Human brains may have got bigger for no particular reason

Cerebros grandes: ¿Genios o pura chiripa?

ciencia Una ilustración conceptual y surrealista que muestra la evolución de un cráneo humano transformándose en un globo que se infla azarosamente. El fondo es un collage de fósiles y fórmulas matemáticas flotando en un vacío grisáceo. Estilo de arte digital limpio, con un contraste entre la piedra antigua y elementos modernos abstractos, sin rostros humanos reconocibles.

Nos han vendido el cuento de que somos la cima de la creación porque somos los más listos, que nuestro cerebro creció como quien sube de nivel en un videojuego para dominar el mundo. Pero llega Katerina Harvati, de la Universidad de Tübingen, y nos pega un baño de realidad: puede que nuestro cráneo sea más grande simplemente por pura chiripa.

Harvati y Mark Hubbe, de la Universidad de Tennessee, se pusieron a analizar 87 cráneos de homínidos —desde el Homo habilis y el Homo erectus hasta los Neandertales y nosotros, los Homo sapiens—. El resultado es un golpe al ego colectivo. Durante los últimos 2 millones de años, el cerebro no creció porque la selección natural premiara la inteligencia, sino que parece que el sistema simplemente 'dejó de frenar'.

Es como si el presupuesto del cerebro hubiera estado congelado por la administración y, de repente, alguien abriera el grifo sin una razón clara. El modelo matemático descartó la idea de que ser más listo fuera la ventaja competitiva. En su lugar, los datos apuntan a una 'evolución neutral'.

Básicamente, mutaciones al azar que se fueron acumulando, como quien añade trastos a un trastero sin planear el espacio. Mientras tanto, las caras se aplanaron y las mandíbulas se encogieron, siguiendo un ritmo similar de desidia evolutiva. ¿Y la energía para alimentar semejante maquinaria? Aquí entra el truco: cocinar.

Harvati sugiere que aprender a cocinar fue el 'bono calorías' que permitió que el cerebro creciera sin que el cuerpo colapsara por el gasto energético. Como dice Gerhard Weber de la Universidad de Viena, en una sociedad primitiva donde ya había división del trabajo, ser un genio no te daba necesariamente más ventaja que saber rastrear un animal.

Al final, resulta que nuestra supuesta superioridad cognitiva podría ser el resultado de un accidente administrativo de la naturaleza.

Crítica:

El estudio es fascinante pero se apoya en una muestra ridículamente pequeña de 87 cráneos para cuestionar millones de años de dogma. Es una tesis provocadora que confunde 'ausencia de evidencia' con 'evidencia de ausencia'.

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