Los acampados de Sol recaudan dinero en efectivo para los invasores de Ceuta con el lema «abajo las...

Bizum solidario en Sol: fronteras y facturas

social Una ilustración satírica que contraste dos mundos: en un lado, una tienda de campaña colorida en una plaza urbana con un cartel rústico de recaudación y un teléfono móvil mostrando una app de pagos; en el otro lado, una calle comercial vacía y triste con persianas bajadas y un libro de contabilidad con números rojos gigantes. Estilo editorial de revista, colores vibrantes frente a tonos grises.

En la Plaza de Sol, donde el aire huele a incienso y a idealismo de manual, ha florecido una curiosa especie de ventanilla bancaria sentimental. Entre tiendas de campaña y pancartas que empezaron hablando de la vivienda y del caso de Maricarmen, ahora se recauda dinero para los migrantes que entraron masivamente en Ceuta el pasado 30 de julio.

El sistema es sencillo, casi artesanal: un cartón escrito a mano que pide aportaciones en efectivo y, para los que no salen de casa sin el móvil, el infalible Bizum. Todo bajo el mantra de «¡Abajo las fronteras!», una consigna que suena preciosa en el centro de Madrid, pero que tiene un eco muy distinto en el terreno. Mientras en Sol se organizan «talleres antirrepresivos» y charlas sobre perspectivas antirracistas, en la ciudad autónoma la realidad no se lee en cartones, sino en balances contables que dan miedo.

La Cámara de Comercio de Ceuta ha soltado la cifra del sablazo: 33.038.768 euros en pérdidas económicas directas entre finales de julio y agosto. Es una cantidad que no cabe en un Bizum. Según los datos de 302 empresas, el comercio se ha desplomado un 53% y la hostelería un 50,7%. Es la eterna danza de la solidaridad selectiva.

En el puesto de Sol hay comida y bebida con aportación voluntaria, pero el radar de la empatía parece tener un punto ciego: los residentes y empresarios ceutíes que vieron cómo sus fiestas patronales y sus reservas de verano se evaporaban. No hay carteles para el hostelero que cerró el negocio ni para la familia que perdió su ingreso mensual.

El dinero fluye hacia un destinatario concreto, sin que nadie se moleste en explicar quién gestiona la hucha ni dónde termina el dinero. Una ingeniería de la bondad muy cómoda, siempre que se haga desde el asfalto madrileño y no desde la primera línea de fuego.

Crítica:

La noticia expone el contraste económico con precisión quirúrgica, aunque deja en el aire la identidad de los organizadores de la colecta. Es un ejercicio de ironía involuntaria donde el dato duro aplasta la narrativa romántica.

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