Crítica:
La noticia es un catálogo de pactos políticos disfrazado de gestión educativa. Omite deliberadamente el contenido real de las clases para centrarse en el ruido electoral de PP y Vox.
La noticia es un catálogo de pactos políticos disfrazado de gestión educativa. Omite deliberadamente el contenido real de las clases para centrarse en el ruido electoral de PP y Vox.
Imaginen que alquilan la habitación de su casa para que un desconocido monte una academia de cocina, pero el dueño del local no tiene ni idea de qué ingredientes echa en la olla ni quién es el cocinero. Exactamente eso es el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí (Placm). Un convenio bilateral donde España pone las paredes y Rabat pone el profesorado y la cartera. Un negocio redondo para el Gobierno de Marruecos, que gestionaba el currículo sin que nadie en Madrid o Murcia pudiera asomar la nariz en los libros de texto. La fiesta se acabó para cinco comunidades que han decidido que ya basta de jugar al 'hotel' educativo. Murcia abrió el baile, eliminando el programa para el curso 2025-2026 tras un pacto presupuestario con Vox. Allí, unos 300 alumnos repartidos en diez centros se quedaron sin el programa. Madrid, bajo el mando de Isabel Díaz Ayuso, no tardó en seguir la corriente, alegando que es sencillamente absurdo que el Ministerio de Educación no tenga control efectivo sobre lo que se imparte en sus propias aulas. El efecto dominó no se detuvo. Aragón y Extremadura sumaron la supresión del Placm a sus acuerdos de gobierno, sugiriendo que si alguien quiere aprender cultura marroquí, hay sitios fuera del horario escolar donde hacerlo sin que el Estado pierda el control del aula. Por último, Andalucía ha puesto fecha de caducidad al programa para el curso 2027-2028. Es la jugada final en una comunidad donde el Placm tenía raíces profundas. Al final, la trama es simple: la soberanía educativa ha pasado de ser un detalle administrativo a convertirse en la moneda de cambio de los pactos entre PP y Vox.
En el Polígono Sur de Sevilla, donde sobrevivir al día a día es un deporte de riesgo y la exclusión es el paisaje habitual, ha aterrizado un proyecto arquitectónico que ha puesto a los políticos a sacar los dientes. Resulta que la Fundación Mezquita de Sevilla quiere plantar un centro cultural —de esos que en el lenguaje administrativo sirven para camuflar que habrá rezos y alfombras— con un minarete de 30 metros. Para que nos entendamos: es como si alguien decidiera levantar un edificio de diez plantas en medio del barrio, pero con la particularidad de que apunta a la Meca y separa a hombres de mujeres. Un despliegue de fe que, según Vox, huele a 'Molenbeek' y que podría haber sido financiado con talonarios de Malasia o Catar. El dinero privado fluye, pero la sospecha política es que el imán que llegue podría ser un salafista ultraortodoxo. Mientras tanto, el alcalde José Luis Sanz (PP) se pone el escudo de la legalidad. Asegura que en sus 18 años gestionando el presupuesto público no ha prevaricado y que, como la licencia está reglada y el suelo es privado, él no tiene más remedio que decir 'amén' a la obra. Un giro irónico para un partido que ahora se encuentra entre la espada de la ley urbanística y la pared de sus votantes más intensos. Por su parte, la plataforma Nosotros También Somos Sevilla ha soltado la verdad más incómoda: que el problema del barrio no es quién reza y cómo, sino que hay grupos que controlan el tráfico de sustancias y necesitan que el barrio siga siendo un agujero negro para que su negocio prospere. Mientras Vox prepara un recurso de alzada para el 28 de agosto, el barrio sigue esperando que la seguridad llegue antes que la arquitectura religiosa.
Hay una belleza casi poética en la gestión de las prioridades actuales. Mientras en Ávila, Madrid, Toledo, Guadalajara o Castellón el paisaje se convierte en un cenicero gigante, el Gobierno ha decidido que lo más urgente no es echar agua al fuego, sino jugar a ser el banquero internacional. Pedro Sánchez prometió una flota de 15 aviones anfibios, kits apagafuegos para los Airbus A400M y la llegada de cuatro helicópteros Chinook y dos Cougar. Una lista de la compra envidiable, lastimosamente, solo en el papel. La realidad es que de los 14 aviones disponibles, solo siete han estado operativos. El resto están en el taller o cogiendo polvo, mientras los vecinos ven cómo el bosque se rinde al calor. Pero ojo, que no todo es caos; hay tiempo para la generosidad externa. En el Consejo de Ministros del martes, entre indultos discretos para figuras como Laura Borràs, se aprobó un crédito de 25 millones de euros para la Oficina Nacional de Saneamiento de Túnez. Sí, mientras aquí faltan efectivos de la UME, España financia la 'Rehabilitación de la Estación de Depuración de Aguas Residuales Choutrana I' en el departamento de Ariana. Es una operación de ingeniería financiera brillante: un préstamo a través de la Aecid con cargo al Fedes, un interés del 2,5 % anual y un plazo de amortización de 17 años con siete de carencia. En resumen, el presupuesto global de la obra tunecina es de 118,8 millones y nosotros ponemos el 21 %. Es fascinante. Para 900.000 personas en Túnez habrá saneamiento sostenible y aguas costeras limpias, mientras que en el interior de España, la única sostenibilidad que vemos es la de las cenizas. Un equilibrio presupuestario que deja a cualquier ciudadano con la sensación de que su código postal es el último renglón de la agenda oficial.
Hay quien gestiona agendas y quien gestiona fortunas ajenas con la precisión de un reloj suizo. En el caso ZP, la figura de Gertrudis Alcázar, cariñosamente llamada «Gertru», ha pasado de ser la sombra de José Luis Rodríguez Zapatero a convertirse en el centro de atención del juez José Luis Calama. No es para menos: Gertru era la guardiana de una caja fuerte que, al abrirse, reveló joyas valoradas en más de 1,3 millones de euros. Un pequeño tesoro que hace que cualquier hucha de ahorros doméstica parezca un chiste de mal gusto. Ahora, la UDEF ha decidido que es momento de mirar dónde guarda Gertru sus propios secretos. El juez Calama ha dado luz verde para rastrear sus cuentas y propiedades, especialmente tras descubrir que la secretaria se compró un inmueble en Velilla de San Antonio por 132.055 euros entre marzo de 2021 y junio de 2023. Lo curioso es que lo pagó al contado, sin hipoteca, mediante transferencias periódicas. En un mundo donde pedir un préstamo es un calvario burocrático, Gertru operaba con la soltura de quien no necesita pedir permiso al banco. Pero el mapa de influencias es más amplio. El juez quiere que el Sepblac analice la operativa financiera de Zapatero, sus hijas Alba y Laura Rodríguez Espinosa, y un ecosistema de empresas como Affita, S. L., Inteligencia Prospectiva, S. L. y Caleton Consultores, S. L. Todo esto mientras se rastrea el rastro de los 53 millones de euros del rescate a Plus Ultra. Para rematar la jugada, aparece Julio Martínez Martínez y su empresa ASP Rentas, que movió casi 2 millones de euros (1.984.521,15 € de entrada) mientras declaraba unos humildes 89.540 euros. Una ingeniería financiera que convierte la contabilidad oficial en una obra de ficción.
Pedro Sánchez ha vuelto a jugar al Tetris con la justicia, pero esta vez las piezas no encajan ni con pegamento industrial. El miércoles 29 de julio de 2026, desde el Palacio de la Almudaina, el presidente decidió que Laura Borràs —expresidenta del Parlamento catalán y pieza clave de Junts— merece un indulto parcial. ¿El argumento? Que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña considera la pena de prisión excesiva. Así, sin más, como quien justifica que te cobren de más en el parking diciendo que 'bueno, al menos el coche está entero'. Lo cómico es que Sánchez insiste en que esto no tiene nada que ver con la negociación de Presupuestos ni con la política. Es la misma gimnasia mental que vimos en junio de 2021, cuando indultó a nueve cabecillas del procés ignorando olímpicamente al Tribunal Supremo y a la Fiscalía. En aquel entonces, la opinión de los jueces era como el folleto de ofertas del supermercado: se mira y se tira. Pero aquí llega la trampa del cazador. Si la regla de oro ahora es 'obedecer la opinión del tribunal', Sánchez se ha puesto una soga al cuello con Álvaro García Ortiz. El ex fiscal general del Estado, condenado por revelar datos reservados, tiene el camino bloqueado porque el Tribunal Supremo, a mediados de junio, se opuso frontalmente a su indulto parcial alegando que los hechos fueron graves. Si Sánchez aplica la 'doctrina Borràs', García Ortiz se queda fuera. Mientras tanto, el caso Leire sigue sumando pasajeros en el barco del juez Santiago Pedraz. Con ya treinta imputados, incluyendo a la gerente del PSOE, Ana Fuentes, y a Juanma Serrano, el presidente se refugia en la 'presunción de inocencia'. Es el escudo estándar: cuando la tormenta es fuerte, el jefe se pone la chaqueta impermeable y dice que 'ya veremos en qué deriva la causa'.
Hay quienes llaman 'asesoría' a lo que en el barrio conocemos como el clásico 'favor por dinero'. El exsecretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, parece haber montado un sistema de ingeniería financiera tan sofisticado que haría llorar a cualquier gestor de barrio. La UDEF ha destapado que el botín asciende ya a 3.094.581,10 euros, el doble de lo que se sospechaba. Mientras el ciudadano medio se pelea con la letra pequeña de la hipoteca, Zapatero y Sonsoles Espinosa liquidaron la suya de 500.000 euros justo cuando su empresa familiar, Whathefav, movía 450.000 euros hacia las cuentas de sus hijas, Laura y Alba. Una coincidencia temporal que, para los investigadores, tiene la credibilidad de un billete de tres euros. El esquema es un baile de máscaras. Plus Ultra, que se tragó 53 millones de euros públicos en un rescate, decidió agradecer la gestión con un 'bonus' de 1.159.558,00 euros. Pero claro, el dinero no viaja en línea recta. Primero pasó por Caletón Consultores —una empresa pantalla que no hace nada más que mover papeles—, donde Julito Martínez repartió el pastel hacia IOT Domotic Europe y Voi Analítica. La lista de 'mecenas' es un catálogo de la hipocresía corporativa: desde los 851.180 euros de Kreab Iberia y los 649.552 de Thinking Heads Group, hasta los 490.780 que Analysis Relevante (la joya de Javier de Paz) soltó directamente. Incluso hay migajas de 31.766 euros de Thinking Heads Americas y 47.120 del Zayed Award. El despliegue es tal que el juez José Luis Calama va a analizar 60 cuentas bancarias. Incluso la secretaria, Gertrudis Alcázar, se ha unido al festín comprándose un piso de 132.055 euros en Velilla de San Antonio, pagado al contado y sin hipoteca. Un lujo que, curiosamente, coincide con el ritmo de los contratos simulados.
Hay quien se levanta con el hambre de comerse el mundo y quien, como Pedro Sánchez, se levanta con la obsesión de limpiar su honor en el juzgado. El presidente del Gobierno ha decidido que no puede dormir tranquilo mientras alguien, en algún lugar de Madrid, se atrevió a colgar una pancarta llamándole 'corrupto'. Para el señor presidente, que una tela con letras sea un insulto es un drama nacional; para la Audiencia Provincial de Madrid, es simplemente ejercicio de la libertad de expresión. La cosa está así: la Audiencia ya le había dicho que no, desestimando su recurso y, para colmo, condenándole en costas. Básicamente, le han pasado la factura por intentar censurar una crítica política legítima. Pero Sánchez no acepta el 'no' como respuesta. Ahora ha vuelto a la carga con un incidente de nulidad contra el Auto N.º 624/2026. Alega que hay una 'incongruencia omisiva' y que se ha ignorado la posible comisión de un delito contra la integridad moral según el artículo 173.1 del Código Penal y el artículo 24.1 de la Constitución. Es fascinante el despliegue de artillería jurídica para combatir un trozo de tela. Mientras el ciudadano medio pelea con la administración por una ayuda que no llega, el jefe del Ejecutivo quiere que se retrotraigan las acciones hasta el Juzgado de Instrucción Número 12 de Madrid. No se conforma con el papel; quiere acción. Pide el reportaje fotográfico de la Policía Científica y que llamen a declarar como investigados a José Miguel Tomás Aguilera. Quiere que la Brigada Provincial de Información rastree a los responsables. Todo esto para demostrar que llamarle 'corrupto' es un crimen, a pesar de que dos juzgados ya le han dejado claro que criticar al poder no es odio, es democracia.
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