Crítica:
El texto original es una transcripción de hechos, pero falla al no profundizar en la conexión temporal entre la comida en Portonovo y los movimientos en Dubái. Es un festín de contradicciones disfrazado de declaración judicial.
El texto original es una transcripción de hechos, pero falla al no profundizar en la conexión temporal entre la comida en Portonovo y los movimientos en Dubái. Es un festín de contradicciones disfrazado de declaración judicial.
Hay quienes gestionan la economía de Estado con hojas de cálculo y auditorías, y luego están los protagonistas del 'Caso Zapatero', que manejan la pasta como si estuvieran repartiendo la recaudación de una lotería clandestina en un barrio obrero. Olviden las transferencias bancarias y el cumplimiento normativo; aquí la alta finanza se cocinaba en sobres dejados en la portería de un edificio de Madrid, donde Cosmin o Luis, los porteros, hacían de cajeros automáticos humanos. La trama es una joya de la precariedad ética. Desde noviembre de 2019 hasta mayo de 2021, el sistema era tan rudimentario que resultaba casi tierno si no fuera porque el dinero olía a pantano. Rodolfo Reyes, el gran arquitecto de los recados, coordinaba el flujo de efectivo hacia Ramón Gordils —exviceministro venezolano y embajador chavista en Noruega— utilizando a un mensajero llamado Mervin. Mientras el ciudadano medio pelea con el cajero para que no le cobre comisión, estos señores movían 40.000 euros el 12 de noviembre de 2019 con la naturalidad de quien pide un café en el lobby de un hotel. Lo más cínico llega con la precisión del recuento: Gordils se quejaba de que faltaba un billete de 50 o sobraba uno de 10 (probablemente miles), mientras Julio Martínez Sola, vicepresidente de Plus Ultra, se presentaba ante Manuel Fajardo como el puente directo desde Gordils. Todo este baile de sobres ocurrió justo antes de que el Consejo de Ministros soltara un rescate de 53 millones de euros a la aerolínea. Para rematar la función, el 7 de mayo de 2021, un sobre con 35k esperaba a un tal Jorge Morino en la portería. Gordils, el 'Moncho Ramon', no solo recibía el botín, sino que cobraba una comisión por la gestión. Una ingeniería financiera de porteros y sobres que hace que cualquier libro de economía parezca un cuento de hadas.
Hay quien dice que para hacer negocios basta con tener un buen contacto, pero parece que en el círculo de Begoña Gómez el 'networking' alcanzó niveles estratosféricos. El juez Juan Carlos Peinado ha decidido abrir una pieza separada para analizar si el socio de la mujer del presidente, el empresario Juan Carlos Barrabés, se benefició de una ingeniería financiera bastante creativa. Estamos hablando de un contrato de 'Servicios de oficina AceleraPyme' valorado en 4 millones de euros. Para que nos entendamos: mientras el ciudadano medio pelea con la administración para que no le cobren el IBI dos veces, aquí se habrían saltado requisitos básicos, como el Libro Blanco, que era indispensable para entrar en el juego. La trama es un ping-pong judicial agotador. La Fiscalía Europea estuvo dos años husmeando, pero la Audiencia Nacional dijo 'hasta aquí' y devolvió el paquete al Juzgado de Instrucción Número 41 de Madrid. La UCO ya ha dejado migas claras: Innova Next S.L., asociada con KPMG, se llevó el pastel a pesar de que el informe pericial de la IGAE sugiere que el proceso de adjudicación fue, digamos, flexible. Mientras tanto, el escenario principal sigue siendo un campo de minas. Begoña Gómez y la asesora de Moncloa, Cristina Álvarez, esperan a ver si Peinado les quita el pasaporte o los obliga a pasarse por el juzgado cada quince días. El juez ya ha dejado escrito en 39 folios que Gómez usó su 'posición institucional' —esa suerte de aura invisible que da vivir en Moncloa— para impulsar su carrera. Ahora solo queda ver si la Audiencia Provincial de Madrid acepta el juicio por jurado popular o si el asunto se diluye en el laberinto de los recursos.
Si pensabas que tu vida amorosa era un desastre, es que no has visto el catálogo de citas de las cárceles catalanas. Lo que en el Parlamento se traduce como 'vulneración de la seguridad institucional', en la calle es básicamente un episodio de 'First Dates' con rejas y esposas. El CSIF y el Partido Popular de Cataluña han decidido que ya basta de jugar al amor prohibido y piden una prohibición explícita de cualquier relación afectiva o sexual entre el personal y los internos. Porque claro, mientras nosotros peleamos con la tarifa de la luz, hay monitoras de teatro que no solo se enamoran, sino que convierten su salón en refugio de fugitivos y rematan la jugada atracando un banco. Un combo completo de pasión y delincuencia. La lista de 'éxitos' es delirante. Tenemos a una docente de dibujo de la cárcel Modelo que, en 2011, decidió que la mejor forma de enseñar arte era acompañando a Jorge Sánchez Romero en una gira criminal por Málaga, Almería y Granada, con un paréntesis sangriento en Mazarrón que acabó en dos asesinatos. O la enfermera que confundió el centro de salud mental con un catálogo de citas recurrentes. Y para los románticos, la educadora que se fue hasta Chile persiguiendo un amor transoceánico, solo para descubrir que el preso tenía esposa e hijos; un sablazo emocional de manual. El problema es que, según los sindicatos, la gestión de estos líos es tan laxa que parece un juego de sillas musicales: cambian al funcionario de centro y el 'Cupido' penitenciario sigue repartiendo flechas. Incluso hay quienes, tras estos deslizamientos, acaban en puestos de mando. El PP, con los diputados Juan Fernández Benítez, Monserrat Berenguer y Alberto Villagrasa, quiere importar el modelo de 'tolerancia cero' de Francia o Alemania, porque resulta que en Europa no consideran que el sexting con móviles facilitados por la propia empleada sea una dinámica de equipo saludable.
Hay quien dice que para entrar en el paraíso hace falta un santo, pero para aterrizar en Caracas en plena pandemia bastaba con tener el WhatsApp de José Luis Rodríguez Zapatero. Mientras Iberia y Air Europa hacían cola en la embajada como quien espera el turno del médico de cabecera, Plus Ultra decidió que los protocolos diplomáticos eran meras sugerencias. La receta fue sencilla: un 'salto' a la embajada coordinado por el expresidente y su 'tocayo', Julio Martínez Martínez, el hombre que movía los hilos en la sombra. El calendario es una obra de arte del cinismo. El 9 de marzo de 2021, el Gobierno de Pedro Sánchez le inyecta a Plus Ultra un rescate de 53 millones de euros. Dinero público, básicamente, para que la empresa no se hundiera. Dos semanas después, a finales de marzo, la compañía ya estaba volando hacia Venezuela gracias a que la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez y el general Teixeira del INAC decidieron que Plus Ultra no necesitaba notas diplomáticas, solo 'influencia'. Mientras el Gobierno de Sánchez enviaba notas verbales el 23 de febrero rogando por la normalización de vuelos —recibiendo la callada por respuesta—, los accionistas Rodolfo Reyes y Julio Martínez Sola celebraban que todo iba 'viento en popa'. El negocio era tan fluido que incluso gestionaron la 'quinta libertad' hacia Buenos Aires, un bombazo comercial que dejó a la competencia mirando desde la pista de aterrizaje hasta noviembre. Pero el amor entre el régimen de Maduro y la trama Zapatero tenía un precio: una deuda de 258.618 dólares con el INAC. Cuando el general Teixeira empezó a apretar las tuercas, el 'tocayo' volvió a entrar en acción. El resultado fue una gestión 'exitosa', según el propio Zapatero el 31 de julio de 2021. Al final, la moraleja es clara: en el mundo de las altas esferas, la meritocracia es un mito y el verdadero combustible de los aviones son los contactos adecuados.
El juez Juan Carlos Peinado acaba de añadir un nuevo plato al menú de complicaciones del 'caso Begoña Gómez'. No es un aperitivo, sino una pieza separada por prevaricación y fraude con fondos europeos. La jugada es tan torpe que parece escrita por un guionista de serie B: la Fiscalía Europea dio el aviso el pasado 8 de junio, alertando que en Bruselas alguien no sabía sumar ni restar honestidad. El núcleo del problema es el contrato 044/20. Para que el ciudadano medio lo entienda, es como si en un concurso de cocina pidieran obligatoriamente un postre y el jurado le diera la máxima nota a quien entregó el plato vacío, asegurando que era 'minimalismo vanguardista' para que nadie más se quejara. En este caso, la UTE KPMG-INNOVA se llevó el premio gordo a pesar de que no presentaron el Libro Blanco, un requisito básico que los evaluadores decidieron 'olvidar' deliberadamente en el informe de valoración. Lo más cínico es que los borradores del informe, esos que se escriben antes de limpiar la fachada, ya admitían que faltaba el Libro Blanco. Pero, mágicamente, esa frase desapareció en la versión final para que otros licitadores no pudieran impugnar el sablazo. El hilo conductor de este despropósito tiene nombre y apellidos: Luis Prieto. El señor Prieto firmó los informes de valoración en tres procedimientos distintos, dejando una huella digital tan evidente que la UCO de la Guardia Civil no tuvo que esforzarse mucho en conectar los puntos. Ahora, la Fiscalía debe analizar la tipicidad de estos hechos, mientras el dinero público europeo sigue siendo el tablero donde algunos juegan al Monopoly con la ley.
Hay quienes gestionan la administración pública como si fuera la cuenta corriente de un primo lejano. El juez Juan Carlos Peinado ha decidido que el expediente de Begoña Gómez es ya demasiado gordo para un solo cajón y ha abierto una 'pieza separada'. ¿El motivo? Unos fondos europeos que, en lugar de fluir hacia la innovación, parecen haber bailado un vals sospechoso hacia contratos específicos a través de Red.es. La trama tiene un aroma a ingeniería financiera de manual. Según el decreto de la Fiscalía Europea del 8 de junio de 2026 y el atestado 28/2026 de la UCO, no estamos ante un simple error de dedo en un formulario. Hablamos de una 'omisión deliberada de datos'. En lenguaje de calle: alguien borró lo que molestaba para que el contrato cayera, como por arte de magia, en el regazo del mismo licitador que ya estaba bajo la lupa. Es el equivalente a maquillar la lista de la compra para que el presupuesto del hogar termine en un capricho caro mientras la nevera sigue vacía. La Fiscalía Europea, que no suele jugar a las canicas, ha sido tajante: hay indicios de criminalidad. No es una sospecha ligera, sino una posible prevaricación y un fraude a los intereses de la Unión. Mientras el ciudadano medio se pelea con la declaración de la renta, aquí se investiga si se utilizó la maquinaria pública para favorecer a dedo a ciertos beneficiarios. El juez Peinado ahora pide el informe del Ministerio Fiscal para ver si estos 'olvidos' deliberados tienen la tipicidad necesaria para acabar en una condena. Al final, el dinero de Bruselas es muy generoso, pero deja un rastro de migas que, tarde o temprano, alguien acaba siguiendo.
El PSOE, en un giro digno de serie de Netflix, parece haber recurrido a una consultora estadounidense, Guidepost, con un historial más turbio que el agua de grifo en verano. Esta empresa, experta en “investigaciones privadas” (léase, apagar fuegos con gasolina), ha trabajado con figuras latinoamericanas de dudosa reputación, incluyendo a allegados a PDVSA. ¿Su misión en España? Gestionar citas con la trama de Leire Díez, la joven que denunció acoso al fiscal Grinda. Una de esas citas, ¡ojo!, tuvo lugar en la mismísima sede del PSOE en Ferraz, con Santos Cerdán presente. Todo comenzó con una llamada desde Nueva York, cortesía de Yohir Akerman, un supuesto periodista colombiano que, resulta, es empleado de Guidepost. Akerman y su compañero, Vytenis Didziulis, viajaron a Jaén, convencieron a Miriam S.R. (la denunciante) de reabrir un caso archivado en 2017, y la llevaron a Madrid para una serie de encuentros clave. Renfe, ajena a la trama, aportó los billetes de tren que delataron la presencia de los agentes. ¿El objetivo? Desviar la atención de fiscales incómodos. Guidepost se describe como especialista en “investigaciones de alto riesgo”. Traducido: apagar incendios judiciales a clientes adinerados. Su currículum incluye operaciones en Latinoamérica, China y Rusia, con un enfoque en fraude, corrupción y, por supuesto, sanciones. En el ajo también está Juanfran Serrano, diputado del PSOE y hombre de confianza de Cerdán, quien presuntamente medió para conseguir un “enchufe” para Miriam en una empresa de la Diputación de Jaén. Una amistad de toda la vida con el presidente de la empresa, Francisco Reyes, facilitó la operación. La frase clave, según el sumario: “Juanfran ha sido obediente”. ¿Obediente a quién? Esa es la pregunta del millón. Y mientras tanto, la ciudadanía sigue pagando la cuenta.
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