El DAO crea aún más malestar interno al afirmar que «se debe a quien le designa»: «Es inaudito»

El DAO: lealtad al jefe, no al uniforme

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un uniforme de gala de la Guardia Civil colgado en un perchero, pero en lugar de insignias militares, tiene etiquetas de precios y nombres de cargos políticos pegados con cinta adhesiva. De fondo, una balanza de la justicia desequilibrada donde un maletín de cuero pesa más que un libro de leyes. Estilo editorial de periódico, colores sobrios con contrastes fuertes.

Hay una frase que resume la decadencia de cualquier institución: «me debo a quien me designa». Con esa joya de la honestidad brutal, el teniente general Manuel Llamas, Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil, ha decidido que el uniforme es, en realidad, un traje de etiqueta para servir al menú del día en el Ministerio.

Mientras un guardia raso puede acabar con un expediente disciplinario por mirar mal a un superior —recordemos que solo en 2025 ya van 1.014 expedientes, 185 de ellos muy graves—, Llamas se pasea por el Senado con la tranquilidad de quien tiene la tarjeta de crédito del Estado sin límite.

El problema no es solo que el general esté imputado en la Audiencia Nacional por prevaricación y obstrucción a la Justicia. El problema es el cinismo. Llamas no solo se niega a dimitir porque «sus superiores» (la directora general, el secretario de Estado y el ministro) le dan el visto bueno, sino que se ha tomado la libertad de llamar «vanidosos» a los agentes de la UCO.

Sí, esos mismos que investigaban la corrupción que llegaba a las puertas del Gobierno y al hermano de Pedro Sánchez, y a quienes el DAO pidió amablemente que se «pusieran de perfil». Es la danza clásica del poder: la Fiscalía Anticorrupción ya ha advertido que los expedientes internos contra la UCO no eran limpieza administrativa, sino un mecanismo de intimidación, una especie de 'estirón de orejas' institucional para que los investigadores no fueran tan proactivos.

Mientras la asociación Jucil grita que hay dos varas de medir, Llamas sigue convencido de que su honor no lo decide la ley, sino quien firma su nómina. En la calle lo llamamos lealtad al jefe; en el Senado, lo disfrazan de confianza institucional.

Crítica:

El texto original es un despliegue de indignación institucional, pero falla al no profundizar en la conexión directa entre la 'fontanera de Ferraz' y la trama. Es una noticia que huele a purga interna disfrazada de trámite administrativo.

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