Mislabeled saber-toothed cat fossil spent over 50 years hidden in a drawer

Tesoro en el cajón: el gato olvidado

ciencia Una imagen conceptual y cinematográfica de un cajón de museo antiguo y polvoriento abierto, donde un cráneo de felino prehistórico con colmillos cortos brilla bajo una luz cenital dramática, rodeado de etiquetas de papel amarillentas y archivos oxidados, estilo hiperrealista, profundidad de campo corta.

Imagínate que guardas la joya de la corona de tu colección en un cajón, le pones una etiqueta equivocada y te olvidas de ella durante medio siglo. Básicamente, el American Museum of Natural History de Nueva York hizo exactamente eso, pero con un cráneo de gato dientes de sable.

Durante unos 50 o 60 años, este fósil estuvo ahí, cogiendo polvo y etiquetado como 'Pseudaelurus' —que en el lenguaje de los paleontólogos es el equivalente a ponerle una etiqueta de 'Cosas Varias' a una caja de mudanza—. La suerte quiso que en 2022 Narimane Chatar, entonces estudiante de graduado, pasara por allí con su escáner superficial.

Chatar vio que el cráneo estaba completo y que la etiqueta era una tomadura de pelo. Sin embargo, como cualquier persona que intenta terminar un doctorado, no tenía tiempo ni para respirar, así que dejó que el misterio reposara hasta el verano pasado. Ya como investigadora postdoctoral en la Universidad de California, Berkeley, Chatar se puso manos a la obra.

No hizo falta excavar en el barro, sino en los archivos digitales. Comparó el modelo 3D del espécimen con otros escaneos y ¡bum!: el fósil era un Adelphailurus kansensis. Hasta ahora, este felino del tamaño de un puma, que patrullaba el oeste de Norteamérica hace cinco millones de años, solo era conocido por unos cuantos fragmentos de mandíbula y dientes.

El hallazgo, publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, es un recordatorio humillante de que a veces el mayor descubrimiento científico no requiere una expedición al Sahara, sino simplemente abrir los cajones que llevan décadas cerrados. Mientras el Smilodon presumía de colmillos de ocho pulgadas, el A.

kansensis era la versión primitiva, la que hacía que los colmillos largos fueran posibles. Un tesoro escondido que demuestra que, en los museos, lo mejor suele estar donde nadie mira.

Crítica:

La noticia es un ejercicio de humildad académica, aunque el título original es demasiado plano. Le falta profundizar en cómo es posible que un cráneo completo fuera mal etiquetado durante seis décadas sin que nadie lo notara.

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