La baza para presionar a Marruecos que Sánchez no usa: acuerdos comerciales de 23.500 millones al año

Sánchez regala miles de millones a Rabat

politica Una ilustración conceptual y satírica que muestra una balanza gigante desequilibrada. En un plato, una pequeña bandera de España sosteniendo una montaña enorme de monedas de oro y billetes; en el otro plato, una bandera de Marruecos que pesa muy poco pero sostiene un mando a distancia que controla el flujo de personas. Estilo editorial de revista económica, colores contrastados, fondo minimalista.

Hay quien dice que la diplomacia es el arte de decir 'buenos días' mientras te roban la cartera. Pedro Sánchez ha elevado este arte a categoría de olimpismo. Mientras Rabat juega al gato y al ratón con la presión migratoria —como ese último despliegue de 70.000 personas en Ceuta hace tres semanas—, Moncloa prefiere el camino de las caricias y los elogios.

Es curioso: tenemos en la mano un mazo financiero capaz de dinamitar la economía alauita, pero preferimos usarlo como abanico. Hablemos de números, que es donde la hipocresía se vuelve tangible. El intercambio comercial supera los 22.500 millones de euros anuales, pudiendo escalar hasta los 26.000 millones si contamos los servicios según el Ministerio de Economía.

Para que nos entendamos: es una cantidad de dinero que haría palidecer a cualquier presupuesto municipal mientras el ciudadano medio pelea con la factura de la luz. España es el principal socio comercial de Marruecos y el primer destino de inversión en África, con 2.310 millones de euros acumulados y 25.000 empleos creados en sectores que van desde el automóvil hasta el textil.

Pero aquí está la trampa. Desde que Sánchez aterrizó en la Moncloa, las importaciones marroquíes se han disparado un 60%. Estamos comprando más que nunca a quien nos usa como válvula de escape migratorio. Además, Europa suelta 7.000 millones en ayudas y préstamos, de los cuales España pone más de 1.000 millones según Exteriores.

Es como pagarle la hipoteca al vecino que te salta la valla cada domingo. Y para rematar la faena, estamos ayudando a organizar el Mundial 2030, permitiendo que Casablanca sea candidata a la final. Una generosidad que raya en el masoquismo geopolítico.

Crítica:

El texto original es un ejercicio de indignación económica bien documentada, aunque peca de simplista al ignorar las complejidades del acuerdo de libre comercio con la UE.

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