Crítica:
El texto es una colección de anécdotas que busca el impacto emocional más que el análisis jurídico. Se centra en la ignorancia del solicitante para invalidar el derecho, ignorando la complejidad del desarraigo migratorio.
El texto es una colección de anécdotas que busca el impacto emocional más que el análisis jurídico. Se centra en la ignorancia del solicitante para invalidar el derecho, ignorando la complejidad del desarraigo migratorio.
Hay quienes creen que una sentencia es como un ticket de supermercado: si no te gusta el precio, intentas devolver el producto. David Sánchez intentó aplicar esa lógica con la Audiencia de Badajoz, pidiendo que borraran los párrafos 'incómodos' de su condena por prevaricación. Quería limpiar el expediente de aquel 2016, cuando el puesto de coordinador de conservatorios se cocinó a fuego lento y con el menú ya decidido antes de que alguien llegara a la entrevista. Pero el tribunal, con una frialdad quirúrgica, le ha recordado que una cosa es que el delito haya prescrito y otra muy distinta es que los hechos se hayan evaporado mágicamente. La prescripción no es una goma de borrar para la historia. El 'sablazo' institucional es contundente. Nueve años de inhabilitación. No se trata solo de que ya no sea el jefe de la Oficina de Artes Escénicas —plaza que soltó en febrero de 2025, probablemente para evitar que le echaran con el ruido de los platillos—, sino que tiene el camino cerrado a cualquier puesto electivo o discrecional en la administración pública. Básicamente, el Estado le ha puesto un candado al currículum hasta que pase casi una década. Mientras tanto, su compañero de viaje, Miguel Ángel Gallardo, ex presidente de la Diputación de Badajoz, se lleva una condena doblemente pesada: 18 años de banquillo administrativo. La justicia incluso se ha tomado el tiempo de ajustar las cuentas de las costas procesales, repartiéndolas como quien divide la cuenta de una cena incómoda: dos duodécimas para Gallardo y una para el resto. Por si fuera poco, el intento de desacreditar al teniente coronel Antonio Balas y a la UCO ha chocado contra un muro. El tribunal ha dejado claro que ser testigo y perito a la vez no es una contradicción, sino una capacidad técnica que la defensa no ha sabido digerir.
En Palma, donde sobrevivir a la temporada de verano es casi un deporte extremo, el PSOE ha decidido que la solución al caos del transporte no es, precisamente, poner más autobuses, sino organizar una fila de castigo. Iago Negueruela, secretario general de la Agrupación Socialista de Palma y candidato a la alcaldía, propone que los turistas sean los últimos en subir a los buses de la EMT. Una especie de 'apartheid de transporte' basado en el plástico: si tienes la tarjeta TIB o la Única, pasas primero; si vienes a ver la catedral, espera tu turno mientras el residente que va al médico o al trabajo te mira con superioridad moral. Negueruela argumenta que este verano ha sido 'supermasificado' y que el alcalde ha mirado hacia otro lado, priorizando el flujo del visitante sobre el del currante que intenta llegar al aeropuerto sin sufrir un ataque de ansiedad. La lógica es tan simple como cruel: si un trabajador llega tarde, le cae un marrón en la oficina; si un turista llega tarde a pasear por Palma, pues llega tarde a no hacer nada. Para darle barniz de prestigio a la ocurrencia, han sacado la carta de Venecia, sugiriendo que si los italianos lo hacen para gestionar su propia agonía turística, nosotros también podemos. Es la clásica ingeniería política: en lugar de resolver el agujero de servicio con más flota y mejores frecuencias, se propone gestionar la cola. Es como intentar solucionar que el supermercado no tenga pan organizando quién tiene más hambre para que entre primero en la tienda vacía. Una medida de 'corto y medio recorrido' que, en el fondo, es un parche brillante para un sistema que ya no aguanta más peso.
El Gobierno ha decidido jugar al Tetris con la seguridad ciudadana. Tras el asalto masivo a Ceuta, han decidido que 70 de los 'invitados' más intensos —aquellos con currículum en agresiones sexuales, robos violentos y atentados contra agentes— no son aptos para el clima local y los han despachado a prisiones de Algeciras, Archidona y Morón de la Frontera. Un traslado en furgoneta y barco que parece un tour turístico, mientras en la prisión de Ceuta bostezan seis módulos vacíos con 72 celdas cada uno. Ingeniería logística de primer nivel. Mientras Fernando Grande-Marlaska insiste en que la inseguridad es una 'percepción subjetiva' (como quien te dice que tu cuenta bancaria vacía es solo una sensación), los datos de Juan Jesús Vivas dinamitan el relato. Pasar de 67 a 1.001 agresiones y de 10 a 600 allanamientos en un año no es una opinión, es un incendio. Los ingresos en la cárcel ceutí se han disparado un 505%, llegando a 121 sujetos, muchos de ellos con el 'tatuaje de graduación' del yihadismo y el crimen: la S, el dólar y los tres puntos. La realidad es que el sistema está haciendo un 'colador'. De cada diez detenidos, solo un par acaban en celda; el resto son expulsados, permitiendo que los más escurridizos sigan deambulando por la ciudad. Entre ellos, personajes que ya habían sido expulsados y regresaron como quien vuelve a su pueblo en vacaciones, incluyendo a un delighted agresor sexual de menores de 2019. Para rematar el cuadro, los funcionarios de prisiones, representados por el sindicato TAMPM, lidian con un caos organizativo y un protocolo sanitario que recuerda al Covid, con mascarillas FFP2 para combatir brotes de sarna, tuberculosis e impétigo. Todo esto mientras un preso ya ha tenido que ser 'empaquetado' con sujeción mecánica por su agresividad. En resumen: el Gobierno maquilla la cifra, pero el olor a sarna y el ruido de los cristales rotos no se borran con un comunicado oficial.
En el tablero político español, Ceuta se ha convertido en el tablero de Monopoly donde los ministros juegan con casas que no existen. Mientras el ciudadano de a pie intenta que la factura de la luz no le deje en números rojos, el Gobierno ha decidido que desalojar la playa del Trampolín es como montar un mueble de IKEA sin instrucciones: se ha aplazado la operación porque el 'campamento del Puerto' aún no está rematado. Básicamente, han querido mover a 1.500 personas de las 4.000 que viven allí, pero se han dado cuenta de que no tienen dónde meterlas. Un despliegue de eficiencia que haría llorar a cualquier gestor de barrio. En los pasillos del Congreso, el ambiente es de chợ (mercado). Pedro Sánchez, con la soltura de quien pide un crédito sin avales, ha aplicado la técnica del 'balón fuera'. Cuando le preguntan por los 700 a 1.000 menas que siguen durmiendo a la intemperie, su respuesta es un dardo directo: «Eso a Vivas, pregúntele». Una jugada maestra de ingeniería administrativa: si el problema es grande, busca a alguien con un cargo inferior y échale la culpa. Mientras tanto, el PP lo tacha de «amoral» y «sinvergüenza», y Marlaska, el ministro más reprobado de la legislatura, insiste en que el trabajo es «extraordinario». Claro, extraordinario es el optimismo que hace falta para decir que todo va bien mientras la Fiscalía investiga si el delegado Miguel Ángel Pérez Triano se quedó dormido al volante de la gestión. Para rematar la función, la Diputación de Badajoz ha decidido que no pedirá el reintegro de los 427.000 euros cobrados por David Sánchez y Luis Carrero. Un agujero contable que se cierra con un sello oficial, mientras en Ceuta los estudiantes huyen a Castilla-La Mancha porque estudiar en una ciudad invadida es un deporte de riesgo. Así es la España de 2026: mucha retórica europea de Von der Leyen en Estrasburgo, pero en la calle, el desalojo sigue esperando a que terminen de montar la carpa.
Hay que tener valor. Mucho valor. José María Figaredo, el secretario general de Vox en el Congreso, ha decidido que la geopolítica del norte de África se resuelve analizando el vestuario del Real Madrid. El pecado mortal de Vinicius, Kylian Mbappé e Ibrahima Konaté ha sido no lucir al completo una camiseta en homenaje a Ceuta tras el partido contra el Elche. Para Figaredo, que tres futbolistas no se pongan un trozo de tela es un 'desprecio' a los españoles, casi como si el destino de la integridad territorial de la nación dependiera de la elección de vestuario de tres tipos que cobran más en una tarde que un pueblo entero en una década. Es fascinante el razonamiento: reconoce que los jugadores son 'muy libres' de defender sus causas, pero nos recuerda que nosotros también somos 'muy libres' de indignarnos porque tres millonarios no pasen por el aro. Es el clásico reproche de quien ve el mundo en blanco y negro mientras los protagonistas están jugando en otra liga, literalmente. Pero claro, la camiseta es solo el aperitivo. El plato fuerte es la insistencia de Vox en que España se retire de organizar el Mundial junto a Marruecos, alegando una 'guerra híbrida' y una 'invasión' que el Gobierno de Pedro Sánchez ignora mientras, según ellos, se queda 'cruzado de brazos'. La narrativa escala rápido. Pasamos de una camiseta no puesta a una 'traición' histórica. Figaredo ha pedido al Partido Popular que se anime a aplicar el artículo 102 de la Constitución para juzgar a Sánchez, quien, según el portavoz, usa la posible visita del rey Felipe VI a Ceuta como una cortina de humo para no mencionar al rey de Marruecos. Al final, la crónica es la de siempre: usar un desplante deportivo para intentar dinamitar la Moncloa, convirtiendo un asunto de marketing en el campo en una cuestión de Estado.
Gobernar sin Presupuestos Generales del Estado es como llevar la tarjeta de crédito del vecino en la cartera: el límite es la imaginación y el control, inexistente. En este escenario de 'cheque en blanco', el Consejo de Ministros ha decidido que es un momento estupendo para jugar a ser el mecenas del mundo. Han soltado una primera partida de 83.778.707 euros en contribuciones voluntarias a entes como la OIT y la OMS. Resulta casi tierno el timing, considerando que Yolanda Díaz y Mónica García miran esas instituciones con el deseo con el que uno mira un escaparate de lujo. ¿Filantropía pura o estamos pagando la reserva del asiento para sus futuros cargos internacionales con el dinero de todos? Pero la generosidad no se queda en Ginebra. El Gobierno ha decidido que el agua potable es más urgente en El Salvador (4 millones), Colombia (3,1 millones para la comunidad Wayuu Las Delicias) y Yucatán (1,5 millones), mientras que en casa se crean 'comités de inversiones estratégicas' que huelen a chiringuito desde la distancia. Mientras tanto, el Ministerio de Bolaños ha priorizado el menú del día, ajustando gastos para contratar un servicio de restaurante y bar-cafetería en su sede. Prioridades. El despliegue de billetes sigue: 98 millones para helicópteros NH90, 17,2 millones en repuestos navales y 13 millones en simuladores H135. A esto sumamos 11,3 millones extra para la Agencia EFE, que ya disfruta de un presupuesto anual superior a los 60 millones, y unos 46 millones en el Ministerio del Interior para 'difundir resultados electorales'. En Ceuta, la cuenta sigue subiendo con 50 millones para autónomos y casi 400.000 euros para vallar colegios. Todo esto ocurre mientras el presupuesto oficial es, básicamente, un adorno de oficina.
Ursula von der Leyen ha decidido que el mejor momento para recordarles a los ceutíes que no están solos es desde la comodidad de Estrasburgo, más de un mes después de que la ciudad autónoma se convirtiera en el epicentro de un caos migratorio. Con la elegancia de quien firma un cheque sin fondos, la presidenta de la Comisión Europea lanzó su mantra: «la frontera de Ceuta es la frontera de Europa». Traducción para el ciudadano de a pie: el apoyo llega en forma de discurso, pero las vallas y el estrés los pusieron los españoles. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación en la compra semanal, Bruselas se dedica a repasar su 'hoja de ruta' en el SOTEU, proponiendo una ley de emergencia para que la próxima crisis no sea tan improvisada. Lo fascinante es el silencio sepulcral sobre el papel de Marruecos. Von der Leyen ha esquivado mencionar al vecino del sur con la misma destreza con la que un político evita una pregunta incómoda en un debate, a pesar de que casi 80.000 personas cruzaron la frontera los pasados 30 y 31 de julio. La estrategia es clara: endurecer el Pacto de Migración y agilizar las deportaciones. Magnus Brunner, el comisario de Interior y Migración, ha sido más directo: la prioridad es 'retornar rápidamente' a quienes no tienen derecho a quedarse. Brunner aterriza en Madrid este jueves para una ronda de visitas que parece más una agenda de cortesía que un plan de rescate, reuniéndose con Fernando Grande-Marlaska, Elma Saiz y Ángel Víctor Torres. Y claro, porque en este juego de sillas, el PP ya ha asegurado que Alberto Núñez Feijóo también recibirá al comisario. Al final, Europa 'estará ahí', pero siempre llega justo a tiempo para la foto, nunca para el primer empujón.
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