionando 24 años de prisión según el Tribunal Supremo— no son estados de razón, sino el diario de una obsesión. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación para que la lista de la compra no parezca un atraco a mano armada, el jefe del Ejecutivo se dedicaba, en la primavera de 2021, a jugar al 'detective de empadronamientos'. El despliegue de ingenio fue conmovedor. Sánchez, con la vena de fiscal activada, instaba a Ábalos el 6 de abril de 2021 a recurrir la candidatura de Toni Cantó y el 'ex de Toledo', celebrando con un «jajaja me parto» que Cantó saltara del barco el 11 de abril. Era el deporte nacional de Moncloa: el control obsesivo de las papeletas ajenas. Pero el verdadero monstruo bajo la cama era Isabel Díaz Ayuso. Para el dúo dinámico, la presidenta madrileña no era una gestora autonómica, sino una amenaza «en clave nacional». La ironía alcanza su cenit el 6 de mayo de 2021, tras el batacazo electoral donde el PSOE acabó empatado con Más Madrid. Sánchez, lejos de la autocrítica, fulminó la falta de pulso político en Ferraz y rechazó a Julio Navalpotro con un tajante «ni de coña». En lugar de eso, barajó nombres como Mercedes González, hoy imputada en el caso de las cloacas. Entre risas sobre vídeos de X y el envío de noticias sobre el hermano de Ayuso, los chats revelan que el poder real no estaba en los congresos, sino en el teclado de un móvil, donde el destino de los socialistas madrileños se decidía entre un «Inshalá» y un desprecio coordinado.
En el fútbol, como en la vida, dar por hecho que tienes el premio en el bolsillo es la receta perfecta para que te lo quiten mientras pestañeas. España se había puesto cómoda, imaginando la final del Mundial 2030 en un Santiago Bernabéu reluciente o un Camp Nou renovado, pero en Rabat no juegan al tenis, juegan al ajedrez geopolítico. El rey Mohamed VI ha lanzado una ofensiva diplomática que hace que el despliegue del Gobierno de Pedro Sánchez parezca una excursión escolar. La jugada es maestra: mientras nosotros contamos los días, Fouzi Lekjaa —que tiene la bendición del monarca y las llaves de los presupuestos estatales— se ha pasado el último mes recorriendo Estados Unidos y México. No va a pasear; va a vender un sueño sin techo financiero. Lekjaa le ha susurrado a los 37 miembros del Consejo de la FIFA que el Gran Estadio Hassan II de Casablanca no solo será el más grande del mundo (con 115.000 espectadores, superando por mil asientos al estadio de Pyongyang), sino que será una máquina de imprimir billetes. Traducido al lenguaje de la calle: Marruecos le ha dicho a la FIFA que Madrid es un negocio decente, pero que Casablanca es un premio gordo. Prometen unos ingresos extra que superan los 150 millones de euros, acercándose a los 200 millones respecto a la opción española. Básicamente, es como si te ofrecen comprar tu coche usado por el precio de catálogo más un bono de gasolina gratis. Con el apoyo de Gianni Infantino —cuya hija ya lucía camiseta marroquí en Monterrey el 29 de junio y en Houston el 4 de julio— y la maquinaria de Youssef Amrani en Washington, la RFEF ha pasado de la confianza al síncope. El 'Bid Book' de 377 páginas, ese manual de instrucciones de la candidatura 'YallaVamos 2030', ahora parece un contrato firmado con tinta invisible.
Hay que tener un tupé monumental para salir en televisión vendiendo la seguridad del oro mientras, en el sótano, tienes lingotes pintados con spray dorado. Gabriel Ruiz, el autoproclamado 'rey' de la inversión, ha pasado de los congresos glamurosos a la fría realidad de una celda en Cádiz. Su empresa, Sempi Gold, no era más que un castillo de naipes con 22 sedes que servían para dar una imagen de solvencia mientras vaciaban los bolsillos de 3.600 personas. El agujero contable asciende a 50 millones de euros, una cifra que hace que la lista de la compra de cualquier mortal parezca un chiste. El modus operandi era de manual: promesas de un 4% anual y un 'toreo' constante. Cuando el cliente quería recuperar sus ahorros —dinero que para muchos era la tranquilidad de su jubilación—, los comerciales aplicaban la técnica del 'contrato más suculento' o, sencillamente, se evaporaban. La hipocresía alcanza niveles artísticos cuando descubrimos que Ruiz, incluso tras su primera detención en 2022 por la UDEF, siguió captando víctimas hasta el 15 de octubre de 2024, sacando otros 320.000 euros de 25 ingenuos. La ingeniería financiera aquí no fue muy sofisticada: transferencias al yerno y conceptos falsos de 'alquiler de vehículos' o 'nóminas' para mover el botín a cuentas personales. Mientras un ciudadano perdía 220.000 euros y recibía visitas de un CEO con chófer para que no denunciara, Ruiz se negaba a pagar una fianza de un millón de euros, probablemente porque el oro de su cuenta era tan falso como sus promesas. La magistrada María Tardón ha cerrado el grifo, y ahora el 'rey' descubrirá que en la Audiencia Nacional no aceptan lingotes pintados como moneda de cambio.
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Adolfo Sáez