Fouzi Lekjaa, el próximo primer ministro de Marruecos que asegura que la final del Mundial será en Casablanca

Marruecos: más estadios que hospitales

politica Una ilustración conceptual y satírica. En un lado, un estadio de fútbol futurista y lujoso hecho de oro y cristal emergiendo del desierto; en el otro lado, una fila de personas jóvenes y cansadas frente a una pequeña clínica rural deteriorada. Entre ambos, una balanza desequilibrada donde un balón de fútbol pesa más que un estetoscopio médico. Estilo editorial de revista política, colores contrastados.

En Marruecos, votar es como intentar cambiar el canal de la tele cuando el mando está en manos del dueño de la casa. El reciente proceso electoral ha dejado un sabor a ceniza con una abstención del 61,9%, la cifra más alta en veinte años. Básicamente, el país ha dicho: 'ahórrense el teatro'.

Y es que, mientras el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) se lleva 97 de los 395 escaños, superando los 66 de la Reagrupación Nacional de Independientes (RNI) de Aziz Ajanuch, todos saben que quien firma los cheques y elige a los ministros de Interior, Exteriores y Defensa es el rey Mohamed VI y su selecto club de amigos, el Majzén. En este tablero de piezas movidas desde el Palacio Real, emerge la figura de Fouzi Lekjaa.

Ingeniero agrónomo y exdirector de Presupuestos, Lekjaa es el hombre que sabe hacer magia con los números y el balón. Desde la Presidencia de la Federación Real Marroquí de Fútbol en 2014 hasta su nombramiento como ministro delegado del Presupuesto en 2021, ha sido el arquitecto de la marca 'Leones del Atlas'.

Ahora, con la Orden del Trono en el bolsillo desde 2023, se perfila como el primer ministro ideal para un régimen que prefiere la estética al bienestar. El plan es ambicioso: soltar 200.000 millones de euros en infraestructuras para el Mundial 2030. Quieren que el Estadio Hassan II en Casablanca sea la joya de la corona y albergue la final en 2028.

Pero hay un pequeño detalle: mientras el Estado tira la casa por la ventana con cemento y césped, el desempleo juvenil roza el 37% y la tasa general el 13%. La calle ya ha gritado '¡Menos estadios, más hospitales!', una frase que suena a bofetada cuando comparas el presupuesto de un estadio con la carencia de una gasa en un centro de salud.

Lekjaa tendrá que jugar la final más difícil de su vida: gestionar la rabia de una generación Z que no quiere goles, sino dignidad.

Crítica:

El texto original es una sucesión de datos correctos pero tibios. Le falta el valor de conectar la inversión deportiva con la precariedad social de forma más agresiva.

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