'Crazy idea' succeeds: Scientists monitor space junk with radio telescopes

Telescopios espían la basura del espacio

ciencia Una ilustración conceptual y satírica que muestra la Tierra rodeada por una densa nube de chatarra metálica y satélites rotos, similar a un cinturón de escombros. Desde el suelo, un enorme plato de telescopio radio blanco apunta al cielo, emitiendo ondas visuales que rebotan en los fragmentos metálicos. Estilo artístico digital, limpio, con contrastes entre el negro del espacio y el brillo del metal oxidado.

Resulta que hemos convertido la órbita terrestre en el vertedero más caro de la historia, y ahora que el caos es insostenible, alguien ha tenido que improvisar. Mientras nosotros nos peleamos por el precio del alquiler, ahí arriba flotan restos de cohetes y satélites muertos que juegan al billar cósmico.

El problema es que los radares convencionales son como intentar leer la letra pequeña de un contrato con una lupa rota: funcionan para la órbita baja (LEO), a menos de 2.000 kilómetros, pero se quedan cortos para la órbita geoestacionaria (GEO), que está a unos mareantes 36.000 kilómetros.

Para evitar que un trozo de metal del tamaño de una lata de refresco dinamite un satélite de comunicaciones, el proyecto Long Baseline Multistatic Radar (LBMR) ha decidido hacer un 'chapuzo' maestro de alta ingeniería. Han usado el telescopio de radio de Jodrell Bank en el Reino Unido, una joya diseñada para escuchar galaxias remotas, para hacer algo mucho más mundano: rastrear chatarra.

La jugada es brillante en su sencillez: el Laboratorio Lincoln del MIT en EE. UU. lanza ondas de radio que rebotan en la basura espacial y aterrizan en el Telescopio Lovell. Simon Garrington y Marco Martorella, los cerebros detrás de esta 'idea loca' que tardó siete años en madurar, han logrado sincronizar equipos separados por un océano entero.

Básicamente, han montado un sistema de eco transatlántico financiado por la OTAN y la Agencia Espacial del Reino Unido. Ahora pueden medir la distancia y la velocidad de los escombros en tiempo real. El siguiente paso es usar varios telescopios a la vez para tener un mapa en 3D de nuestro propio desastre orbital.

Al final, hemos tenido que usar la tecnología más sofisticada del planeta para limpiar el rastro de nuestra propia negligencia.

Crítica:

El texto original es demasiado optimista con la 'idea loca' y oculta la negligencia corporativa de lanzar miles de satélites sin un plan de recogida. Falta mencionar el coste real de este despliegue de la OTAN.

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