Crítica:
La noticia es un dardo preciso, aunque se queda corta al no publicar la cifra real del Gobierno para evidenciar la magnitud del delirio.
La noticia es un dardo preciso, aunque se queda corta al no publicar la cifra real del Gobierno para evidenciar la magnitud del delirio.
Gestionar la televisión pública parece haberse convertido en un ejercicio de magia financiera donde el truco consiste en hacer desaparecer el presupuesto y hacer aparecer rescatistas. José Pablo López, el timonel de RTVE, ha vuelto a tirar de la cuerda de la SEPI para pedir una aportación extra de 90 millones de euros. De momento, ya se ha servido los primeros 30 millones, probablemente para que el Mundial de fútbol de Estados Unidos y los Juegos Olímpicos de Invierno no se vieran en blanco. Es el clásico 'sablazo' institucional: mientras el ciudadano medio mira la cuenta corriente con pánico antes de ir al súper, la cadena pública opera sin presupuestos actualizados desde 2023, navegando a ojo y con la tarjeta de crédito del Estado sin límite. La hipocresía es el plato fuerte. En el Congreso, ante las preguntas de Vicente Azpitarte y Arenales Serrano, López practicó el arte del silencio selectivo. Resulta curioso que, mientras el PP le recordaba los 163 millones ya inyectados entre 2024 y 2025 (incluyendo esos 100 millones del año 2024), el presidente de la Corporación prefiriera no admitir que ya estaba pidiendo más gasolina para el coche. Pero el verdadero agujero negro no son los contenidos, sino el pleito del IVA. El auditor de la casa habla de una cifra que roza los 1.000 millones de euros. Para evitar que RTVE se hunda en ese fango contable, el Gobierno prepara un real decreto para que la Administración pague la cuenta si Hacienda gana. Como el camino ordinario en las Cortes estaba bloqueado, han decidido irse por la puerta trasera de la Diputación Permanente, donde Junts no molesta y la mayoría es un camino despejado. Todo esto mientras UGT y el Sindicato Independiente asienten en el Comité Intercentros, esperando el nuevo contrato programa que redefine, convenientemente, qué significa 'coste neto' en el diccionario del gasto público.
Hay personas que tienen la puntualidad de un reloj suizo, y luego está nuestro protagonista, que gestiona su tiempo con una eficiencia aterradora. En menos de 20 horas, el sujeto ha logrado el hito de ser detenido dos veces por la Ertzaintza en el Casco Viejo de Bilbao. Es casi un récord de fidelidad institucional. El miércoles, pasadas las 7:30, decidió que 600 euros de una caja registradora eran el complemento ideal para su mañana. Un sablazo rápido, puerta forzada y una salida elegante que solo fue interrumpida por las cámaras de seguridad y una patrulla que lo pescó a la vuelta de la esquina. Pero aquí viene lo jugoso: el hombre, un inmigrante magrebí de 36 años, no es un novato. Tiene un currículum que ya quisiera cualquier experto en logística penitenciaria, con 27 detenciones previas en su historial. Veintisiete veces ha pasado por el proceso de 'detención, diligencias y puesta a disposición judicial'. Para cualquier ciudadano normal, el primer susto ya es trauma; para él, es un trámite administrativo, casi como ir a renovar el carné de conducir. La verdadera joya de la corona ocurrió hoy jueves a las 3:30 de la madrugada. Tras haber sido liberado la tarde anterior, el sujeto decidió que el aire libre le sentaba mal y regresó al Casco Viejo. Esta vez, olvidó la sutileza y optó por el método rústico: una maza frente a la puerta y un cristal roto. El SOS Deiak 112 recibió la llamada y, para sorpresa de nadie, los agentes encontraron al mismo individuo con la caja registradora abierta en el suelo. Mientras el resto de Bilbao dormía, él intentaba hacer carrera como 'cliente frecuente' de la Ertzaintza, demostrando que el sistema de puertas giratorias funciona con una lubricación envidiable.
Hay que tener una imaginación envidiable o una calculadora muy creativa para soltar que en España se ha levantado un millón de viviendas en los últimos años. Pedro Sánchez lo soltó con la seguridad de quien pide el menú del día sabiendo que paga el jefe, pero el problema es que el ticket de la realidad no cuadra. Mientras el ciudadano medio hace malabares para que el alquiler no se coma el 70% de su nómina, el Presidente se inventa un urbanismo fantástico donde las grúas no dejan de bailar. Lo más exquisito de la función no es la cifra en sí, sino que los datos del propio Gobierno —esos que suelen ser el escudo sagrado en cualquier rueda de prensa— actúan aquí como el fiscal que desmiente al testigo. Es una comedia de errores donde la mano derecha ignora lo que la izquierda ha anotado en el Excel. Un millón de casas es una cifra que, traducida al lenguaje de la calle, sería como decir que hemos acabado con el hambre en el mundo mientras seguimos contando los céntimos para comprar el pan. Íñigo Zulet ha puesto el dedo en la llaga, exponiendo que el relato oficial tiene más agujeros que un queso gruyère. No es un error de redondeo ni un desliz tipográfico. Es la brecha insalvable entre la narrativa del despacho y la pesadilla de quien busca un piso sin tener que vender un riñón en el mercado negro. Al final, el millón de viviendas de Sánchez es un espejismo arquitectónico: muy bonito de escuchar, pero imposible de habitar.
Vivir en Málaga se ha convertido en un deporte de riesgo financiero. Mientras el ciudadano medio intenta que la cuenta corriente no le escupa el positivity al pagar el alquiler, el metro cuadrado en la capital ya acaricia los 3.000 euros, disparándose hasta los 3.500 en zonas como Teatinos-Universidad. Es una aritmética cruel: el esfuerzo teórico para comprar una casa devora el 53,3 % de los ingresos del hogar. Básicamente, trabajamos medio mes solo para que el banco nos deje dormir bajo un techo, dejando el resto para sobrevivir a base de aire y esperanza. La paradoja es tan grande que asusta. El INE nos advierte que la provincia recibirá 250.000 nuevos habitantes en la próxima década, lo que dispara la necesidad a 60.000 viviendas. Pero aquí entra la burocracia, esa maquinaria lenta que parece funcionar a pedal. Savills señala que, aunque hay potencial para 30.000 casas en la capital, la realidad administrativa solo permitirá levantar 3.000. Un 10 % de efectividad. Es como pedir una pizza familiar y que te traigan una sola aceituna mientras esperas diez años a que llegue el repartidor. El plan para el Valle del Guadalhorce, con proyectos como Vega de Campanillas (7.339 viviendas) o Lagar de Oliveros (4.644), es un laberinto de plazos: seis años para urbanizar, dos más de gestión y otros dos para construir. Para cuando entreguen las llaves, el comprador original probablemente ya habrá heredado la casa de sus abuelos o se habrá mudado a Marte. Mientras tanto, la pelea ideológica entre el suelo público y el tope de alquileres sigue bloqueando la salida, ignorando que el 64 % de los españoles ya ve la vivienda como el problema número uno, por encima de la corrupción o la inmigración. En la Costa del Sol, el imán del turismo y los nómadas digitales termina de dinamitar el mercado, convirtiendo el sueño de un piso propio en una leyenda urbana.
Hay quien dice que la diplomacia es el arte de decir 'buenos días' mientras te revisan los bolsillos. Pero lo de la FIAP, esa entidad de Exteriores que juega a ser el brazo ejecutor de la UE, es poesía pura. El 24 de julio de 2025, decidieron soltar 637.200 euros (que con el IVA suben a 771.012 euros) para comprar ambulancias destinadas al Ministerio del Interior de Marruecos. El detalle exquisito es que el dinero aterrizó en Auto Hall, un grupo automovilístico donde el primo hermano del rey Mohamed VI, Moulay Souleimane Cherkaoui, mueve los hilos a través de Société Amana (dueña del 58,3% del capital). Para que el ciudadano medio lo entienda: es como si el Ayuntamiento sacara un concurso para arreglar las farolas, descartara a tres electricistas del barrio porque 'no convencen' y luego, en una cena privada y sin avisar a nadie, le diera el contrato al primo del alcalde. Así ocurrió aquí. Primero hubo una licitación abierta en enero de 2025 donde tres empresas españolas (Euro Gaza Emergencias, TSD e Iturri) pelearon por el pastel. Pero, ¡oh, sorpresa!, ninguna daba la talla. Entonces, la FIAP activó el modo 'invisible': un procedimiento negociado sin publicidad. ¿El resultado? Una única oferta. La de Auto Hall. El consejo de administración de la empresa es un catálogo de 'quién es quién' en Rabat: desde el exministro Karim Ghellab hasta Mohamed Saâd Hassar, antiguo secretario del Interior (precisamente donde iban las ambulancias). Todo esto financiado por el Fondo Fiduciario de Emergencia de la UE para el norte de África. Mientras en Ceuta y Melilla la tensión es el pan de cada día y el caso Pegasus sigue siendo un enigma con olor a espionaje, el dinero público fluye con una fluidez envidiable hacia la familia real marroquí. Una gestión impecable, siempre que seas el primo adecuado.
La patronal de la gran distribución ha soltado la bomba: el absentismo laboral ha tocado máximos históricos a finales de 2026. Según las cuentas, hay 1,2 millones de personas que no pisan la oficina o el almacén cada día. Para Pilar García de la Granja, directora de 'Mediodía COPE', estamos ante una 'pedagogía de no trabajar', como si fichar en la empresa fuera una condena divina y no la forma de pagar el alquiler. La lógica es sencilla, casi de libro de primaria: si no producimos, no somos competitivos; y si no somos competitivos, los salarios se quedan congelados mientras la cesta de la compra sigue haciendo malabares con nuestro presupuesto. Pero aquí viene la ironía fina. Nos piden 'competitividad' mientras el trabajador se enfrenta a un sistema de bajas que es un auténtico sablazo. Los primeros tres días de baja son gratis para la Seguridad Social, del día 4 al 20 te dan el 60% de la base y solo a partir del 21 llegas al 75%. Es decir, enfermarse es un lujo que el bolsillo no puede permitirse. A esto súmale que el 49% de los trabajadores ha faltado este año por salud, pero como la sanidad pública es un cuello de botella, muchos acaban tirando de tarjeta para pagar un médico privado y volver antes al ruedo. Ignacio González, presidente de AECOC, lo resume bien: menos consumo es menos PIB y menos inversión. El círculo es perfecto: el estrés y la mala alimentación por falta de pasta disparan las bajas, las empresas suben los precios para cubrir el hueco de los que faltan y, al final, el trabajador vuelve a comprar la marca blanca más barata porque el sueldo nominal es un espejismo frente a la inflación. Una danza macabra donde todos pierden, pero la culpa siempre es de la 'falta de ganas'.
En Rabat, la política se juega como quien intenta cobrar una deuda prescrita pero con la insistencia de un cobrador telefónico a las ocho de la mañana. El Parlamento marroquí, tras las elecciones del 23 de septiembre, ha decidido que lo más útil para cohesionar el tablero interno es volver a jugar la carta de Ceuta, Melilla y las islas Chafarinas. Es la receta de siempre: cuando no sabes cómo vender el programa económico, vendes el mapa del vecino. La primera ministra, Fatima Ezzara al Mansuri, y su equipo juegan al buen policía. Adil El Bitar, vicepresidente de la Cámara y miembro del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), habla de 'medios pacíficos' y 'diálogo'. Es esa cortesía diplomática que suena a: 'te lo quiero quitar, pero prefiero que me lo des con una sonrisa para no quedar mal en las fotos'. Mientras tanto, el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) ha decidido quitarse el guante y ha calificado la visita de los Reyes Felipe VI y Letizia como una 'provocación'. Para ellos, la soberanía no se negocia, es un cheque al portador que esperan cobrar tarde o temprano. El contraste es casi cómico. Por un lado, tenemos a ministros como Nizar Baraka (Istiqlal) y Abdelatif Uahbi (Justicia) jurando que no retrocederán 'ni un palmo', una frase que suena a épica de película antigua pero que en la realidad geopolítica es el ruido habitual de fondo. Por otro, el Palacio Real de Rabat mantiene una prudencia quirúrgica, evitando el espectáculo de 2007 con Juan Carlos I. Al final, entre la Coalición de Izquierdas (CI) pidiendo planes socioeconómicos y la retórica de 'territorios ocupados', Ceuta y Melilla quedan como la moneda de cambio ideal para que los políticos marroquíes se sientan patriotas sin tener que bajar el precio del pan.
Comentarios