Educación: España recorta mientras Europa invierte
En España, invertir en educación es como intentar llenar una piscina con un gotero mientras el vecino de arriba, el sueco, usa una manguera industrial. Según Eurostat, mientras la media de la Unión Europea se plantó en el 4,7 % del PIB en 2023, nosotros nos conformamos con un 4,34 %. Cuatro décimas que parecen calderilla, pero que en la calle se traducen en aulas que parecen museos del siglo pasado y una sensación de abandono crónico.
Lo más cínico es el paseo que hemos dado estos años. En 2019, antes de que el mundo se detuviera, estábamos en un 4,08 %. Llegó la pandemia y, entre el caos y la contracción del PIB, el gasto subió artificialmente hasta un pico del 4,72 % en 2020. Fue un espejismo. En cuanto pasó la tormenta, empezamos a recortar el grifo: 4,69 % en 2021, 4,42 % en 2022 y el actual 4,3 % en 2023. Básicamente, hemos vuelto a la dieta habitual de austeridad educativa.
El resultado es que España se ha quedado en el puesto 15, haciendo compañía a Lituania y Letonia, y mirando con envidia a Bulgaria, Portugal o Polonia. Estamos a un abismo de 2,46 puntos de Suecia, que se gasta un 6,8 % del PIB sin despeinarse, seguida de Finlandia (6,3 %) y Bélgica (6,2 %).
Entre Milagros Tolón y Pedro Sánchez se pasan la pelota con las comunidades autónomas, jugando al ping-pong de las competencias mientras el sistema se desinfla. Unos dicen que faltan becas y otros que faltan docentes, pero la realidad es que el presupuesto educativo tiene la misma prioridad que limpiar el trastero: se hace solo cuando sobra tiempo y dinero, cosa que, viendo las cifras, no ocurre nunca.
Rosa Muñoz