'Silo' season 3's Ashley Zuckerman and Jessica Henwick share the secret to their on-screen chemistry…

Silo 3: Menos pantallas verdes y más química

cine Una ilustración conceptual de un búnker subterráneo colosal y brutalista, con escaleras infinitas que se pierden en la oscuridad. En primer plano, dos siluetas elegantes de los años 50 caminando entre escombros de una ciudad irradiada, contrastando la opulencia del poder político con la desolación de un mundo post-apocalíptico. Estilo cinematográfico, tonos ocres y cenizos, iluminación dramática.

Hay algo profundamente cómico en ver a la industria del entretenimiento intentar vendernos la 'magia orgánica' mientras Apple TV gasta presupuestos que harían palidecer al Tesoro Público. En la tercera temporada de 'Silo', nos venden el romance entre el congresista Daniel Keene (Ashley Zukerman) y la periodista Helen Drew (Jessica Henwick) como un rayo divino.

Según Zukerman, la química 'estaba ahí', sin esfuerzo, como quien encuentra un billete de cincuenta euros en un pantalón viejo. Mientras nosotros peleamos con la factura de la luz, ellos pasaron cuatro meses rodando a diario, apoyándose mutuamente en un entorno donde el respeto era 'incondicional'.

Un lujo emocional que solo se permite quien no tiene que preocuparse por el precio del alquiler. La trama nos lanza 352 años atrás, a los 'Tiempos Anteriores', situándonos en un Washington D.C. irradiado por una bomba sucia. Allí, entre cenizas y cenas románticas, Keene y Drew orquestan en Georgia un proyecto de búnkeres de supervivencia tan colosal que hace que cualquier obra pública de nuestro ayuntamiento parezca un castillo de naipes.

Henwick, para dar vida a Helen, recurrió a sus recuerdos de redactora escolar a los 14 años y a su manía de interrogar a todo el mundo al estilo de la Inquisición Española. Lo más fascinante es la oda al 'set real'. Mientras la mayoría de las series actuales son básicamente actores hablando con pelotas de tenis sobre palos frente a una pantalla verde, 'Silo' ha construido escenarios físicos masivos.

Zukerman admite que debe obligarse a 'sentir asombro' ante la escala de la operación, porque ya se acostumbró a vivir en esa realidad alternativa. Bajo la producción ejecutiva de Graham Yost y basada en las noveles de Hugh Howey, la serie nos recuerda que, para salvar a la humanidad, primero hace falta un presupuesto infinito y un casting que se lleve bien sin tener que leer un manual de instrucciones.

Crítica:

Es básicamente una nota de prensa disfrazada de entrevista para inflar el ego de los actores. No aporta profundidad narrativa, solo anécdotas tibias sobre 'sentirse cómodos' en el set.

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