Marlaska cree que los ceutíes han vivido una "inseguridad subjetiva" y dice que sólo se han filiado 1.100 inmigrantes

Marlaska y la 'inseguridad subjetiva' de Ceuta

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un funcionario con traje elegante sosteniendo una lupa gigante sobre un mapa de una ciudad fronteriza, mientras ignora una multitud de personas detrás de él. El estilo debe ser de caricatura editorial de periódico, con colores sobrios y un toque de ironía visual, enfatizando el contraste entre la burocracia y la realidad callejera.

Fernando Grande Marlaska ha aterrizado en Ceuta por tercera vez desde aquel asalto masivo del 30 y 31 de julio, y lo ha hecho con el maletín lleno de eufemismos. Mientras el ciudadano de a pie siente que el perímetro es un colador, el ministro ha decidido bautizar el miedo de los ceutíes como 'inseguridad subjetiva'.

Es una jugada maestra: básicamente, te dice que el peligro está en tu cabeza y no en la calle, como quien te explica que el agujero de tu cuenta bancaria es solo una 'percepción negativa de tu saldo'. Pero los números, esos que no entienden de subjetividades, son el verdadero sablazo.

El Gobierno insiste en que hay 6.000 inmigrantes, mientras que la ciudad y los sindicatos policiales, que son quienes ponen el cuerpo, hablan de 8.000. De ese montón de gente, solo se han filiado 1.100. Un éxito rotundo si el objetivo fuera hacer el proceso a paso de tortuga. ¿La excusa? Que ahora la normativa europea es más exigente: ya no vale con una foto y una huella como para sacar el DNI, ahora hay que escanear hasta las palmas de las manos.

Es como si para entrar en el cine ahora te pidieran el árbol genealógico completo y una muestra de ADN. Para solucionar este atasco burocrático, el Ministerio ha desplegado 25 líneas de trabajo —repartidas entre El Tarajal, la Jefatura Superior y el CATE provisional—, y pretenden subir a 20 las líneas del CATE.

Pero aquí viene el giro cómico: Marlaska quiere enviar más funcionarios de la Oficina de Asilo, pero no sabe dónde meterlos. Sí, han gestionado la frontera, pero se han quedado cortos con las reservas de hotel. Todo esto mientras el reloj corre hacia el 1 de enero, fecha límite para renovar el mando único de Ángel Víctor Torres.

El ministro confía en que todo esté 'encauzado' para entonces. Ojalá la realidad fuera tan flexible como su vocabulario.

Crítica:

La noticia es un ejercicio de relaciones públicas disfrazado de informe. Omite la presión real sobre el terreno para centrarse en la falta de hoteles para los funcionarios.

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