Ali Lmrabet, disidente marroquí: «El ‘lobby’ de Marruecos en España tiene ayuda del PSOE»

Lobby marroquí: el 'estilo de vida' del PSOE

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde las piezas son edificios gubernamentales españoles y marroquíes. Sobre el tablero, manos invisibles con trajes elegantes intercambian llaves de casas lujosas y joyas brillantes. Al fondo, una valla fronteriza difuminada y un sol del Magreb fundiéndose con el escudo de España, estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera de intriga y secretismo.

Hay quien dice que la diplomacia es el arte de decir 'perro' para que el otro piense 'caniche', pero Ali Lmrabet prefiere llamar a las cosas por su nombre, aunque eso implique jugar al escondite con la justicia de Rabat. Este periodista, que ya sabe lo que es que el Estado marroquí le cierre el grifo profesional durante 10 años y que el Rey Mohamed VI le concediera un indulto tras una huelga de hambre que casi lo manda al otro barrio en 2004, ha soltado una bomba que huele a naftalina y a despacho cerrado.

Según Lmrabet, el 'lobby' marroquí en España no solo camina, sino que baila un vals muy coordinado con el PSOE. Para Lmrabet, la influencia no es un secreto de Estado, sino una cuestión de 'estilo de vida'. Menciona que figuras como José Bono o Felipe González se han comprado casas en Tánger, como quien se compra un piso en la playa para pasar el verano, mientras que a Zapatero lo tratan en Marruecos como si fuera el invitado de honor en todas las bodas.

Es el clásico intercambio de favores donde las joyas y los inmuebles parecen ser la moneda de cambio para mantener la paz en el Estrecho. Sobre el asalto a Ceuta del 30 de julio, Lmrabet aplica la lógica del sentido común: nadie quema la casa el día de su propia fiesta. Al ser la Fiesta del Trono, es improbable que Yassine Mansouri y la DGST organizaran el caos; más bien parece que el control social, ese que se apoya en tecnología israelí para que nadie respire sin permiso, tuvo un fallo de sistema.

Mientras tanto, el CNI guarda información en el cajón que el Ejecutivo maneja con la soltura de quien oculta la factura del restaurante para que no lo regañen en casa. En resumen: un Rey con una enfermedad autoinmune, una filtración de 70.000 agentes que deja a los servicios secretos más desnudos que la bola de Navidad y un puente de oro tendido hacia Moncloa.

Crítica:

La pieza se apoya excesivamente en las 'suposiciones' del entrevistado sobre los regalos a Zapatero sin aportar una sola prueba documental. Es más un ejercicio de ventilación de agravios que un reportaje contrastado.

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