Hay que tener valor. Mucho valor. El Instituto de la Mujer, bajo el ala del Ministerio de Igualdad de Ana Redondo, ha decidido que gestionar el distintivo «Igualdad en la Empresa» es una tarea demasiado ardua para quienes cobran por hacerla. Así que, en un alarde de generosidad con el dinero ajeno, le han soltado 767.972 euros a Enred Consultoria, S.L.
para que haga el trabajo sucio: redactar bases, analizar papeles y hacer verificaciones in situ. Básicamente, han pagado casi tres cuartos de millón de euros para que alguien más les diga cómo ser iguales.
Mientras el ciudadano medio hace malabares con la cesta de la compra, el Ministerio juega al 'outsourcing' de sus propias competencias.
Lo más delirante es que el pliego exige que la empresa tenga «aptitudes específicas en materia de igualdad». Traducido al cristiano: pagamos a un externo para que sepa lo que nosotros, que somos el Instituto de la Mujer, deberíamos saber por definición. Es como contratar a un chef para que te diga cómo hervir agua mientras tú cobras el sueldo de MasterChef.
Pero el despliegue de cinismo no termina aquí.
El Tribunal de Cuentas ya les había pillado el truco con otro 'sablazo' más discreto: 14.990 euros para que una empresa externa redactara el anteproyecto de Ley Orgánica Integral contra la Trata. La excusa oficial fue la «imposibilidad» de hacerlo con sus propios medios técnicos.
Resulta fascinante que esa imposibilidad conviva armoniosamente con las nóminas de la cúpula: el secretario técnico de Igualdad embolsa 104.188 euros anuales y la secretaria de Estado de Igualdad y para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres llega a los 130.473 euros.
Mucho sueldo para tan poca capacidad de redactar un texto normativo, ¿no creen?
Crítica:
La noticia es un ejercicio de contrastes brillantes, aunque se queda corta al no preguntar qué hace exactamente el personal interno con su tiempo. El título original es descriptivo, pero le falta el veneno que requiere tal despliegue de ineficiencia.
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