Sánchez concedió 247 millones de euros a Marruecos y Uzbekistán para mejoras en trenes y tranvías

Sánchez: trenes brillantes fuera, ataúdes aquí

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un mapa mundi donde un grifo dorado vierte monedas de oro sobre trenes modernos y brillantes en el norte de África y Asia Central, mientras que en la península ibérica, las vías del tren están oxidadas, rotas y cubiertas de telarañas. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera de hipocresía institucional.

Hay una ironía deliciosa, casi poética, en la gestión de los raíles. Mientras en casa el 2026 se ha convertido en un año negro con dos accidentes ferroviarios mortales que dejan una estela de más de 100 fallecidos, el Gobierno de Pedro Sánchez ha jugado a ser el banquero generoso del mundo.

No es que falte dinero, es que el mapa de prioridades parece dibujado con los ojos vendados. Desde el despacho se decidió que era más urgente que el tranvía de Casablanca brillara que evitar que nuestros propios trenes se conviertan en ataúdes de acero. El 12 de abril de 2019, el Ejecutivo firmó un cheque de 190 millones de euros para el régimen de Mohamed VI.

Según Reyes Maroto, el Ministerio de Industria de entonces, era una jugada 'estratégica' para que las empresas españolas pudieran entrar en el negocio del material rodante. Básicamente, hemos financiado la infraestructura del vecino para que nuestros contratistas puedan cobrar la factura.

Un negocio redondo, siempre que no vivas en una línea ferroviaria española con mantenimiento precario. Pero la generosidad no se detuvo en el Magreb. Uzbekistán también recibió su parte del botín: 57,4 millones de euros para comprar trenes Talgo-250 y repuestos. Todo salió del Fondo para la Internacionalización de la Empresa (FIEM).

En total, 247 millones de euros que volaron hacia el exterior mientras aquí el sistema cruje. Ahora, tras la tragedia de Adamuz y el horror de este miércoles con 68 muertos más, el presidente Sánchez descubre que 'no es asumible' tener dos accidentes en un año y promete 'reforzar la inversión'.

Es el clásico movimiento de quien se da cuenta de que el techo gotea justo después de haber pagado la reforma del jardín del vecino.

Crítica:

El texto original es un despliegue de indignación efectiva, aunque omite si esos créditos reembolsables han sido ya devueltos. La paradoja entre la inversión exterior y la mortalidad interna es el núcleo, y es devastadora.

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