Marlaska ha aterrizado en el Congreso con la calculadora en la mano y una narrativa que, según quien la mire, es un plan maestro o un ejercicio de gimnasia mental. La estrella del día es un nuevo Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) permanente para 800 personas. Suena muy ordenado en el papel, pero mientras el CETI actual —diseñado para 512 almas— ya vive el drama de albergar a más de 800, el Gobierno nos vende una solución que no tiene ni fecha de entrega ni un trozo de tierra asignado.
Es como prometer un piso nuevo cuando el alquiler actual ya tiene goteras y el salón está lleno de gente durmiendo en el suelo.
Para montar este despliegue, el ministro ha pedido 35,6 millones de euros a la Unión Europea. Básicamente, el 90% del sablazo (32 millones) lo paga Bruselas a través del Instrumento de Apoyo Financiero a la Gestión de Fronteras.
Pero ojo, que el dinero no es solo para camas. El menú incluye drones, embarcaciones ligeras y 'dispositivos remotos de actuación subacuática', que en lenguaje de calle significa que quieren que la frontera sea un búnker tecnológico. Todo esto mientras se alargan los espigones de El Tarajal y Benzú para que el muro sea, si cabe, más muro.
Lo más fascinante es la guerra de las cifras.
Marlaska dice que quedan 5.000 inmigrantes en la ciudad (1.500 menores) de los 72.000 que llegaron. Pero el PP y Vox, apoyándose en que la Cruz Roja reparte 9.300 raciones diarias, sugieren que hay unos 20.000. Es la eterna danza de los números: para el Gobierno es una gestión controlada; para la calle, un agujero que no deja de crecer.
Todo esto envuelto en un despliegue de 1.600 agentes y una inversión previa desde 2018 de 34,4 millones, sin olvidar los 66,6 millones previstos para nuevas jefaturas policiales. Mucho hormigón y mucha vigilancia, pero poca claridad sobre cuánta gente hay realmente pisando el asfalto de Ceuta.
Crítica:
La noticia es un catálogo de cifras contradictorias que el periodista original no se atreve a resolver. Se limita a exponer la pelea de números entre el Gobierno y la oposición sin cuestionar la viabilidad real de un centro sin ubicación ni fecha.
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