Crítica:
El texto original es un ejercicio de nostalgia inofensiva que ignora la profundidad del comentario social sobre la vejez. Se queda en la superficie del 'recuerdo' sin diseccionar la crudeza del concepto.
El texto original es un ejercicio de nostalgia inofensiva que ignora la profundidad del comentario social sobre la vejez. Se queda en la superficie del 'recuerdo' sin diseccionar la crudeza del concepto.
Hay amores que son como intentar pagar una cena de lujo con cupones caducados: mucha voluntad, pero el resultado es ridículo. 'Superman Returns', que cumple 20 años este fin de semana, es exactamente eso. Bryan Singer decidió que la mejor forma de innovar era no innovar nada, convirtiendo la película en una carta de amor tan empalagosa que casi requiere insulina. El director se obsesionó tanto con el legado de Richard Donner y su cinta de 1978 que prohibió tocar una sola nota de la música de John Williams; John Ottman quiso retocar un flautín y Singer básicamente le puso el freno de mano. La película es un Frankenstein narrativo. Pretende ser una secuela de 'Superman II', ignorando que 'Superman III' y 'Superman IV' existieron (un movimiento tan común en Hollywood como borrar la deuda de la tarjeta de crédito fingiendo amnesia). Nos venden que han pasado cinco años, pero la acción salta de 1985 a 2006 sin despeinarse. Mientras tanto, DC intentaba desesperadamente dejar de sangrar después de los desastres de 'Batman & Robin' (1997) y 'Catwoman' (2004), viendo cómo Marvel se llevaba todo el pastel con 'X-Men' y 'Spider-Man'. El resultado fue un híbrido extraño: Brandon Routh hace un Superman melancólico que parece que acaba de perder el perro, y Kevin Spacey interpreta a un Lex Luthor que se cree el dueño de la inmobiliaria más malvada del mundo. La cinta recaudó 391 millones de dólares, quedando novena en el ranking del año, por detrás de 'The Da Vinci Code' y hasta de 'X-Men: The Last Stand'. Warner Bros miró la cifra, comparó el esfuerzo con la rentabilidad y decidió que no había presupuesto para más nostalgia. Al final, nos quedó una historia donde un niño lanza un piano y Lois Lane es rescatada por un fax. Muy 2006, efectivamente.
Steven Spielberg ha vuelto a mirar al cielo, pero esta vez parece que se ha distraído con el catecismo. 'Disclosure Day' llega a los cines con la promesa de un encuentro cercano, pero termina siendo un híbrido extraño entre una persecución de presupuesto infinito y una charla de confirmación parroquial. Tenemos a Daniel Kellner (Josh O'Connor), un experto en ciberseguridad que huye de los malos, y a Margaret Fairchild (Emily Blunt), una meteoróloga que, por un giro del destino, se convierte en la antena receptora de sabiduría alienígena. Todo esto mientras la corporación Wardex, liderada por un Noah Scanlon (Colin Firth) que es más elegante que un traje de seda pero con la peligrosidad de un gatito, intenta detenerlos. La trama se mueve como quien intenta montar un mueble de IKEA sin instrucciones: hay piezas que no encajan. La Wardex tiene la capacidad operativa de una panadería de barrio; sus 40 guardias armados son incapaces de ver a un hombre escondido detrás de una valla de madera que es, básicamente, un colador. Es el típico 'peligro moderado' de película infantil donde el villano es más un estorbo que una amenaza real. Pero lo que realmente dinamita la película es su obsesión teológica. Jane Blankenship (Eve Hewson), una exmonja, clava una cruz en su mano mientras Scanlon recita escrituras. Es tan obvio que duele, como si Spielberg quisiera darnos una lección de religión mientras nos vende palomitas. Entre la música evocadora de John Williams y unos planos generales que te dejan respirando, la película intenta preguntarse si Dios ama a los marcianos. Un dilema que suena a conversación de bar a las tres de la mañana. Al final, nos queda un CGI animal un poco cutre y una moraleja sobre la compasión que es tan dulce que llega a empalagar. Es un paseo agradable, pero con la profundidad de un charco después de una llovizna.
Apple TV se ha lanzado a la piscina con 'Star City', un spin-off de 'For All Mankind' que nos traslada a la comunidad soviética de los años 60 y 70. Es el clásico escenario de 'historia alternativa' donde el espionaje, la tortura y los triángulos amorosos se sirven calientes, como si fueran el menú del día en una cafetería de barrio. Mientras nosotros nos peleamos con la factura de la luz, en la serie vemos a Lakshmi Chadha, interpretada por Priya Kansara, una científica aeroespacial india que llega a Star City para un proyecto secreto bajo las órdenes del Jefe Diseñador (Rhys Ifans) para la misión Venera-7 hacia Venus. El contraste es delicioso: Kansara usa ropa colorida y el Sindoor rojo en la frente para marcar que es la 'extraña' en un entorno tan gris y anodino que hace que un lunes de lluvia en noviembre parezca un carnaval. Por otro lado, tenemos a Josef Davies, que se pone la piel de un Sergei Nikulov joven, el ingeniero que luego conoceríamos en la serie original como el director de Roscosmos y el cómplice de Margo Madison en secretos que salieron carísimos. Davies confiesa que para entrar en personaje necesitaba que la corbata le apretara el cuello; un detalle curioso, porque en la vida real, esa sensación de asfixia es la que tenemos los usuarios al ver las suscripciones mensuales de streaming. Entre misiones arriesgadas y la precisión mecánica de los relojes de la época, la serie intenta vendernos que el espacio era el único lugar donde no importaba el color de tu piel, siempre y cuando fueras lo suficientemente brillante para no explotar en el lanzamiento. Todo esto ya está disponible en Apple TV, recordándonos que el pasado soviético era, básicamente, un agujero negro de secretos y ropa aburrida.
Treinta años después, 'The Arrival' (1996) resuena como un eco profético en la era de los UAPs y el Disclosure Day de Spielberg. Mientras el mundo se obsesiona con avistamientos, la película de David Twohy, con un Charlie Sheen con barba que parece salido de un videoclip grunge, nos recuerda que la paranoia no es nueva. Zane Zaminsky, un astrónomo obsesionado con encontrar vida extraterrestre, intercepta una señal de Wolf 336, a 14 años luz de distancia. Pero en lugar de gloria científica, se encuentra con un agujero negro burocrático en la NASA, liderado por el cínico Phil Gordian (Ron Silver), que prefiere silenciar la verdad a afrontarla. La película, que costó 25 millones de dólares y apenas recaudó 14 en taquilla – menos que una buena cena para un estudio de Hollywood – se quedó eclipsada por el estruendo de 'Independence Day'. Pero ahora, con el Congreso desvelando imágenes de fenómenos aéreos no identificados, 'The Arrival' se siente inquietantemente actual. Zaminsky, perseguido como un loco, descubre que los aliens no vienen a conquistar, sino a ajustar el termostato del planeta. Y la base de su operación no es una nave espacial, sino una central eléctrica en México, diseñada para hacer de la Tierra un sauna intergaláctico. Los efectos especiales, cortesía de Pacific Data Images (PDI), pioneros de la animación digital, envejecieron mejor que algunos políticos. La fotografía de Hiro Narita, que antes había trabajado en 'Star Trek VI', le da a la película un aire claustrofóbico y realista, como si la invasión estuviera ocurriendo en tu propia calle. 'The Arrival' es un thriller de ciencia ficción inteligente, una joya infravalorada que anticipó el auge de la cultura OVNI y la desconfianza en las instituciones. Una película que, en resumen, te hará mirar al cielo con más recelo… y quizás, con un poco de miedo.
Jason Momoa aterriza en el Universo Extendido de DC como Lobo, el cazarrecompensas intergaláctico con un currículum vitae más turbio que el agua del grifo. Olvídate de héroes con capa y moralina; Lobo es el tipo que destruyó su planeta natal por puro aburrimiento, usando una plaga de escorpiones mutantes. Sí, has leído bien. Y no se arrepiente. Este 'Main Man', como le llaman, no es un simple matón espacial; es un políglota con 17,897 idiomas en su haber, experto en crear venenos letales y un amante de los puros baratos y la cerveza aún más barata. Su 'space hog', una moto más rápida que la luz, lo lleva de planeta en planeta a cobrar comisiones por cazar desde criminales hasta superhéroes, todo con una sonrisa sádica. El personaje, creado en 1983, explotó en popularidad en los 90 con una serie limitada que le dio su icónico look de cuero. Ahora, Momoa, después de ser Aquaman y Conan, se prepara para dar vida a Lobo en 'Supergirl' (¡en 2026!), una película que podría eclipsar a la propia Kara Zor-El. No es la primera vez que Lobo sale de las páginas del cómic: ya tuvo cameos en series animadas y una breve aparición en 'Krypton'. Pero esta vez, con Momoa al mando, las apuestas son altas. Porque Lobo no es un villano, ni un héroe... es un caos con un sentido del humor retorcido y una capacidad para regenerarse de una sola gota de sangre. Un tipo que podría darle una paliza a Superman, si le apetece.
Camila Mendes, la chica de Riverdale, ha cambiado los dramas adolescentes por el acero y la valentía en 'Masters of the Universe'. Olvídate de los batidos en Pop’s Chock’lit Shoppe; ahora se dedica a repartir mofletes con una espada. La actriz confiesa que interpretar a Teela, capitana de la Guardia Real en Eternia, fue más que un papel: una transformación física y emocional. No es que se haya apuntado a un gimnasio de barrio, no. Mendes se sometió a un entrenamiento exhaustivo, desde levantamiento de pesas hasta coreografías de lucha con rifles-bastón. “Me sentía literalmente convirtiéndome en Teela”, asegura, como quien dice que se le ha agotado la tarjeta de crédito en el súper. La clave del personaje, según Mendes, reside en una infancia robada, una responsabilidad temprana que la ha endurecido. Esa “hija mayorizada” a la que todos conocemos, que termina cuidando de todos, incluso de sí misma. La relación con su padre, Duncan (Idris Elba), está lejos de ser un cuento de hadas. Resentimientos a flor de piel, un pasado que pesa como una losa. Pero no todo es batalla y drama. La conexión con Adam, alias He-Man, es más de “compañeros de patio” que de romance. Una amistad forjada en mil vidas, en mundos distintos, que intenta superar la incomodidad de crecer juntos. El filme, que se estrena el 5 de junio de 2026, promete una mezcla explosiva de ciencia ficción, fantasía, comedia y nostalgia ochentera. Y Mendes, después de lidiar con viajes en el tiempo y dimensiones paralelas en ‘Riverdale’, parece haber encontrado su lugar en el universo de He-Man, empuñando espadas y demostrando que, a veces, el verdadero poder reside en la vulnerabilidad. La preparación, según la actriz, fue fundamental para encarnar a la guerrera. Entrenamiento con dobles de riesgo, manejo de armas... Un trabajo duro que ha valido la pena, al parecer.
Apple TV se prepara para lanzar 'Star City' el 29 de mayo de 2026. Olvídate de Neil Armstrong y del “pequeño paso”. Aquí, la Unión Soviética ya había plantado bandera en la Luna, y la carrera espacial se aceleró a velocidad de vértigo. La serie nos mete de lleno en Star City, una ciudad secreta a las afueras de Moscú, donde se entrenaban los cosmonautas. Un lugar poblado de héroes, espías, científicos, y… comida insípida, según cuentan. Tras el final de la quinta temporada de 'For All Mankind', la serie original, toca ahora explorar el lado oscuro de la luna, el de la paranoia y la opresión. Rhys Ifans, conocido por sus papeles en 'House of the Dragon', interpreta al Jefe de Diseño, una suerte de Sergei Korolev soviético. Anna Maxwell-Martin, con su mirada de hielo, encarna a la implacable coronel Lyudmilla Raskova, jefa de seguridad del KGB. La serie promete ser un thriller de espías ambientado en plena Guerra Fría, donde el peligro no está en el espacio, sino en el suelo, entre micrófonos ocultos, escuchas telefónicas y el veto al rock and roll. El debut tendrá lugar a las 00:00 horas (hora del este) con dos capítulos: “Los Ojos” y “Un Oso Encadenado”. Los siguientes episodios llegarán cada viernes hasta el 10 de julio de 2026. La serie se verá exclusivamente en Apple TV+, para aquellos que tengan la suscripción al día y, si están fuera del país, una VPN que funcione. Porque, aunque llegar a Marte sea complicado, ver 'Star City' sin Apple TV es una misión imposible. La producción, a cargo de Ben Nedivi, Matt Wolpert y Ronald D. Moore, los mismos cerebros detrás de 'For All Mankind', promete un viaje al corazón de la paranoia soviética, donde cada sonrisa esconde un doble juego y cada silencio esconde un secreto.
Comentarios