El fútbol es el único deporte donde un gol puede provocar un infarto masivo en los departamentos financieros de media España. Mientras el país aún saborea la gloria de Ferran Torres y esa segunda estrella que ya brilla en el pecho, algunas empresas se han despertado con una resaca económica que no se quita con agua mineral.
Resulta fascinante ver cómo el marketing corporativo, ese juego de espejos donde todo es 'ganar-ganar', se convierte en un agujero contable cuando la Selección decide, efectivamente, ganar. Empecemos por OcasionPlus. Entre el 1 y el 14 de julio, decidieron jugar a la ruleta rusa con el presupuesto, prometiendo 500 euros a quien comprara un coche si España se coronaba.
Usaron a Manu Carreño como escudo publicitario, vendiéndolo como un 'fichaje', pero al final el fichaje fue el desembolso masivo de billetes que ahora tienen que soltar. Es el clásico error de cálculo: apostar contra la suerte del país para atraer clientes. Pero si queremos hablar de generosidad forzada, miremos a Conforama.
Estos elevaron la apuesta al nivel del absurdo: televisores de 75 pulgadas o más gratis si España ganaba. Eso sí, no te equivoques, no te devuelven el dinero en efectivo para que te vayas de vacaciones, sino en vales canjeables por sofás o colchones. Una jugada maestra de ingeniería financiera: te regalan la tele, pero te obligan a comprarles el sofá para poder usar el premio.
Octopus Energy también quiso jugar al buen samaritano. Entre el 11 y el 28 de junio, duplicaron el incentivo de referidos de 50 € a 100 € y prometieron cubrir la luz de la final y de los bares adheridos. Por su parte, PortAventura World prefirió el camino del sorteo, soltando 25.000 entradas a quienes adivinaron el resultado.
Y para cerrar el círculo de la ironía, Tiendas La Oportunidad también se sumó al festín de los vales. Al final, la alegría nacional ha dejado a varios directores financieros buscando desesperadamente el botón de 'deshacer' en sus hojas de Excel.
Crítica:
El texto original es una lista de promociones disfrazada de noticia. Le falta profundidad sobre el impacto real en los balances trimestrales de estas firmas.
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