Un colaborador de la Policía pidió 2 millones a Marruecos a cambio de entregar al espía que guarda las pruebas de Pegasus

Soplón policial vende espía por millones

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un maletín abierto lleno de billetes de euro sobre una mesa de hotel lujosa, y al lado, un teléfono inteligente moderno que proyecta un holograma de un ojo digital (estilo vigilancia). De fondo, una silueta borrosa de un agente policial dándose la mano con una sombra misteriosa. Estilo artístico de novela negra moderna, colores contrastados, atmósfera de intriga y corrupción.

Hay que tener el valor, o la cara dura, de convertir la seguridad nacional en un mercadillo de barrio. Mientras el ciudadano medio se pelea con la letra pequeña de la hipoteca, un colaborador de la Policía Nacional decidió que el paradero de un espía era el activo perfecto para hacer un 'golpe de suerte'.

No hubo banderas, ni ideales, ni patriotismo de manual; solo la fría calculadora de quien ve una oportunidad de negocio donde otros ven un delito. La escena parece sacada de una serie de bajo presupuesto: marzo, el hotel Eurobuilding de Madrid,lejos del ruido pero cerca del poder.

Allí, este confidente del Ministerio del Interior de Fernando Grande-Marlaska se sentó a negociar la cabeza de Mehdi Hijaouy. ¿El precio del soplo? Entre dos y tres millones de euros. Un sablazo considerable que convierte la información clasificada en una simple transacción comercial, como quien vende un coche usado en una web de anuncios. Hijaouy no es un cualquiera; fue la mano derecha de Yassine Mansouri y jefe del «Service Action» de la DGED.

El hombre que guarda los secretos sucios de Mohamed VI y, según se dice, el material sustraído del teléfono de Pedro Sánchez mediante el spyware Pegasus. El colaborador policial no solo sabía que existía, sino que le dio a los marroquíes el mapa exacto: un piso en Mejorada del Campo y una finca en Cáceres.

La ironía es deliciosa y amarga: el tipo que debería haber avisado a sus superiores prefirió intentar cobrar la comisión. Al final, Hijaouy, que ya había pasado por la Audiencia Nacional en septiembre de 2024 antes de saltar el teléfono y convertirse en prófugo, resultó ser la moneda de cambio en un juego de espejos donde la lealtad tiene un precio fijo y el espionaje es el deporte nacional.

Crítica:

La noticia es un festín de revelaciones, pero deja en el aire la capacidad de supervisión del Ministerio del Interior. El texto se centra en el 'chisme' del millón y descuida la implicación institucional del colaborador.

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