Las ventajas de fabricar un coche en Marruecos con las que España no puede ni debe competir

Coches en Marruecos: el sablazo a España

economia Una ilustración conceptual y satírica que muestre una balanza industrial. En un plato, un coche moderno rodeado de símbolos de dinero y naturaleza exuberante pero costosa (estilo europeo). En el otro plato, un coche idéntico pero rodeado de monedas brillantes, cables de energía y un paisaje industrial agresivo, pesando mucho más debido a la eficiencia de costes. Fondo minimalista con el Estrecho de Gibraltar sugiriendo la cercanía.

Mientras nosotros seguimos discutiendo si el café de la máquina sube diez céntimos, al otro lado del charco han montado un tablero de Monopoly donde España no tiene turno. Mohamed VI no ha jugado a las casitas; ha lanzado un plan automovilístico con la ambición de superar el millón de unidades producidas.

De momento, han pasado el medio millón, pero el ecosistema que están cocinando asusta más que una factura de la luz en agosto. La jugada es maestra: han levantado los puertos de Nador y Tánger, auténticas autopistas logísticas que pueden mover más de un millón de coches al año.

¿El truco? Están a solo 12 kilómetros de Europa. Es como tener el almacén en el pasillo de casa pero sin pagar el IBI. Sobre este cimiento, Stellantis y Renault han plantado sus banderas, creando polos industriales que ya no quieren depender de nadie. Marruecos ya presume de fabricar sus propios motores y ha seducido a China para explotar tierras raras y levantar la primera gigafábrica de baterías de África en Kenitra, junto a otras cuatro plantas de química y metales. Pero vamos a lo que duele, a la calculadora.

Fabricar un coche allí es entre un 20% y un 25% más barato que aquí. Traducido al lenguaje de la calle: el fabricante se ahorra hasta 3.000 euros por vehículo. ¿De dónde sale la magia? De un sablazo salarial brutal. Mientras un operario en España cobra un mínimo de 1.500 euros, en Marruecos se conforman con entre 500 y 600 euros.

Si a eso le sumas una energía subvencionada que es casi regalada y una legislación medioambiental que es, básicamente, un saludo, el resultado es una ventaja competitiva que no es competencia, es una ejecución.

Crítica:

El texto original es una oda a la desregulación disfrazada de análisis competitivo. Omite deliberadamente el coste social y humano detrás de esos 500 euros de salario.

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