La DGT y la Comunidad de Madrid han caído en el mismo error. Ahora tienen cinco helicópteros parados y 75 millones de euros menos

Helicópteros públicos: 75 millones en tierra

politica Una ilustración satírica de un helicóptero de emergencias moderno y brillante, pero encadenado al suelo con una cadena gigante hecha de billetes de euro. Al fondo, un edificio gubernamental gris y aburrido. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera de absurdo burocrático.

Hay algo profundamente poético en que el Estado, ese ente que te multa hasta por respirar fuera de tiempo, haya logrado que cinco helicópteros se conviertan en pisapapeles gigantes. Mientras tú peleas con el banco para que no te claven una comisión por mantener la cuenta, la DGT y la Comunidad de Madrid han gestionado 75 millones de euros con la misma precisión que un niño jugando con plastilina.

El resultado: tres Pegasus en Málaga, Sevilla y Santiago de Compostela cogiendo polvo, y dos del Summa 112 en Madrid que son básicamente adornos de jardín. El culpable tiene nombre: Eliance. La empresa decidió jugar a los Monopoly en la vida real, expandiéndose a base de deuda y fondos de inversión hasta que la burbuja estalló.

Cerraron el ejercicio de 2025 con unas pérdidas de 24 millones de euros, una cifra que haría llorar a cualquier autónomo, pero que para ellos fue el preámbulo de un preconcurso de acreedores en octubre. Lo más surrealista es que en la base de Lozoyuela el aparato no vuela porque los pilotos no han podido usar el simulador para renovar su licencia.

Es decir, tenemos la máquina, tenemos al piloto, pero no hay 'monedas' para la máquina de entrenamiento. La hipocresía es el combustible de esta historia. La Comunidad de Madrid firmó en 2023 un contrato de más de cuatro millones de euros anuales durante cinco años, exigiendo que nada estuviera parado más de doce horas.

Mientras tanto, la DGT soltó 51 millones de euros por 38 meses de servicio. CCOO y UGT avisaron al Ministerio del Interior, pero parece que en los despachos el ruido de las alarmas se confunde con el del aire acondicionado. Al final, el día del desfile de las fuerzas armadas, ningún Pegasus voló.

Una imagen perfecta: desfile abajo y cielo vacío arriba, cortesía de una ingeniería financiera que terminó en aterrizaje forzoso.

Crítica:

El texto original es una sucesión de datos que no llega a gritar la negligencia administrativa. Falta que alguien pregunte quién firmó la adjudicación a una empresa que ya fallaba en Galicia y Cataluña.

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