Cataluña ya se empobrece frente a Europa por su baja productividad

Cataluña: más volumen, pero menos bolsillo

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un mapa de Cataluña representado como un globo gigante que se infla mucho pero que está hecho de un material delgado y transparente, empezando a agrietarse. A su lado, una moneda de euro pequeña y desgastada. Estilo editorial de revista económica, colores sobrios con contrastos fuertes, fondo minimalista.

Hacerse la foto con un pastel más grande no significa que haya más tarta para todos. Así es la paradoja del «Informe Fènix». Cataluña ha crecido en volumen durante el último cuarto de siglo, sí, pero la riqueza por cabeza está estancada, como quien presume de un coche nuevo mientras la cuenta corriente agoniza.

El diagnóstico de Xavier Roig y su equipo es un jarro de agua fría: mientras la población subía un 1% anual gracias a la inmigración, el rendimiento por trabajador apenas gateaba con un 0,7%. El dato es lapidario. En el año 2000, el trabajador catalán producía un 8% menos que la media europea.

Hoy, esa brecha se ha ensanchado hasta el 13%. No es que nos falten brazos, es que estamos usando los brazos para lo equivocado. El problema no es la desindustrialización, sino que hemos canjeado la fábrica por el delivery y el hotel de tres estrellas. Es la trampa de la baja productividad: hemos llenado el mercado de empleos que, en términos reales, son un agujero contable.

Aquí llega la parte más cínica: el sistema público está subvencionando el negocio de unos pocos. Si ganas menos de 29.000 euros brutos, el Estado paga más por ti de lo que tú aportas. Es una ingeniería financiera absurda donde el contribuyente paga 6,8 euros por cada pernoctación en hoteles de costa, 9 euros por tonelada de carne en mataderos porcinos y 3,5 euros por cada pedido de comida a domicilio.

Jordi Galí, Guillem López Casasnovas y Jaume Ventura lo dejan claro: si no se deja de castigar la renta alta y se empieza a filtrar la inmigración por cualificación, el sistema que levantamos al entrar en Europa se desmoronará antes de 2050. Básicamente, estamos gestionando la economía como quien intenta llenar un cubo agujereado echando más agua, en lugar de tapar el hueco.

Crítica:

El informe es una bofetada de realidad necesaria, aunque el título original peca de tibio. Le falta profundizar en quiénes son los beneficiarios reales de esas 'subvenciones implícitas' del turismo de bajo coste.

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