En política, anunciar es gratis; lo caro es que las cosas funcionen. Mientras Pedro Sánchez nos vendió en mayo la fantasía de un Airbus A400M patrullando nuestros cielos para frenar el infierno forestal, los franceses acaban de pasarle la hoja en el sprint final. Este sábado, Francia puso en servicio el A400M adaptado, convirtiéndose en el primer país europeo en usar este monstruo militar para apagar fuegos.
Es la diferencia entre el catálogo y el producto entregado en casa.
El ministro francés Sébastien Lecornu no se puso a redactar comunicados optimistas, sino que ordenó adelantar el despliegue para salvar el departamento de Gironda. Allí, el fuego no entiende de burocracia: 42.000 hectáreas calcinadas desde el miércoles y más de 200.000 personas evacuadas.
Para los franceses, el A400M es un camión cisterna volador que suelta 20 toneladas de líquido retardante; es como si comparáramos un vaso de agua con una piscina olímpica, ya que triplica la capacidad de un Canadair y equivale a dos aviones Dash.
Mientras en Francia Jean-Luc Mélenchon presionaba al Ejecutivo para que dejara de hacer ensayos en la base de Nimes y soltara el agua, en España seguimos esperando que el anuncio de mayo se materialice en algo que no sea papel mojado.
Francia ya está peleando en Las Landas (3.000 hectáreas y 31.000 evacuados), en Var (3.250 hectáreas) y en Tarn (600 hectáreas). En total, una treintena de incendios activos que ponen en evidencia que, mientras unos gestionan la emergencia, otros gestionan la narrativa. Al final, el fuego no lee boletines oficiales ni se impresiona con promesas electorales; el fuego solo se apaga con agua, y esa agua, ahora mismo, vuela con bandera gala.
Crítica:
La noticia es un ejercicio de contraste brutal, aunque falla al no preguntar por qué España, habiendo anunciado la compra en mayo, no ha logrado la misma celeridad técnica. El título es honesto, pero la gestión española es el verdadero chiste.
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