Inside the mystery of the James Webb Space Telescope's little red dots — and how they might be evolving

Puntos rojos: la adolescencia de las galaxias

ciencia Una ilustración conceptual de una galaxia espiral que se transforma gradualmente de un pequeño punto rojo brillante y denso en un extremo a una galaxia majestuosa con brazos brillantes en el otro, estilo arte digital cinematográfico, fondo de espacio profundo con nebulosas púrpuras y azules, atmósfera de misterio cósmico.

El James Webb Space Telescope (JWST) es como ese primo rico que llega con el último gadget y nos recuerda que no tenemos ni idea de cómo funciona el barrio donde vivimos: el universo. Desde 2022, el telescopio ha estado detectando unos 'puntos rojos pequeños' que son el equivalente astronómico a encontrar un ticket de compra de hace 13.200 millones de años y no entender qué demonios se compró la humanidad.

Estos puntos, situados entre hace 13.2 y 12.2 mil millones de años, brillaban demasiado para ser estrellas normales, pero no emitían los rayos X típicos de un agujero negro hambriento. Era el misterio perfecto: mucha luz infrarroja y ultravioleta, pero un silencio absoluto en el espectro X, como un político prometiendo transparencia mientras esconde los fondos en una cuenta en Suiza. La ciencia se rompió la cabeza pensando si eran 'estrellas de agujero negro' o nubes de gas con un secreto oscuro.

Pero, como todo en la vida, el tiempo pone las cosas en su sitio. Pierluigi Rinaldi y su equipo han encontrado la 'prueba del delito' en la galaxia WISEA J123635.56+621424.2, apodada 'Saguaro'. Esta galaxia, vista como era hace 10.500 millones de años (un redshift de 2), tiene el aspecto de un cactus con brazos espirales y un núcleo rojo que es, básicamente, un punto rojo que ha crecido y ha madurado.

Gracias a la colaboración con el Hubble y el Chandra X-ray Observatory, han detectado que Saguaro sí emite rayos X, aunque sean débiles y estén muy escondidos. Es la pieza que faltaba en el puzzle: los puntos rojos no son especies raras, sino la adolescencia rebelde de las galaxias con agujeros negros supermasivos.

Incluso nuestra Vía Láctea pudo ser un punto rojo antes de convertirse en este vecindario tan caótico. El estudio, publicado el 29 de julio en The Astrophysical Journal, nos confirma que el universo no pierde piezas, solo las disfraza.

Crítica:

El texto original es una pieza de divulgación estándar que se queda corta al no profundizar en por qué el 'redshift' es tan determinante. Es demasiado amable con la incertidumbre científica, evitando admitir que durante años simplemente estaban adivinando.

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