Solo 901 de los 163.355 nacionalizados por la ley de nietos acreditan descender del exilio y podrán votar

Ley de nietos: un censo fantasma

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un gran sello oficial de caucho que intenta aplastar una montaña de papeles desordenados. De la montaña de papeles emergen siluetas transparentes y borrosas de personas, mientras que solo un pequeño grupo de personas sólidas y reales sostiene documentos brillantes y certificados. Estilo editorial de periódico, colores sobrios con un toque de rojo irónico, fondo minimalista.

Hacer un censo electoral es, normalmente, una tarea de oficina aburrida. Pero el Gobierno ha intentado convertirlo en un acto de magia. La 'Ley de Memoria Democrática' de 2022 nació con la nobleza de devolver la patria a los nietos del exilio, pero terminó pareciendo una oferta de 'todo incluido' donde el requisito era, básicamente, haber salido de España entre julio de 1936 y diciembre de 1955.

Sin papeles, sin pruebas, solo con la palabra del Ejecutivo. Un 'pase VIP' administrativo que el Tribunal Supremo ha decidido cerrar de un portazo. Los números son el verdadero chiste de la función. De los 163.355 nacionalizados que el Gobierno quería meter en el saco electoral para el 29 de noviembre, solo 901 han sido capaces de demostrar que sus abuelos huyeron por persecución política.

Sí, han leído bien: 901 frente a más de 163.000. Es como si en una discoteca dejaran entrar a miles diciendo que son invitados VIP, pero al pedirles la invitación, solo 900 tienen el ticket. El resto eran simplemente 'optimistas' del sistema. Félix Bolaños y José Manuel Albares han tenido que jugar al escondite con los datos hasta que el Supremo les puso la pistola del plazo legal en la sien.

Tras entregar una lista parcial de 76.600 personas, finalmente soltaron la relación nominal completa ayer antes de las tres de la tarde para evitar sanciones penales. El Ejecutivo ahora intenta minimizar el ruido diciendo que esto solo supondría unos 14.000 votos, un ridículo 0,06% del total de 2023.

Pero en la política española, donde un escaño se decide por el susurro de un vecino en una provincia pequeña, intentar inflar el censo con 162.454 personas sin acreditar el exilio no es un error de cálculo; es ingeniería electoral con aroma a desesperación.

Crítica:

El texto original es demasiado amable con el Gobierno al presentar la 'presunción de exilio' como una simple interpretación administrativa. Ignora deliberadamente la intención política detrás de un censo tan laxo.

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