Sánchez despacha en dos ratos la crisis de Ceuta en 18 días de vacaciones en La Mareta

Sánchez gestiona Ceuta entre siesta y Zoom

politica Una ilustración satírica que muestra una pantalla de ordenador con una videollamada llena de ministros serios, mientras que el reflejo de la pantalla muestra una playa paradisíaca, una tumbona y un cóctel tropical. Estilo editorial de revista política, colores contrastados entre el gris burocrático y el azul turquesa del Caribe.

Hay una forma muy elegante de gestionar el caos: hacerlo por Zoom mientras el aire acondicionado de Lanzarote te acaricia la cara. Pedro Sánchez ha descubierto el secreto de la eficiencia moderna. Mientras Ceuta lidia con el asalto masivo de inmigrantes y una crisis sanitaria que no entiende de calendarios, el jefe del Ejecutivo ha decidido que el 'mando único' se ejerce mejor en pijama desde la residencia de La Mareta.

La agenda de agosto es una oda al minimalismo. Dos videoconferencias. Solo dos. Una el 7 de agosto y otra el 17. Diez días de silencio sepulcral entre sesión y sesión, mientras el resto del equipo ministerial juega al 'estoy yo' trasladándose a la ciudad autónoma. Es como si el dueño de la empresa dejara que los mandos intermedios apaguen el incendio mientras él revisa el menú del buffet desde la playa.

En el despliegue de figuras, Sánchez convocó a todo el elenco: desde Economía y Exteriores hasta Defensa, Interior, Política Territorial, Inclusión y Juventud. Un despliegue de cargos impresionante para una reunión que, en lenguaje de calle, es el equivalente a un grupo de WhatsApp donde todos asienten pero nadie tiene la llave de la puerta.

Mientras tanto, Elma Saiz, la portavoz y ministra de Inclusión, aterrizó en Ceuta para anunciar 1.500 plazas de acogida temporal y, acto seguido, dedicarse a la jardinería política. En lugar de analizar el papel de Marruecos en el tablero, prefirió recitar un poema sobre la 'diversidad' y la 'convivencia', tachando a la oposición de sembrar odio.

Muy bonito el discurso, pero la diversidad no es precisamente lo que preocupa al vecino que ve cómo su ciudad colapsa mientras el presidente despacha el problema entre siesta y siesta en La Mareta.

Crítica:

El texto original es una crónica de hechos, pero omite cualquier respuesta oficial de La Moncloa sobre la eficacia de las videollamadas frente a la presencia física. Es un relato de contrastes que juega con la indignación del lector.

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