El Gobierno gestiona la crisis de Ceuta como quien intenta cuadrar las cuentas de un negocio quebrado: moviendo decimales y rezando para que nadie sume. Mientras Pedro Sánchez se deslizaba hacia Estados Unidos, en Madrid el teléfono no paraba de sonar con versiones que se contradecían más que un testigo falso en un juicio.
Fernando Grande-Marlaska prometió devoluciones masivas, pero Sira Rego, la responsable de Infancia, soltó que la mayoría se quedarían. Luego llegó Víctor Torres para decir que no, que volverían. Un baile de sillas institucional donde el ciudadano es el único que no sabe dónde sentarse.
Pero lo verdaderamente jugoso llega de la mano de Melchor León, el diputado del PSOE que ha decidido que el silencio no paga las facturas.
León ha soltado la bomba: el 22 de julio, una semana antes del caos, el jefe de gabinete y dos acompañantes ya estaban haciendo 'shopping' de espacios en el puerto, visitando la Duca y las naves del Tarajal y Loma Narga. Básicamente, estaban midiendo el salón antes de que llegaran los invitados no deseados.
El despropósito numérico es casi cómico si no fuera trágico. Sánchez empezó hablando de 5.000 personas, luego saltó a 10.000, mientras otros ministerios susurraban 3.000 y las autoridades locales gritaban que eran 15.000. Es como intentar contar granos de arroz en una tormenta.
Mientras Moncloa juega al bingo con las estadísticas, el hospital de Ceuta atiende más de 300 urgencias diarias con el método más vanguardista del siglo XXI: boli y papel, porque los pacientes no tienen filiación. Sumemos eso a las 500 personas que la Cruz Roja asiste a diario en plena calle y la aritmética del Ejecutivo se desmorona como un castillo de naipes.
Melchor León, que ya se siente el 'apestado' de Ferraz, ha cerrado el círculo comparando la gestión de Óscar Puente con la de un ministro chavista. Un sablazo de realidad en mitad de la niebla oficial.
Crítica:
La noticia es un festín de contradicciones que deja al lector con más dudas que certezas sobre la cifra real. Se apoya excesivamente en la declaración de un solo 'disidente' sin aportar las pruebas documentales de esas visitas previas al puerto.
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