Hay una elegancia casi quirúrgica en cómo el Estado gestiona la miseria. Miguel Ángel Pérez Triano, el exdelegado en Ceuta, decidió que la mejor forma de aplicar el Pacto Europeo de Migraciones y Asilo (PEMA) —ese manual de instrucciones que desde junio obliga a la UE a hacer 'triajes' para detectar vulnerabilidades— no era mejorar la acogida, sino comprar un trozo de tierra.
Porque claro, cuando la Jefatura de Policía le dijo que meter a la gente en naves industriales era un lío logístico, la solución no fue buscar dignidad, sino buscar una parcela privada con buenos enchufes.
El plan, detallado en un correo electrónico el pasado 16 de julio, era montar un campamento de carpas y módulos al estilo Ibiza, pero sin el glamour de las fiestas.
El escenario: una parcela de 2.200 metros cuadrados junto a la prisión. Un lugar idílico para que los recién llegados esperen a que la burocracia decida su suerte, ya que, mientras dura el triaje, no tienen autorización de entrada y quedan a disposición de las autoridades. Básicamente, un limbo con suministro eléctrico y saneamiento.
Los números son el combustible de esta maquinaria.
Pérez Triano advirtió que Ceuta es el epicentro de la presión migratoria. Solo en los primeros seis meses del año, 2.582 personas entraron de forma irregular, un incremento del 164% interanual que haría temblar a cualquier gestor de inventarios. A esto se suma el 'efecto nadadores' y el golpe del Tribunal Supremo, que puso freno a las devoluciones en caliente.
Ante el caos, la respuesta institucional fue pragmática: si no hay sitio en la nave, compramos un terreno y ponemos carpas. Eficiencia pura, siempre que no te toque dormir en una de ellas.
Crítica:
El texto original es una fría recopilación de correos electrónicos que oculta la deshumanización detrás de términos como 'reto logístico'. Le falta cuestionar por qué la solución siempre es un recinto cerrado y no una infraestructura de acogida real.
Comentarios