En la Guardia Civil, la justicia parece funcionar como un menú degustación: para los jefes, platos caros y tiempos largos; para la tropa, el menú del día con la cuenta inflada. Mientras Manuel Llamas, el DAO de la Benemérita, pasea imputado por prevaricación y obstrucción a la Justicia en el caso de las 'cloacas del PSOE' sin que nadie le pida que deje la silla, hay agentes que han sido dinamitados profesionalmente por pecados mucho más ligeros.
Tomemos el caso del agente de Canarias. En 2007, el tipo cometió el 'crimen' de decir que llamar embustero a José Luis Rodríguez Zapatero no era un insulto, sino la verdad. ¿El resultado? Un calvario de tres años que llegó hasta el Tribunal Supremo. Le clavaron un cese de tres meses justo el día anterior a su examen de cabo, un movimiento quirúrgico para que no ascendiera.
Al final, le pidieron un año de suspensión de sueldo, aunque Joan Mesquida lo rebajó a un mes. Un castigo draconiano por una palabra, mientras que Zapatero hoy carga con imputaciones por organización criminal y unos 'joyones' valorados en 1,3 millones de euros.
La lista de 'estafetas' del sistema es larga.
Tenemos a Serviliano Valencia, sancionado en 2025 por mirar la matrícula del coche de Puigdemont, o a Braulio J. Calvo, a quien suspendieron cuatro meses por consultar el DNI de su hermano desaparecido (un caso que la justicia archivó al instante). Luego está Ángel Iglesias, que perdió su especialidad de TEDAX por denunciar que el material de seguridad estaba roto.
La paradoja es obscena: si eres el DAO, puedes estar imputado y seguir mandando. Si eres un guardia con 28 años de servicio y seis condecoraciones, decir que el presidente miente puede costarte el ascenso y la tranquilidad. Ahora, la pelota está en el tejado de Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska.
¿Aplicarán el mismo rasero o el DAO seguirá disfrutando de la inmunidad del despacho?
Crítica:
El texto original es una sucesión de agravios comparativos muy potente, pero peca de ser demasiado dependiente de las declaraciones de la AUGC sin contrastar la versión de los mandos. Es un ejercicio de denuncia sindical más que una noticia neutral.
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