El Gobierno eliminó el voto rogado días antes de la instrucción de Sofía Puente que retorció la Ley de Nietos

Voto rogado y nacionalidades: el truco maestro

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde las piezas son sellos oficiales y pasaportes. En un lado, una bandera de España doblada como un camino; en el otro, una mano invisible retorciendo un documento legal como si fuera una toalla. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera de despacho gubernamental oscuro con luz cenital.

Hay una coreografía política que merece un Oscar al mejor guion de ficción. El 3 de octubre de 2022, Félix Bolaños se puso la bandera de España y la de la UE al hombro para anunciar la eliminación del voto rogado. Nos vendieron que acabar con esa 'gincana' burocrática para los 2 millones de españoles en el exterior era un acto de justicia poética.

'España es hoy un poco mejor que ayer', decía el ministro, con un tono que casi rozaba lo místico. José Manuel Albares se sumó al coro en redes sociales, celebrando que ahora votar sería tan fácil como pedir una pizza a domicilio. Pero el calendario es un animal traicionero.

Apenas unos días después, el 25 de octubre de 2022, Sofía Puente —hermana del ministro Óscar Puente— decidió que la 'Ley de Nietos' era demasiado rígida y decidió 'retorcerla' mediante una instrucción administrativa. El objetivo: abrir el grifo de la nacionalidad española a Qualifier que no cumplían los requisitos estrictos.

El resultado es un agujero legal que ya ha dejado a Sofía Puente imputada por presunto prevaricación administrativa. La ironía es deliciosa y amarga a la vez. Mientras el Gobierno se llenaba la boca hablando de derechos para los españoles del exterior, en paralelo se cocinaba una nacionalización exprés para 163.000 extranjeros.

Y aquí viene el sablazo a la realidad: de 31.390 expedientes revisados, solo 91 personas pudieron acreditar el exilio de sus ascendientes. Estamos hablando de que ni el 1% cumple el espíritu de la ley. Ahora, Bolares y Albares juegan al gato y al ratón con el Tribunal Supremo, negándose a entregar los datos y arriesgándose a una multa de 1.000 euros que, para sus presupuestos, es como perder una moneda en el sofá.

Crítica:

El texto original es un despliegue de indignación que conecta dos hechos temporales, pero falla al no explicar técnicamente CÓMO se 'retorció' la ley. Es puro combustible político con datos que gritan escándalo.

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