El Rey tiene que salir a buscar a Albares para saludar a Milei en la investidura de Espriella

Albares estropea el saludo Rey-Milei en Cali

politica Una ilustración satírica estilo caricatura editorial de periódico. Un hombre con corona y traje elegante intenta estrechar la mano efusivamente a un hombre con cabello despeinado y traje, mientras que un tercer hombre con cara de aburrimiento y maletín actúa como una barrera física incómoda entre ambos. Fondo de un centro cultural latinoamericano, colores vibrantes, trazo dinámico y expresivo.

Hay escenas que parecen sacadas de una comedia de enredos de barrio, donde el anfitrión se olvida de presentar al invitado y el primo pesado estorba en la foto. Así fue el encuentro en Cali durante la investidura de Abelardo de la Espriella. Mientras el Rey Felipe VI aterrizaba en un viaje exprés desde Palma —como quien va a comprar el pan pero con avión real—, la diplomacia española decidió jugar al escondite.

El vídeo es una joya del sarcasmo involuntario: Felipe VI y Javier Milei se saludan con una afectuosidad que ya quisieran muchos matrimonios, mientras José Manuel Albares, el ministro de Asuntos Exteriores, parece el portero de una discoteca que no quiere dejar pasar a nadie.

El diplomático de carrera, en lugar de aceitar los engranajes, puso el freno de mano, tardando en acceder a la estancia y dejando al Rey en la posición incómoda de tener que 'buscar' a su propio ministro para que el saludo no pareciera un desplante. Es fascinante el contraste.

Pedro Sánchez y Milei comparten oxígeno en cumbres multimillonarias, como la de Paz para Ucrania en Suiza (junio de 2024) o la del Océano de la ONU en Niza (junio de 2025), pero se ignoran con una disciplina olímpica; es el equivalente político a cruzarse en el ascensor y mirar el móvil para no decir 'hola'.

En cambio, el Rey, que no tiene el lujo de pelearse por Twitter, gestionó el momento con una broma, atribuyéndose la 'culpa' de la espera del argentino. En la sala, junto a la mujer del presidente, Nicolás Gómez Arenas, Joaquín Gutiérrez y Carlos Suárez, se respiraba una tensión que no se cortaba con cuchillo, sino con un decreto real.

Al final, la diplomacia de Albares resultó ser tan eficiente como un paraguas roto en mitad de un aguacero tropical.

Crítica:

La noticia se regocija en la anécdota visual pero ignora el trasfondo estratégico de la frialdad Sánchez-Milei. Es más un chisme de protocolo que un análisis diplomático.

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