El «virrey» de Marruecos, señalado como cerebro de la invasión de Ceuta

El «virrey» marroquí y el sablazo a Ceuta

politica Una ilustración conceptual y satírica. En primer plano, una mano elegante con un anillo de oro mueve una pieza de ajedrez que tiene la forma de una multitud de personas diminutas hacia una frontera costera. Al fondo, un trono majestuoso envuelto en humo y sombras, con un telón de teatro que se cae, revelando una maquinaria industrial fría y gris. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera de intriga y poder.

Hay quien cree que las crisis migratorias son accidentes del destino o el resultado de un grupo de WhatsApp mal gestionado. Qué ternura. Lo de Ceuta, con 60.000 personas intentando entrar entre el miércoles y el viernes, no fue una 'distracción' de la guardia ni un desliz de las mafias.

Fue una operación de relojería ejecutada por Fouad Ali El Himma, el hombre que en Rabat llaman el «virrey». Mientras el mundo miraba los espigones, El Himma estaba jugando al ajedrez con la miseria ajena para hundir al Gobierno de Aziz Akhannouch. Traduzcamos el lenguaje diplomático al de la calle: usar a miles de personas como carne de cañón para ganar unas elecciones es el equivalente político a quemar la casa del vecino para que te contraten como bombero.

El Himma, consejero de Mohamed VI y arquitecto del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), decidió que la mejor campaña para los comicios del 23 de septiembre era demostrar que el Ejecutivo de Akhannouch es un decorado de cartón piedra. La hipocresía alcanzó niveles estratosféricos el miércoles por la noche.

Mientras el monarca Mohamed VI daba un discurso sobre estabilidad y progreso económico, miles de ciudadanos —provenientes no solo de la frontera, sino de Casablanca, Rabat, Tánger y Marrakech— se lanzaban al agua. Es el contraste perfecto: el Rey vende un país de primera en televisión y, simultáneamente, el «virrey» abre las puertas para que la gente huya.

El Majzén funciona así: los ministros gestionan la sanidad o la educación (la gestión del día a día, como quien lleva la cuenta del supermercado), pero el control real de la seguridad y el Interior es un club privado donde El Himma es el portero. Al final, 60.000 personas fueron el instrumento de una purga interna para que el PAM gane peso frente al RNI.

Una jugada maestra de ingeniería política donde el coste humano es, lamentablemente, el dato más irrelevante del balance.

Crítica:

El texto original es brillante desgranando el Majzén, pero peca de excesiva confianza en 'fuentes en Francia'. Le falta una contraparte oficial marroquí para no parecer una crónica de espionaje unilateral.

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