La Policía investiga decenas de pisos patera de ceutíes que hacen negocio con los inmigrantes

Pisos patera: el negocio sucio de Ceuta

social Una ilustración conceptual y satírica. Una llave antigua y oxidada que abre una puerta pequeña y precaria, pero la llave está hecha de oro brillante. Al fondo, la silueta de una ciudad costera bajo un sol abrasador, con sombras de personas esperando en fila. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de tensión social.

Hay quien dice que la solidaridad es un valor, pero en Ceuta algunos han decidido que es, sencillamente, un modelo de negocio rentable. Mientras el Gobierno se empeña en maquillarnos la cifra oficial asegurando que solo quedan 3.500 inmigrantes tras la avalancha del 30 y 31 de julio, la Policía Nacional y la Guardia Civil miran el mapa y ven una realidad muy distinta: unos 15.000 seres humanos repartidos entre asentamientos y los llamados 'pisos patera'.

Aquí es donde entra la ingeniería financiera de barrio. Hay locales que han visto en la desesperación una oportunidad de oro, alquilando habitaciones sin ventilación, garajes o incluso descansillos por cuotas que superan los 1.000 euros al mes. Para que nos entendamos: cobrarle 900 euros a alguien por dormir en un portal es un sablazo que haría palidecer a cualquier inmobiliaria de lujo de la capital.

Es el mercado del hambre llevado al extremo, donde el techo es un lujo y el precio es un atraco a mano armada. La hipocresía escala niveles estratosféricos cuando descubrimos que no solo se usan casas privadas. Alejandro Ramírez, consejero de Medio Ambiente y Urbanismo, ya tiene en el radar siete viviendas públicas que habrían sido desviadas para este negocio.

Y ojo, que el aroma a podrido llega hasta los despachos: fuentes policiales sugieren que incluso funcionarios de la administración estarían alquilando sus casas. Entre detenciones, como la del joven de 21 años que se embolsó 3.000 euros por meter a siete personas en una casa familiar, y la mujer marroquí que hacinaba a 15 en una habitación, la Ucrif intenta desenredar este nudo.

El negocio se ha mudado a las sombras de El Príncipe, Erquicia o La Reina, donde el silencio se compra y la miseria se alquila a precio de oro.

Crítica:

El texto original es una sucesión de datos policiales que evita profundizar en la complicidad institucional. Le falta valentía para preguntar quién más en el ayuntamiento cobra alquileres clandestinos.

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