El Defensor del Pueblo gasta medio millón de euros en vales restaurante en dos años y dispara un 30% el gasto

Menú degustación con dinero público

politica Una ilustración satírica de un plato de comida gourmet servido sobre un montón de billetes de euro, con un sello oficial gubernamental al lado y un tenedor de plata, estilo caricatura editorial de periódico, colores contrastados, fondo de oficina burocrática gris.

Hay una ironía deliciosa en que la institución encargada de vigilar que el Estado no abuse del ciudadano sea la misma que ha decidido que comer fuera es un derecho fundamental y carísimo. Mientras el ciudadano medio hace malabares con el presupuesto para que el aceite no se convierta en un activo de lujo, el Defensor del Pueblo, bajo el mando de Ángel Gabilondo, ha decidido que el hambre es el peor enemigo de la burocracia.

En los últimos dos años, el organismo ha soltado casi medio millón de euros en vales restaurante. No es una cifra redonda para dejar pasar: 477.696 euros exactamente. Para que nos entendamos, es como si el Defensor hubiera decidido que la dieta de sus empleados es más prioritaria que la austeridad.

El salto es obsceno: pasamos de unos 185.000 euros en 2024 a un contrato con Edenred España que, sumando prórrogas, dispara el gasto un 30%. Lo más jugoso es el perfil del beneficiario. No hablamos de becarios que sobreviven a base de café y esperanza, sino de una plantilla con salarios que oscilan entre los 27.600 y los 110.400 euros anuales.

Sí, alguien que cobra más de cien mil euros al año recibe vales para que el menú del día no le duela en la cartera. Pero la maquinaria no se detiene. El 23 de octubre ya han lanzado la nueva licitación. El presupuesto base es de 240.984 euros, aunque el valor estimado escala hasta los 527.990 euros si deciden prolongar el banquete hasta 2028.

Ahora quieren tarjetas prepago, físicas o virtuales, con recargas mensuales y un servicio de atención al cliente impecable. Porque claro, perder la tarjeta del menú es una tragedia nacional que requiere una reposición en diez días. Todo esto mientras el ciudadano espera que el Defensor defienda sus derechos, aunque sea entre plato y plato.

Crítica:

La noticia es un despliegue de datos presupuestarios que oculta la verdadera pregunta: ¿es ético subvencionar comidas a sueldos de 110.000 euros? El texto se limita a informar la licitación sin cuestionar la moralidad del gasto.

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