Crítica:
La noticia expone la cifra, pero omite el debate político sobre la legalidad de estos traspasos exprés. Es un inventario de concesiones disfrazado de informe administrativo.
La noticia expone la cifra, pero omite el debate político sobre la legalidad de estos traspasos exprés. Es un inventario de concesiones disfrazado de informe administrativo.
Imaginen que están jugando una partida de póker y, de repente, el crupier decide que el vecino de la mesa de al lado puede meterse en la mano con un mazo nuevo de cartas. Eso es, básicamente, lo que está pasando con la Ley de Memoria Democrática. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación y siente que su sueldo se evapora antes de llegar al día diez, el Gobierno de Pedro Sánchez ha abierto una autopista VIP para que más de un millón de personas, que no han pisado España en décadas, lleguen al Censo CERA con el carnet de votante recién estrenado. La consultora Freemarket no se anda con rodeos: estamos ante una 'distorsión cuantitativa'. Traducido al lenguaje de la calle: un sablazo electoral. No hablamos de fantasmas, sino de números reales. Ya hay 310.000 personas que han completado el trámite definitivo y están listas para pulsar el botón en las urnas. Pero eso es solo el aperitivo. Hay 545.000 expedientes con resolución favorable y un alud de 2,4 millones de solicitudes que colapsaron la red consular hasta el 22 de octubre de 2025. El objetivo final es un ejército de entre 1,2 y 1,3 millones de nuevos electores. Para ponerlo en perspectiva, el Censo CERA de julio de 2023 tenía 2.328.261 ciudadanos. Meterle un millón y pico más es como añadirle un piso entero a un edificio que ya estaba lleno; la estructura empieza a crujir. Y el 'granero' está claro: Argentina lidera la carga con el 40% de las solicitudes, seguida de Cuba (12%), Brasil (11%) y México (9-10%). Una ingeniería demográfica que promete volatilidad en el reparto de escaños mientras la administración del Estado en el exterior intenta no ahogarse en un mar de partidas de nacimiento y formularios.
Hacerse el sueco es un arte, pero el FC Barcelona lo ha elevado a categoría de museo. La trama es tan delirante que parece escrita por un guionista de comedias negras: el club negó tres veces por escrito a Hacienda que tuviera los informes de José María Enríquez Negreira, para luego sacarlos del cajón justo cuando el agua les llegaba al cuello en el juzgado. Es la clásica maniobra de quien dice que ha perdido las llaves de casa mientras las tiene en la mano, solo para evitar que el inspector vea qué hay dentro de la vivienda. Entre 2001 y 2018, el Barça soltó 8,4 millones de euros —una cifra que haría llorar a cualquier autónomo que intenta deducirse un café— por unos servicios que, según ellos, eran humo. El 27 de febrero de 2020 dijeron que no encontraban nada. El 18 de febrero de 2021, Óscar Grau firmó que desconocían quién redactaba los informes. Y el 8 de noviembre de 2021, María Isabel Meléndez Crespo insistió en que el contrato era verbal y que los responsables ya no estaban en la plantilla. Básicamente, aplicaron la técnica de 'aquí no ha pasado nada y yo no sé nada'. Pero llegó el 17 de abril de 2023 y, ¡milagro! Joan Laporta apareció en rueda de prensa exhibiendo 629 informes técnicos y 43 CDs, como quien encuentra un tesoro pirata en el sótano. Resulta que una auditoría de 'compliance' logró localizar lo que la administración del club, con toda su maquinaria, no veía durante años. Todo este juego de sombras empezó porque Hacienda les pidió cuentas por deducciones fiscales y les pasó una factura de 600.000 euros en cuotas e intereses. Ahora, ese 'olvido' selectivo ha terminado en los despachos de la FIFA y la UEFA mediante el Informe Pelícano 2.0. Al final, el Barça ha demostrado que tiene una memoria selectiva envidiable: borran el pasado cuando Hacienda pregunta y lo recuperan cuando el juez amenaza.
Hay quienes creen que para mover un papel en la administración hace falta paciencia; otros saben que solo hace falta el teléfono adecuado y un chat secreto. La 'trama Leire' no usaba WhatsApp porque, vamos, no son aficionados; prefirieron Threema para montar su propio club VIP llamado 'Hirurok'. Mientras el ciudadano medio pelea con la burocracia por una licencia de terraza, Leire Díez, Vicente Fernández y Joseba Antxon Alonso se dedicaban a aceitar los engranajes del Estado entre 2021 y 2023. El modus operandi era sencillo: convertir la influencia pública en billetes, moviendo una maquinaria de 132,9 millones de euros en operaciones que olían a cerrado. En este tablero, Santos Cerdán aparece como la pieza clave para 'despejar problemas'. La UCO ha desenterrado correos donde el expresidente de la SEPI, Vicente Fernández (el tal «Vct»), preparaba el terreno para que Cerdán intercediera ante el Ministerio de Teresa Ribera. El objetivo era que Forestalia, la joya de Fernando Samper, saltara el muro de los ayuntamientos y consiguiera autorizaciones directas para sus líneas de transporte. Es el clásico 'atajo' corporativo: mientras tú esperas meses un turno médico, ellos coordinan comidas en Zaragoza el 12 de julio de 2021 para que los papeles fluyan. El botín no era precisamente calderilla. La trama habría cobrado más de 750.000 euros en comisiones, una cifra que hace que cualquier sueldo medio parezca un juego de niños. El ejemplo más brillante de esta ingeniería financiera es la ayuda de 17,3 millones de euros que Sepides le soltó a Arapellet, filial de Forestalia, en diciembre de 2022. Todo estaba coordinado: desde el chat 'Hirurok' hasta la promesa de 200.000 euros si la operación tenía éxito. Al final, el sistema funcionaba como un reloj: el político empuja, el empresario paga y la administración, convenientemente, mira hacia otro lado.
Hay que tener valor para jugar al Monopoly con la nacionalidad española. Mientras el ciudadano medio tiene que pelearse con la burocracia hasta que le salgan canas para renovar un pasaporte, en los despachos del Ministerio de Justicia se practicaba la 'alta costura' legislativa. Resulta que el 25 de octubre de 2022, Sofía Puente decidió que la ley aprobada por el Congreso el 14 de julio y ratificada por el Senado el 6 de octubre era demasiado estrecha y necesitaba un 'retoque' para que cupieran más invitados. Sin avisar a la entonces ministra Pilar Llop —que parece que estaba en modo avión mientras su propia estructura trabajaba a sus espaldas—, Sofía Puente redactó una instrucción desde la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública. El truco fue maestro: la ley hablaba de hijos y nietos, pero la instrucción de Puente decidió que eso era solo una sugerencia. Convirtió la norma en un efecto dominó donde, si el abuelo conseguía el papel, el bisnieto y hasta el tataranieto del siglo XIX podían colarse en la fiesta. Una ingeniería financiera de la ciudadanía donde el Parlamento es el que firma el cheque, pero la Administración es la que decide cuánto gastar. El reparto de cromos fue redondo. Félix Bolaños, arquitecto de la ley en el Ministerio de la Presidencia, acabó absorbiendo Justicia en noviembre de 2023 y, como premio a la eficiencia soterrada, ascendió a Sofía Puente a la Secretaría General para la Innovación y la Calidad del Servicio Público de Justicia. Los números del 'éxito' son delirantes: 2,6 millones de solicitudes. Argentina lidera el ranking con 1.086.082 pedidos, Buenos Aires sola se lleva 658.088. Cuba sigue con 616.408, Brasil con 199.627 y México con 129.498. A abril, ya hay 500.000 aprobaciones y 320.000 inscritos. Todo gracias a un 'ajuste de costura' hecho en la sombra.
En la Guardia Civil, la justicia parece funcionar como un menú degustación: para los jefes, platos caros y tiempos largos; para la tropa, el menú del día con la cuenta inflada. Mientras Manuel Llamas, el DAO de la Benemérita, pasea imputado por prevaricación y obstrucción a la Justicia en el caso de las 'cloacas del PSOE' sin que nadie le pida que deje la silla, hay agentes que han sido dinamitados profesionalmente por pecados mucho más ligeros. Tomemos el caso del agente de Canarias. En 2007, el tipo cometió el 'crimen' de decir que llamar embustero a José Luis Rodríguez Zapatero no era un insulto, sino la verdad. ¿El resultado? Un calvario de tres años que llegó hasta el Tribunal Supremo. Le clavaron un cese de tres meses justo el día anterior a su examen de cabo, un movimiento quirúrgico para que no ascendiera. Al final, le pidieron un año de suspensión de sueldo, aunque Joan Mesquida lo rebajó a un mes. Un castigo draconiano por una palabra, mientras que Zapatero hoy carga con imputaciones por organización criminal y unos 'joyones' valorados en 1,3 millones de euros. La lista de 'estafetas' del sistema es larga. Tenemos a Serviliano Valencia, sancionado en 2025 por mirar la matrícula del coche de Puigdemont, o a Braulio J. Calvo, a quien suspendieron cuatro meses por consultar el DNI de su hermano desaparecido (un caso que la justicia archivó al instante). Luego está Ángel Iglesias, que perdió su especialidad de TEDAX por denunciar que el material de seguridad estaba roto. La paradoja es obscena: si eres el DAO, puedes estar imputado y seguir mandando. Si eres un guardia con 28 años de servicio y seis condecoraciones, decir que el presidente miente puede costarte el ascenso y la tranquilidad. Ahora, la pelota está en el tejado de Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. ¿Aplicarán el mismo rasero o el DAO seguirá disfrutando de la inmunidad del despacho?
Imaginen que el capitán de un barco que se encarga de cobrar las multas de todo el barrio decide saltar por la borda un miércoles y, para colmo, el dueño del barco no dice quién lleva el timón. Eso es exactamente lo que ha pasado el 2 de julio de 2026 en la Agencia Estatal de Administración Tributaria. Soledad Fernández ha soltado el mando y ha dejado un vacío que, según la Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE), huele a chamuscado. Para los inspectores, que suelen tener el olfato entrenado para detectar irregularidades, este 'impasse' no es un simple descuido administrativo; es un silencio ensordecedor. Resulta, digamos, 'curioso' que no haya un sucesor designado mientras el Ministerio de Hacienda se encierra a puerta cerrada con la Generalitat de Cataluña. Es como si en tu comunidad de vecinos decidieran subir la cuota del ascensor en una reunión secreta y luego te dijeran que 'no hay datos' sobre el acuerdo. La IHE no se anda con rodeos y ha lanzado un comunicado a THE OBJECTIVE donde básicamente dice que las explicaciones oficiales son un cuento chino. El miedo real no es que falte un jefe, sino que el tablero se esté repartiendo a traición. Los funcionarios temen que la Agencia Tributaria acabe fragmentada, como quien divide una pizza en trozos desiguales para contentar a un socio incómodo, cediendo competencias a Cataluña y trastocando las oposiciones. Piden profesionalidad y autonomía, pero en el lenguaje de la calle, lo que están pidiendo es que no conviertan la recaudación de impuestos en una moneda de cambio política donde la meritocracia sea la primera víctima del sacrificio.
En el mundo de la administración pública, la eficiencia suele ser un mito urbano, pero para Air Europa fue una autopista sin peajes. Mientras el ciudadano medio espera meses por una ayuda mínima, el Gobierno de Pedro Sánchez decidió que la aerolínea de la familia Hidalgo necesitaba un 'pase VIP'. Bartolomé Lora Toro, el número dos de la SEPI, ha confesado ante el juez José María Escribano que hubo reuniones previas con Globalia en junio y julio de 2020. Dice que era para 'agilizar' el trabajo. Claro, agilizarlo tanto que el rescate de 475 millones de euros se cocinó en solo 70 días, mientras que el resto de mortales esperaban una media de 355 días. Es la diferencia entre ir en fila en el supermercado y tener la llave de la caja registradora. La ingeniería financiera fue digna de un manual de malabarismos. Para evitar que Bruselas pusiera la nariz en el asunto, fraccionaron la ayuda en dos créditos: uno de 240 y otro de 235 millones. ¿El truco? No pasar la barrera de los 250 millones que obligaba a pedir permiso a la Comisión Europea. Un sablazo dividido para que no saltara la alarma. Mientras tanto, la UCO descubrió que Víctor de Aldama, el comisionista que orbitaba alrededor de José Luis Ábalos y Koldo García, ya había avisado a la compañía el 10 de septiembre de 2020 que el dinero estaba asegurado. El Consejo de Ministros tardó ocho semanas más en firmar, el 3 de noviembre, solo para mantener las apariencias. Lo más surrealista es que Manos Limpias ha denunciado que la empresa debía casi 59 millones a Hacienda. En cualquier oficina de barrio, esa deuda te cierra la puerta; aquí, parece que fue un detalle irrelevante para recibir el flujo del FASEE. Al final, el rescate aterrizó en Air Europa Holding SLU, una sociedad creada casi al mismo tiempo que se firmaba el cheque.
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