El Gobierno modifica in extremis su plan de vivienda y se reserva ahora el derecho a ocultar las ayudas a desahuciados

Vivienda: el Gobierno esconde los datos

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un funcionario anónimo con traje gris sostiene una carpeta abierta llena de datos brillantes que iluminan la habitación, pero coloca una cortina de terciopelo pesado y oscuro frente a una multitud de ciudadanos que intentan mirar. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de secretismo burocrático.

Hay una magia muy particular en los pasillos del poder: la capacidad de convertir la 'honestidad' en un concepto opcional según sople el viento. El pasado 21 de abril, Isabel Rodríguez se paseó por el Consejo de Ministros vendiendo la transparencia del Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 como si fuera el Santo Grial de la democracia.

Prometió datos abiertos, luz clara y un ejercicio de sinceridad frente a los portales privados. Pero, como ocurre cuando llega la hora de pasar la factura, el Gobierno ha aplicado un giro de guion digno de telenovela barata. La Orden VAU/1167/2026 es una obra maestra de la ingeniería administrativa.

Por un lado, el Ministerio de Vivienda se pone en modo 'fiscal implacable' con las comunidades autónomas. Les exige que remitan mensualmente cada detalle, cada céntimo y cada circunstancia personal de los desahuciados. Quieren saberlo todo: ingresos, edad, sexo y hasta el color de las cortinas del beneficiario.

Es como si en tu casa te obligaran a llevar un libro de cuentas detallado de cada café que te tomas, pero el administrador del edificio decidiera que el balance final es 'información confidencial'. Aquí reside la trampa. Mientras las autonomías sudan la gota gorda alimentando el sistema a través de la Red SARA —con un margen hasta el 1 de junio de 2027 para arreglar los cables—, el artículo 9 de la norma le da a la Dirección General de Planificación y Evaluación el superpoder de decidir qué se publica y qué se guarda en el cajón.

No hay periodicidad, no hay obligación, solo 'criterios de relevancia'. En cristiano: publicaremos lo que nos haga quedar bien y esconderemos el agujero contable o la lista de espera de quienes siguen en la calle. Pedro Sánchez ha hecho de la vivienda su bandera, pero parece que la bandera ahora tiene un parche que tapa las cifras incómodas.

Crítica:

El texto original es una denuncia técnica impecable, pero el Gobierno juega con la ambigüedad legal para evitar la rendición de cuentas. Es la clásica maniobra de 'pedir todo y dar nada'.

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