Crítica:
La noticia se apoya excesivamente en 'fuentes cercanas' para sugerir la crisis interna sin aportar pruebas documentales. Mezcla con maestría el éxito recaudatorio con el fracaso ético para generar un contraste incendiario.
La noticia se apoya excesivamente en 'fuentes cercanas' para sugerir la crisis interna sin aportar pruebas documentales. Mezcla con maestría el éxito recaudatorio con el fracaso ético para generar un contraste incendiario.
En el manual de 'supervivencia institucional', la regla de oro es clara: si el barco tiene una vía de agua, lo mejor es decir que el agua es, en realidad, un efecto óptico. Margarita Robles ha aplicado esta técnica con maestría quirúrgica. El Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil, Manuel Llamas, ha sido imputado por el juez Santiago Pedraz en la Audiencia Nacional por prevaricación y obstrucción a la justicia en elCaso Cloacas del PSOE. ¿La respuesta de Defensa? Un escrito de dos páginas que es un monumento al arte de no hacer nada. Mientras que cualquier ciudadano corriente, si tiene un problema con la administración, se siente como si estuviera intentando mover una montaña con una cuchara de plástico, el DAO disfruta de un blindaje envidiable. Robles admite que tiene la sartén por el mango —la competencia para suspenderlo—, pero decide que no hay 'elementos de juicio suficientes'. Básicamente, es como si te pillaran con la mano en la masa de la tarta y el dueño del local dijera que, mientras no haya un análisis químico de la harina, técnicamente no has robado nada. El partido Iustitia Europa, liderado por Luis María Pardo, intentó dar un toque de atención, pero la respuesta ministerial ha sido un despliegue de jerga jurídica para decir que no tienen 'legitimación activa'. En cristiano: 'ustedes no son nadie para pedirme que mueva un dedo'. Para rematar la jugada, Robles se escuda en la Ley Orgánica 12/2007 y el principio de non bis in idem, argumentando que es mejor esperar a que la justicia penal decida antes de tocar el sueldo o el despacho del señor Llamas. Una paciencia administrativa que, curiosamente, nunca se aplica cuando el viento sopla en dirección contraria.
Imaginen que están jugando una partida de póker y, de repente, el crupier decide que el vecino de la mesa de al lado puede meterse en la mano con un mazo nuevo de cartas. Eso es, básicamente, lo que está pasando con la Ley de Memoria Democrática. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación y siente que su sueldo se evapora antes de llegar al día diez, el Gobierno de Pedro Sánchez ha abierto una autopista VIP para que más de un millón de personas, que no han pisado España en décadas, lleguen al Censo CERA con el carnet de votante recién estrenado. La consultora Freemarket no se anda con rodeos: estamos ante una 'distorsión cuantitativa'. Traducido al lenguaje de la calle: un sablazo electoral. No hablamos de fantasmas, sino de números reales. Ya hay 310.000 personas que han completado el trámite definitivo y están listas para pulsar el botón en las urnas. Pero eso es solo el aperitivo. Hay 545.000 expedientes con resolución favorable y un alud de 2,4 millones de solicitudes que colapsaron la red consular hasta el 22 de octubre de 2025. El objetivo final es un ejército de entre 1,2 y 1,3 millones de nuevos electores. Para ponerlo en perspectiva, el Censo CERA de julio de 2023 tenía 2.328.261 ciudadanos. Meterle un millón y pico más es como añadirle un piso entero a un edificio que ya estaba lleno; la estructura empieza a crujir. Y el 'granero' está claro: Argentina lidera la carga con el 40% de las solicitudes, seguida de Cuba (12%), Brasil (11%) y México (9-10%). Una ingeniería demográfica que promete volatilidad en el reparto de escaños mientras la administración del Estado en el exterior intenta no ahogarse en un mar de partidas de nacimiento y formularios.
Mantenerse en la silla del poder hoy en día no es gratis; tiene un precio de alquiler mensual que marea a cualquiera. Desde 2023, el Gobierno ha gestionado su supervivencia parlamentaria como quien paga una suscripción premium para que no le corten el servicio: cediendo competencias a raudales. Los datos, rescatados de una resolución de Transparencia del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, son un ejercicio de aritmética cruel. De los 28 acuerdos de traspaso, 19 han aterrizado en el País Vasco y Cataluña. El 67,8% del pastel se lo reparten dos, mientras que el resto de las autonomías se pelean por las migajas. Si hablamos de dinero, la cosa pasa de irónica a surrealista. De los 102,3 millones de euros destinados al coste efectivo de los servicios, el País Vasco se ha llevado 97,4 millones. El 95,2% del presupuesto nacional ejecutado. Es como si en una cena de grupo, uno solo pidiera el menú degustación con caviar y los demás tuvieran que compartir una ración de bravas. Cataluña, por su parte, ha captado 3,5 millones en coste efectivo y otros 6,1 millones en entregas puntuales. El País Vasco no solo ha vaciado la hucha, sino que ha hecho un shopping completo: desde Cercanías y salvamento marítimo hasta la gestión de subsidios por nacimiento y permisos de trabajo para extranjeros. Incluso han ampliado la Inspección de Trabajo y la gestión penitenciaria. Mientras tanto, Navarra se conforma con tres acuerdos sobre carreteras y un abono de 44.471,51 euros que, para colmo, se descontarán de lo que ellos mismos pagan al Estado. Cataluña ha preferido el control del terreno, blindando el Canal Xerta-Sénia y la primera línea de costa. En el reparto de personal, 54 funcionarios cambiaron de jefe: 36 a Galicia y 18 al País Vasco. Las otras 15 comunidades? Ni un solo empleado. Un silencio administrativo ensordecedor.
Hacerse el sueco es un arte, pero el FC Barcelona lo ha elevado a categoría de museo. La trama es tan delirante que parece escrita por un guionista de comedias negras: el club negó tres veces por escrito a Hacienda que tuviera los informes de José María Enríquez Negreira, para luego sacarlos del cajón justo cuando el agua les llegaba al cuello en el juzgado. Es la clásica maniobra de quien dice que ha perdido las llaves de casa mientras las tiene en la mano, solo para evitar que el inspector vea qué hay dentro de la vivienda. Entre 2001 y 2018, el Barça soltó 8,4 millones de euros —una cifra que haría llorar a cualquier autónomo que intenta deducirse un café— por unos servicios que, según ellos, eran humo. El 27 de febrero de 2020 dijeron que no encontraban nada. El 18 de febrero de 2021, Óscar Grau firmó que desconocían quién redactaba los informes. Y el 8 de noviembre de 2021, María Isabel Meléndez Crespo insistió en que el contrato era verbal y que los responsables ya no estaban en la plantilla. Básicamente, aplicaron la técnica de 'aquí no ha pasado nada y yo no sé nada'. Pero llegó el 17 de abril de 2023 y, ¡milagro! Joan Laporta apareció en rueda de prensa exhibiendo 629 informes técnicos y 43 CDs, como quien encuentra un tesoro pirata en el sótano. Resulta que una auditoría de 'compliance' logró localizar lo que la administración del club, con toda su maquinaria, no veía durante años. Todo este juego de sombras empezó porque Hacienda les pidió cuentas por deducciones fiscales y les pasó una factura de 600.000 euros en cuotas e intereses. Ahora, ese 'olvido' selectivo ha terminado en los despachos de la FIFA y la UEFA mediante el Informe Pelícano 2.0. Al final, el Barça ha demostrado que tiene una memoria selectiva envidiable: borran el pasado cuando Hacienda pregunta y lo recuperan cuando el juez amenaza.
Hay quienes creen que para mover un papel en la administración hace falta paciencia; otros saben que solo hace falta el teléfono adecuado y un chat secreto. La 'trama Leire' no usaba WhatsApp porque, vamos, no son aficionados; prefirieron Threema para montar su propio club VIP llamado 'Hirurok'. Mientras el ciudadano medio pelea con la burocracia por una licencia de terraza, Leire Díez, Vicente Fernández y Joseba Antxon Alonso se dedicaban a aceitar los engranajes del Estado entre 2021 y 2023. El modus operandi era sencillo: convertir la influencia pública en billetes, moviendo una maquinaria de 132,9 millones de euros en operaciones que olían a cerrado. En este tablero, Santos Cerdán aparece como la pieza clave para 'despejar problemas'. La UCO ha desenterrado correos donde el expresidente de la SEPI, Vicente Fernández (el tal «Vct»), preparaba el terreno para que Cerdán intercediera ante el Ministerio de Teresa Ribera. El objetivo era que Forestalia, la joya de Fernando Samper, saltara el muro de los ayuntamientos y consiguiera autorizaciones directas para sus líneas de transporte. Es el clásico 'atajo' corporativo: mientras tú esperas meses un turno médico, ellos coordinan comidas en Zaragoza el 12 de julio de 2021 para que los papeles fluyan. El botín no era precisamente calderilla. La trama habría cobrado más de 750.000 euros en comisiones, una cifra que hace que cualquier sueldo medio parezca un juego de niños. El ejemplo más brillante de esta ingeniería financiera es la ayuda de 17,3 millones de euros que Sepides le soltó a Arapellet, filial de Forestalia, en diciembre de 2022. Todo estaba coordinado: desde el chat 'Hirurok' hasta la promesa de 200.000 euros si la operación tenía éxito. Al final, el sistema funcionaba como un reloj: el político empuja, el empresario paga y la administración, convenientemente, mira hacia otro lado.
Hay que tener valor para jugar al Monopoly con la nacionalidad española. Mientras el ciudadano medio tiene que pelearse con la burocracia hasta que le salgan canas para renovar un pasaporte, en los despachos del Ministerio de Justicia se practicaba la 'alta costura' legislativa. Resulta que el 25 de octubre de 2022, Sofía Puente decidió que la ley aprobada por el Congreso el 14 de julio y ratificada por el Senado el 6 de octubre era demasiado estrecha y necesitaba un 'retoque' para que cupieran más invitados. Sin avisar a la entonces ministra Pilar Llop —que parece que estaba en modo avión mientras su propia estructura trabajaba a sus espaldas—, Sofía Puente redactó una instrucción desde la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública. El truco fue maestro: la ley hablaba de hijos y nietos, pero la instrucción de Puente decidió que eso era solo una sugerencia. Convirtió la norma en un efecto dominó donde, si el abuelo conseguía el papel, el bisnieto y hasta el tataranieto del siglo XIX podían colarse en la fiesta. Una ingeniería financiera de la ciudadanía donde el Parlamento es el que firma el cheque, pero la Administración es la que decide cuánto gastar. El reparto de cromos fue redondo. Félix Bolaños, arquitecto de la ley en el Ministerio de la Presidencia, acabó absorbiendo Justicia en noviembre de 2023 y, como premio a la eficiencia soterrada, ascendió a Sofía Puente a la Secretaría General para la Innovación y la Calidad del Servicio Público de Justicia. Los números del 'éxito' son delirantes: 2,6 millones de solicitudes. Argentina lidera el ranking con 1.086.082 pedidos, Buenos Aires sola se lleva 658.088. Cuba sigue con 616.408, Brasil con 199.627 y México con 129.498. A abril, ya hay 500.000 aprobaciones y 320.000 inscritos. Todo gracias a un 'ajuste de costura' hecho en la sombra.
En la Guardia Civil, la justicia parece funcionar como un menú degustación: para los jefes, platos caros y tiempos largos; para la tropa, el menú del día con la cuenta inflada. Mientras Manuel Llamas, el DAO de la Benemérita, pasea imputado por prevaricación y obstrucción a la Justicia en el caso de las 'cloacas del PSOE' sin que nadie le pida que deje la silla, hay agentes que han sido dinamitados profesionalmente por pecados mucho más ligeros. Tomemos el caso del agente de Canarias. En 2007, el tipo cometió el 'crimen' de decir que llamar embustero a José Luis Rodríguez Zapatero no era un insulto, sino la verdad. ¿El resultado? Un calvario de tres años que llegó hasta el Tribunal Supremo. Le clavaron un cese de tres meses justo el día anterior a su examen de cabo, un movimiento quirúrgico para que no ascendiera. Al final, le pidieron un año de suspensión de sueldo, aunque Joan Mesquida lo rebajó a un mes. Un castigo draconiano por una palabra, mientras que Zapatero hoy carga con imputaciones por organización criminal y unos 'joyones' valorados en 1,3 millones de euros. La lista de 'estafetas' del sistema es larga. Tenemos a Serviliano Valencia, sancionado en 2025 por mirar la matrícula del coche de Puigdemont, o a Braulio J. Calvo, a quien suspendieron cuatro meses por consultar el DNI de su hermano desaparecido (un caso que la justicia archivó al instante). Luego está Ángel Iglesias, que perdió su especialidad de TEDAX por denunciar que el material de seguridad estaba roto. La paradoja es obscena: si eres el DAO, puedes estar imputado y seguir mandando. Si eres un guardia con 28 años de servicio y seis condecoraciones, decir que el presidente miente puede costarte el ascenso y la tranquilidad. Ahora, la pelota está en el tejado de Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. ¿Aplicarán el mismo rasero o el DAO seguirá disfrutando de la inmunidad del despacho?
Comentarios