Hay una diferencia abismal entre el manual de instrucciones y la realidad del mostrador. Mientras que para el ciudadano de a pie conseguir una cita administrativa es como intentar ganar la lotería sin comprar el boleto, cuatro consulados españoles en Argentina —Rosario, Córdoba, Mendoza y Bahía Blanca— decidieron jugar a los ingenieros electorales.
El negocio es sencillo: si quieres la nacionalidad por la Ley de Memoria Democrática, tienes que firmar tu alta en el censo electoral antes siquiera de saber si eres español. Es como pedirle a alguien que pague la suscripción anual de un gimnasio antes de dejarle entrar a ver si tiene el cuerpo para el entrenamiento.
En Rosario, bajo la batuta de Pablo Patas Casteleiro, la lista de la compra era delirante: 11 documentos en una carpeta perfecta para el escaneo.
Lo irónico es que, mientras el exilio del antepasado pasaba a segundo plano sin pruebas rigurosas, el formulario de inscripción de residente español y la solicitud del censo de residentes ausentes eran el peaje obligatorio. Y aquí viene el truco de magia: exigían que estos papeles fueran entregados 'sin fecha' y 'sin firma'.
En cualquier oficina de barrio, entregar un documento sin firma es la receta perfecta para que te den la vuelta al mostrador y te digan que vuelvas mañana. Pero aquí, era el requisito para no perder el turno.
El Ministerio de Asuntos Exteriores ha salido al paso diciendo que todo es 'falso', envolviéndose en la manta de que cumplen las instrucciones de la JEC.
Sin embargo, el contraste con el consulado de Buenos Aires es sangrante: allí, el censo es el paso final, no la entrada al club. En el resto de provincias, se ha preferido inflar el padrón electoral con aspirantes que podrían tardar años en obtener el pasaporte, convirtiendo un trámite de identidad en una campaña de captación de votos encubierta.
Crítica:
La noticia es un bombazo de irregularidad administrativa, pero se queda corta al no cuestionar quién se beneficia electoralmente de este 'inflado' del censo. Demasiado tiempo dedicado a la bibliografía de la autora y poco al rastro del dinero o el poder detrás de la orden.
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