Un guardia civil de Tráfico habla del estado de las carreteras: «No existe ningún mantenimiento, este año ni las limpian»

Carreteras españolas: un rally de baches

social Una carretera española surrealista donde el asfalto se agrieta formando un mapa antiguo, con vegetación salvaje invadiendo los carriles y un coche moderno saltando sobre un bache gigante. Estilo cinematográfico, iluminación dramática de atardecer, enfoque en la textura degradada del suelo.

Viajar por España se ha convertido en una especie de rally extremo donde el premio no es un trofeo, sino llegar vivo a casa. Mientras el discurso oficial nos vende una infraestructura de vanguardia, la realidad es que nuestras carreteras parecen el escenario de una película post-apocalíptica.

El último estudio de la Asociación Española de Carreteras de julio de 2025 es un jarro de agua fría: de los 160.000 kilómetros de red nacional, unos 54.000 están en estado lamentable o deficiente. Es decir, un tercio del asfalto es, básicamente, una trampa para ratones con ruedas. Lo más delirante es que 34.000 kilómetros necesitan una intervención urgente para que conducir no sea un deporte de riesgo.

Según el informe, no estábamos tan mal desde los años 80; hemos tardado cuatro décadas en volver a la era de los baches prehistóricos. Un guardia civil de tráfico, que ve el desastre cada día, confiesa en petit comité que este año el mantenimiento ha desaparecido. Si antes había operarios parcheando socavones, ahora hay un silencio sepulcral.

Es como si el presupuesto para el asfalto se hubiera esfumado en una gestión creativa de fondos. La hipocresía alcanza su pico cuando vemos que el Estado posee solo el 50% de las vías, pero por ellas circula el 70% del tráfico. El resultado es una lotería rusa: o te tragas un bache que te deja la suspensión en el arcén, o das un volantazo para esquivarlo y acabas saludando al conductor del carril contrario.

Para rematar, las barredoras han pasado a ser leyendas urbanas; la vegetación crece tanto que ya no solo tapa las señales, sino que ha provocado incendios, como el de San Martín de Valdeiglesias. Básicamente, estamos pagando peajes y tributos para conducir por senderos que darían envidia a un camino de cabras.

Crítica:

El texto original es una denuncia necesaria pero tibia que se apoya demasiado en un testimonio anónimo. Le falta preguntar directamente al Ministerio por dónde se han ido los fondos de mantenimiento.

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