Hay un tipo de amnesia muy selectiva que solo afecta a quienes han gobernado el país. José Luis Rodríguez Zapatero, en una entrevista con RTVE, ha decidido presentarse como el hombre más distraído del mundo. Resulta que en su despacho, guardadas bajo llave en una caja fuerte, aparecieron unas joyas tasadas en 1,3 millones de euros.
Un detalle menor, casi como encontrar un ticket del súper viejo en el bolsillo del abrigo, solo que aquí hablamos de una cifra que pagaría la hipoteca de medio barrio durante tres generaciones.
El expresidente, con esa calma de quien sabe que el guion está escrito, sostiene que no había 'afán patrimonial'.
Traducido al idioma de la calle: 'Me las regalaron, las puse ahí y me olvidé de que valían una fortuna'. Según Zapatero, eran simples 'regalos de cortesía' de hace años, aunque curiosamente se niega a decir de qué país venían. Es fascinante la gimnasia mental: tener un botín millonario en la caja fuerte y afirmar que 'estaban ahí y ya está', como si hablara de un juego de llaves perdido o un mando a distancia traspapelado.
El contraste es delicioso.
Mientras el ciudadano medio computa cada céntimo para llegar al viernes, el exmandatario admite que 'ni podían imaginar ese valor'. Una ingenuidad conmovedora. Reconoce que ahora, con el juez mirando el inventario, quizás 'hubiera tomado otra decisión'. Claro, porque el arrepentimiento siempre llega cuando la policía judicial ya ha hecho el recuento.
No hubo 'intención de defraudar', solo una gestión del olvido muy eficiente para un patrimonio que, casualmente, no figuraba en ninguna declaración transparente.
Crítica:
La noticia es un ejercicio de taquigrafía de excusas; falta el dato clave de quién regaló exactamente el botín. El texto original es demasiado complaciente con las citas, permitiendo que la narrativa del 'olvido' pase sin el debido cuestionamiento.
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