La última trampa sobre pesticidas que la UE quiere colar a los agricultores

Bruselas y el 'cero' humo de pesticidas

politica Una ilustración conceptual satírica. Un burócrata europeo con traje gris sostiene una lupa gigante sobre una manzana, mientras que detrás de él, una puerta abierta muestra un campo industrial extranjero lleno de químicos brillantes. El estilo es de caricatura editorial de periódico, con colores contrastados y un aire cínico.

Bruselas ha vuelto a sacar el libro de magia. El truco consiste en anunciar con bombos y platillos que los Veintisiete van a reducir a 'prácticamente cero' los residuos de pesticidas prohibidos en los alimentos. Suena a gloria, a aire puro y a justicia para el campo europeo. Pero, como quien lee la letra pequeña de un contrato de telefonía mientras le venden la tarifa plana, el agricultor se ha dado cuenta de que el 'cero' es un espejismo. El límite mágico es de 0,01 miligramos por kilo, que no es más que el mínimo que detecta un análisis.

Es decir, Bruselas nos vende como una novedad una barrera que ya existía. Mientras el agricultor europeo no puede ni mirar el catálogo de ciertos productos fitosanitarios bajo pena de multa, el productor de Marruecos, Egipto o Vietnam puede seguir usándolos tranquilamente; solo tiene que asegurarse de que, al llegar el camión a la frontera, el residuo sea imperceptible.

Es como prohibir que alguien fume en casa, pero permitir que invite a gente que fume en la calle siempre que no huelan a tabaco al entrar. Víctor Viciedo, presidente de Alive, ha puesto el dedo en la llaga: esto es maquillaje ideológico. Nos hablan de proteger abejas y aguas subterráneas, pero ignoran que el spray que compras en el súper para matar cucarachas tiene más química que cualquier fumigación controlada.

La EFSA ya evalúa los riesgos, pero Bruselas prefiere el relato del 'alimento venenoso' para justificar su agenda. Incluso si se cierran los huecos de la OMC para sustancias como el tiametoxam o la clotianidina —que hoy permiten hasta 0,05 mg/kg—, el problema sigue siendo el mismo.

No es una cuestión de pesticidas, sino de costes. El agricultor extranjero sigue teniendo una estructura de costes que hace que el nuestro parezca un filántropo. Al final, el 'cero' de Bruselas es un cero a la izquierda.

Crítica:

El texto original es un despliegue de quejas sectoriales que, aunque válido, evita analizar si existen alternativas reales a los fitosanitarios. Es un ejercicio de victimismo agrario muy bien ejecutado pero unidireccional.

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